Los resultados de las elecciones en Santa Fe permiten celebraciones varias. Un repaso por los anteriores turnos. El subibaja entre un peronismo y un FAP sin liderazgos, mientras JxC afianza su marca.

Sin llegar al fallido del presidente Alberto Fernández, que la noche de los comicios llamó a celebrar el triunfo de las elecciones que el oficialismo perdió, los frentes que compitieron en Santa Fe también mostraron alegrías que contrastan con los resultados del conteo, como es el caso del Frente Amplio Progresista que pasó del 41 por ciento de adhesiones en las legislativas nacionales de 2013 al 12 por ciento del domingo 14 de noviembre, perdiendo la Gobernación en el medio. El mejor ubicado en el escrutinio provisorio a nivel provincial para las categorías de senadores y diputados nacionales, Juntos por el Cambio, obtuvo dos puntos menos que en la votación de 2019, una fuga equivalente a casi 200 mil votos, aunque se trata de procesos electorales de diferente naturaleza. El peronismo, por su parte, hizo la mejor elección legislativa nacional de las últimas tres, aunque perdió 9 puntos en relación a las presidenciales de 2019. Como dice la canción El Témpano de Adrián Abonizio, interpretada por Juan Carlos Baglietto, en política también “se pierde pero se gana”.

La comparación de los resultados electorales desde 2013 al presente en Santa Fe revela, fundamentalmente, la volatilidad del sufragio de acuerdo a los contextos políticos. Nada nuevo, por cierto. También muestra que los núcleos duros de las fuerzas mayoritarias no siempre mantienen sus adhesiones en un nivel estable y que los comicios para cargos ejecutivos resultan –como se sabe- más atractivos que los legislativos.

El ganador de las elecciones es uno, el que más adhesiones consigue en las urnas. Sin embargo, la interpretación de los resultados en relación a lo que está en juego –la cantidad de bancas en un recinto legislativo, por ejemplo- o al inicio del camino, permite perder pero ganar. Alegrarse en la derrota, sentar las bases para construir futuro.

Los comicios del domingo 14 en Santa Fe mostraron un crecimiento de las tres fuerzas mayoritarias en las elecciones para diputados y senadores nacionales. Es lógico, sufragó un 69,5 por ciento de los más de 2,7 millones de electores en condiciones de hacerlo, contra el 65 por ciento que lo hizo en las primarias, habitualmente menos atractivas.

Además, quedaron en el camino los frentes políticos que no superaron el 1,5 por ciento del padrón en las Paso, cuyos votos se distribuyeron en otros espacios.

Marca antiK

La apuesta del diputado radical Julián Galdeano por una outsider de la política, la periodista porteña nacida en Santa Fe, Carolina Losada, para encabezar una de las cuatro listas internas de JxC le dio sus frutos. La candidata obtuvo el ese domingo 730.034 votos, equivalente al 40,3 por ciento de los válidos.

En los hechos, consiguió dos senadores de los tres en juego, cuando la renovación de los escaños en la Cámara alta nacional eran a la inversa: el Frente de Todos (FdT) dejaba dos bancas (las de Roberto Mirabella y María de los Ángeles Sacnun) y JxC una, la de Alejandra Vucasovich, que reemplazó al fallecido Carlos Reutemann. Además, JxC consiguió 59 mil votos más que en las Paso de septiembre.

Sin embargo, en la comparación con las anteriores elecciones legislativas nacionales de 2017, el macriradicalismo santafesino perdió 13 mil sufragios, atento a que en aquella ocasión obtuvo 743.139 votos con un casi desconocido Albor Cantard como cabeza de lista de diputados. Cambiemos entonces parecía encarar una marcha arrasadora hacia 2019 pero, como todos sabemos, pasaron cosas.

Por esas aparentes paradojas de las matemáticas, en 2017 –aunque consiguió más adhesiones que ahora- el porcentaje de JxC fue del 37 por ciento de los votos válidos.

En relación a 2019, cuando además de cargos legislativos se ponía en juego la Presidencia de la Nación, Juntos se hizo de 912.407 (42 por ciento), casi 200 mil más que los apoyos a Losada. Aunque, como se dijo, son elecciones de distinta naturaleza y cuya validez comparativa es menor.

Como fuera, JxC es el único frente político que en la última década exhibió un camino ascendente en el electorado santafesino en comicios nacionales, aunque en ese período no pudo hacer pie en la Gobernación provincial.

De acuerdo a los datos de la Cámara Nacional Electoral, la expresión política del neoliberalismo local en 2013 cosechó 516.444 (26 por ciento); en 2015 creció a 576.749 (27 por ciento); en 2017 dio un salto a 743.139 (37 por ciento); en las presidenciales de 2019 llegó a un techo de 912.407 (42 por ciento) y el domingo mermó a 730.034 (40 por ciento), lo que de todos modos le permitió ser la alianza más votada.

La trayectoria electoral de JxC muestra que en Santa Fe encontró un electorado fiel a la “marca”. Es decir, un voto refractario al peronismo que sufraga por perfiles tan disímiles como los de Losada y Cantard, pero que no elige –al menos hasta ahora- a uno de ellos para gobernar la provincia.

Parte de los votos que nutren su fuerza electoral son drenajes del FAP, que en los últimos 8 años mostró una caída constante en el número de adhesiones en comicios legislativos nacionales, y del peronismo en sus diferentes versiones, que de todos modos mejoró su desempeño en los dos últimos turnos.

Flaco de liderazgo

El archipiélago de sectores que conforman lo que se denomina peronismo santafesino, que desde el oscilante Carlos Reutemann –fue menemista, duhaldista, bancó al kirchnerismo y luego se peleó para acercarse a su amigo Macri- hacia acá no construyó un liderazgo indiscutido y vigoroso en términos electorales, logró sin embargo en las dos últimas elecciones mejorar su desempeño anterior.

Ese domingo, la lista encabezada por el periodista y senador provincial, Marcelo Lewandowski, para el Senado de la nación, se ubicó en el segundo lugar de las más votadas con 582.914 (32 por ciento).

Si bien “perdió”, el FdT achicó de 10 a 8 la brecha con JxC en relación a las primarias de septiembre, y mejoró en casi 80 mil votos la performance de las legislativas nacionales de 2017. En aquel momento obtuvo el 25 por ciento de los sufragios válidos, que ahora se convirtieron en 32 puntos.

“Jamás nos vamos a poner tristes porque estamos convencidos de lo que hacemos, de nuestro rumbo y de nuestro camino”, dijo Lewandowski tras el resultado electoral.

“Tengamos empatía, bajemos el tono con el odio, todos tenemos virtudes y defectos, pero nadie se puede subir a un pedestal para señalar con el dedo quiénes son mejores o peores”, dijo, para agregar que “vamos a seguir peleando por el corazón productivo que tiene que ser Santa Fe” con eje “en la producción y el empleo”.

En 2013, las anteriores elecciones de diputados nacionales, el entonces Frente para la Victoria alcanzó 430.589 votos en Santa Fe, equivalente al 22 por ciento de los que asistieron a aquella convocatoria a las urnas. Es decir, 10 puntos menos que ahora.

El mejor desempeño electoral del peronismo en elecciones nacionales de los últimos ocho años fue en 2019, cuando obtuvo 890.561 sufragios (41 por ciento) y quedó sólo a un punto de JxC, el ganador de ese turno. De todos modos, en aquellos comicios se jugaba la Presidencia de la Nación, que concita toda la atención del electorado y arrastra detrás de esa categoría a los cargos legislativos. Entre aquellas y estas elecciones el FdT perdió en Santa Fe más de 300 mil votos, en línea con su performance nacional post pandemia.

Las elecciones de medio término suelen emplearse como mensaje de la ciudadanía a sus gobernantes, tanto de apoyo como de descontento de su acción de gobierno. Su proyección lineal hacia los comicios de cargos ejecutivos de dos años después es un error, como lo demuestra la historia de los últimos años.

La pandemia dejó un tendal de derrotas de oficialismos en todo el mundo. Son los que tuvieron que lidiar con una situación excepcional e inédita. Que los electores les cobren las facturas es lógico.

En Argentina, a la de coronavirus se sumó a la pandemia de endeudamiento externo, caída de la producción y el empleo e incremento de la pobreza, y la desprotección de los sectores más vulnerables de la sociedad que sembró el macrismo.

Foto: Télam

El presidente Alberto Fernández pareció entender que en los dos años que le quedan de gobierno se juega –de acuerdo a sus resultados concretos- la continuidad del proyecto político del FdT.

En la plaza de Mayo, durante la celebración del Día de la Militancia, dijo: “Nos quedan muchas batallas por dar, como terminar con el problema de la deuda, enfrentar definitivamente a los formadores de precios para controlarlos y decirles basta, que el crecimiento que tanto añoramos llegue a cada rincón de la patria y que no se concentre en el centro del país sino que se vaya al norte y al sur”.

Añadió que “el primer objetivo es recuperar la economía, poner en marcha la industria y llenarla de trabajadores, hacer que los ingresos se distribuyan igualitariamente entre todos los argentinos. Hoy es un día oportuno para que demos inicio a esta segunda etapa de nuestro gobierno y empecemos con toda nuestra fuerza a levantar lo que haya que levantar en la Argentina”.  

Una inmensidad

Temprano en la noche del domingo, antes de que se conocieran los resultados oficiales del escrutinio provisorio, la candidata a senadora nacional del FAP, Clara García, habló ante sus seguidores con los datos de las mesas testigo que tradicionalmente procesa el Partido Socialista.

“Lo que hicimos es inmenso”, dijo la actual diputada provincial, en un festejo que contrasta con el resultado alcanzado en las urnas.

Los candidatos del FAP –que perdió a una parte del radicalismo en detrimento de JxC- recibieron 226.252 votos, el 12 por ciento del total de los válidos. Creció en relación a las primarias, como las demás fuerzas, porque había conseguido 188.054 adhesiones.

García hizo referencia a la muerte de su compañero, el ex gobernador Miguel Lifschitz, quien era el “candidato natural” al Senado de la nación por esa coalición política, y que según el Frente explica la caída electoral.

“Hoy hubo un mensaje muy claro, Santa Fe está diciendo necesitamos que los gobiernos nos impulsen, no que nos detengan. Por eso estamos convencidos que arranca una nueva etapa en la provincia de Santa Fe, que nos va a encontrar humildes pero con una escucha enorme hacia la gente y con la pasión de ser protagonistas de lo que se viene”, agregó la candidata.

Las elecciones de medio término son el punto alto del FAP en los últimos años. En las nacionales de 2017 consiguió poco más que ahora, 287.613 votos, el 14 por ciento.

Sin un candidato presidencial fuerte, en 2019 quedó atrapado en la polarización entre el peronismo y el macrismo y apenas obtuvo el 9 por ciento para sus candidatos a legisladores.

En las presidenciales de 2015 le pasó lo mismo y se quedó con 10 puntos, en una elección también repartida en dos polos.

Mientras que en los comicios legislativos nacionales de 2013, con Hermes Binner como cabeza de lista de diputados, el FAP había captado 803.485, equivalente al 41 por ciento, una cifra similar a la que en los últimos comicios se inclinó hacia Juntos por el Cambio.

Para 2023 faltan dos –eternos- años. Las elecciones entusiasman a los autores de la tercera experiencia neoliberal argentina con la posibilidad de volver al poder público, exaltación fundada en los últimos resultados electorales. Tienen a favor que Macri no está gobernando, lo cual no es poco.

El FdT tiene ese plazo para congraciarse con quienes le dieron el voto en 2019, a la espera de cambios que –pandemia mediante- no pudo llevar adelante. De los resultados de sus políticas públicas hacia las mayorías populares –que colisionan con los intereses del poder real- dependen sus resultados en las urnas, algo que nunca hay que dar por sentado 700 días antes de los comicios.

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