Con escaso clima de elecciones, este domingo se eligen senadores y diputados en una campaña poco atractiva, despolitizada, repleta de frases hechas y memes pero sin debate sobre cuestiones estructurales. Crisis y desencanto, tierra fértil para la antipolítica.

Sin clima de votación, con campañas “cortas” centradas en las redes sociales, frases rimbombantes en busca de un título en la prensa, memes, ataques al adversario como principal objetivo, ideas simples pero ingeniosas, desapego por la verdad y afición por llamar la atención de votantes más o menos desinteresados que navegan en un océano de mensajes, las elecciones de este domingo se distinguirán, muy probablemente, por la ausencia de debates sobre los temas estructurales del país y el descentramiento de la política, cuando más se la necesita para construir la Argentina pospandemias (sí, en plural). Terreno fértil para los Milei y los Espert, las viejas derechas disfrazadas con ropas nuevas, que promueven desde la aspiración a cargos públicos –en contradicción sólo aparente– distintas formas de la antipolítica, ese escenario soñado para el reverdecer de las tecnocracias al servicio de –por decirlo de un modo clásico– el gran capital.

En ese escenario poco estimulante, los frentes políticos que participan de la compulsa se contentan, al parecer, con que este domingo concurran más votantes a las urnas que los que lo hicieron el 12 de septiembre pasado, como un modo de mejorar sus chances. Tienen a favor, no es poca cosa, una mejora notable en los índices de contagio de coronavirus, pero casi las mismas condiciones socioeconómicas que alejan a las mayorías populares de la confianza en la política como herramienta transformadora de sus suertes.

El River-Boca permanente al que adhirió en cierta medida la actividad política, fogoneado al extremo por la mayor parte de los medios de comunicación y con extensión en las redes –fundamentalmente Twitter–, contribuyó a la producción de un estado de confusión, hastío y agobio en el que, a priori, todos aparecen como malos. “Los políticos son todos iguales”, sintetiza ese ánimo extendido entre quienes no adhieren, previamente, a la disputa.

El estado de esperanza en la política como instrumento transformador de la realidad de los que no tienen acceso al poder, que construyó, sobre todo, el ex presidente Néstor Kirchner al asumir en un país desbastado por más de una década de políticas neoliberales, no parece encontrar ahora un eco semejante.

Un presente angustiante y la ausencia de un horizonte posible –agravada por la segunda pandemia, la de Covid-19– constituye uno de los principales escollos para la acción de quienes ven en la actividad política la posibilidad de poner límites a la avaricia del capital, particularmente del especulativo, que apuesta a la financiarización de la economía (es decir, ganar plata sin producir).

Pronósticos apresurados

En ese limbo que disminuye y abarata a la política se producen las elecciones generales de medio término, en las que se ponen en juego cargos legislativos.

Independientemente de los cálculos sobre un escaño más o menos en tal o cual Cámara, la obtención del quórum y otras yerbas legislativas –que tienen su importancia, por cierto–, la principal oposición apuesta a obtener un triunfo para construir, en los próximos dos años, la alternativa al gobierno del Frente de Todos que conduce el presidente Alberto Fernández.

Los resultados anteriores de comicios de medio término llaman a ser cautos con las lecturas lineales en ese sentido.

Con Néstor Kirchner y el entonces gobernador Daniel Scioli como candidatos y toda la carne en el asador, el Frente para la Victoria perdió las legislativas de 2009 en la provincia de Buenos Aires frente al ignoto Francisco De Narváez, resultado que animó a los editoriales de los diarios nacionales a anunciar prontamente “el fin del kirchnerismo”.

El 54 por ciento de los votos obtenidos por Cristina Fernández dos años después, en las presidenciales de 2011 cuando se sometió al escrutinio popular para su reelección, los desanimó fieramente. Se enojaron entonces con el electorado, que interpretó la realidad de un modo diferente a sus miradas-deseos.  

A la inversa, las legislativas de 2017 le dieron un espaldarazo al presidente Mauricio Macri cuando promediaba el mandato de Cambiemos. En momentos en que parecía que la tercera experiencia neoliberal en Argentina venía para quedarse, el ex presidente de Boca Juniors se encargó de estrolar su gobierno contra el muro de la realidad a la que condujo al país.

El radical Fernando De la Rúa –presidente de la primera Alianza– sí consiguió el logro de perder las elecciones legislativas de medio término en 2001, cuyo resultado decidió negar al afirmar que él no había caído porque no había sido candidato, y desvanecer su administración –el término luce más preciso que “gobierno”– a los pocos meses.

El ahora presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, también se impuso sobre el Frente para la Victoria en las elecciones legislativas de 2013 en la provincia de Buenos Aires. Le había ganado a Cristina. Sin embargo, no pudo capitalizar ese triunfo dos años después, cuando fue Macri al que el Círculo Rojo erigió como principal candidato para terminar con la pesadilla de tres gobiernos consecutivos de origen popular y poner a atender la Casa Rosada, por fin, a uno de sus propios dueños.

Por casa cómo andamos

Santa Fe replicará este domingo –al menos así parece en la previa– el escenario de disputa entre dos fuerzas que se dibujan a nivel nacional: el gobernante Frente de Todos (FdT) vs Juntos por el Cambio (JxC). En las elecciones primarias de septiembre el Frente Amplio Progresista (FAP), coalición que anima el Partido Socialista, quedó rezagado, ocupando un lejano tercer puesto como frente más votado. Poco antes de los comicios perdió a su principal figura electoral, el ex gobernador Miguel Lifschitz, fallecido a causa del Covid-19.

La suma de las cuatro listas internas de JxC que compitieron en las Paso colocó a la alianza opositora como la más votada en la provincia, con casi el 40 por ciento de un padrón medio flaco, que reveló cierto hastío –como se dijo más arriba– acerca de “la política”.

Foto: Manuel Costa

Sin embargo, en términos individuales la fórmula más votada para el Senado fue la del FdT, que conforman Marcelo Lewandowski y María de los Ángeles Sacnun.

De ese modo, el FdT buscará retener los votos que fueron a la lista interna que encabezaron el ex ministro de Defensa Agustín Rossi y la vicegobernadora Alejandra Rodenas, y sumar sufragios “desencantados” que en las primarias no asistieron a los locales de votación. Menuda tarea.

A Carolina Losada, la primera candidata a senadora de JxC, parece bastarle con no dejar escapar las voluntades que se inclinaron por las diferentes expresiones que el macrismo santafesino ofreció en las Paso. Está acompañada por el intendente radical de Avellaneda, Dionisio Scarpín, abanderado del “todos somos Vicentin”.

Clara García, la postulante del FAP, no pareció lograr el objetivo de “saltar” la grieta e instalarse en el electorado como tercera vía. También una difícil tarea en un escenario ultrapolarizado.

Sacando cuentas

El menú de postulantes al Senado se completa con otras seis coaliciones que superaron el umbral del 1,5 por ciento de los votos válidos en las primarias

Son el Frente de Izquierda y los Trabajadores (con Irene Gamboa); Primero Santa Fe (Jorge Boasso); Unite (Betina Florito); Somos Futuro (Patricia Frausin); Podemos (Juan Domingo Argañaraz) y Soberanía Popular (Mercedes Meier).

En la categoría senadores, en diciembre próximo vencen los mandatos de Roberto Mirabella y Sacnun por el FdT, y de Alejandra Vucasovich, que completó el mandato del fallecido Carlos Reutemann en el interbloque Federal, aliado a JxC.

Según indica la Constitución acordada entre Carlos Menem y Raúl Alfonsín, el frente que gana los comicios –independientemente de la diferencia de votos– se lleva dos escaños y el segundo la tercera banca. Si se repitieran los resultados de las primarias, Santa Fe invertiría su representación actual y tendría dos senadores opositores y uno oficialista.

En esta campaña desangelada, unas de las principales críticas a Losada consistió en que no tiene domicilio en Santa Fe porque desde hace quince años reside en Tigre, provincia de Buenos Aires.

Es cierto que el electorado está más acostumbrado a que esos pases de distrito se produzcan entre Capital Federal y la provincia de Buenos Aires, cuyos límites socioculturales son más difusos que los políticos. Ha sido una lástima que las críticas a la candidata de JxC no se hayan centrado, por ejemplo, en su insistencia en barrer con derechos laborales conquistados durante años de lucha de las y los trabajadores como condición para crear empleo, mito patronal sobre el que hay profusa bibliografía y ejemplos para deconstruir.

En cuanto a la compulsa por los nueve lugares que Santa Fe renueva en la Cámara de Diputados, el resultado de las Paso indica que parte con ventaja la coalición opositora con el ex intendente de Santa Fe, Mario Barletta como cabeza de lista, seguido por Victoria Tejeda, Luciano Laspina, Germana Figueroa Casas y Gabriel Chumpitaz.

En tanto, el Frente de Todos postula al actual senador Mirabella, secundado por Magalí Mastaler, el concejal rosarino Eduardo Toniolli, Stella Maris Clerici y Diego Mansilla.

En esta elección, el FAP apuesta a renovar su presencia en la Cámara baja con una nómina que lleva como primera candidata a la ex intendenta de Rosario, Mónica Fein, acompañada por Gonzalo Saglione y Carina Gerlero.

Por otra parte, el periodista y escritor Carlos Del Frade, que en la Legislatura provincial se ha destacado por sus investigaciones sobre Vicentin, el futuro de la Hidrovía y la banda narco Los Monos, confía en llevar al Congreso a Soberanía Popular, una expresión que reúne distintos sectores de la izquierda.

Completan la oferta las listas que encabezan Carla Deiana (FIT), Luis Contigiani (Primero Santa Fe), Coty Hernández (Somos Futuro), Patricia Silva (Podemos) y Alejandra Locomotora Oliveras (Unite).

En diciembre concluirán los mandatos de tres diputados del FdT (Esteban Bogdanich, Josefina González y Patricia Mounier), cinco de JxC (Laspina, Lucila Lehmann, Albor Cantard, Gonzalo del Cerro y Gisela Scaglia), y uno del Frente Progresista (Luis Contigiani). Si, otra vez, los resultados de las Paso se mantuvieran este domingo, no modificarían sustancialmente la composición en Diputados de los representantes de Santa Fe.

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