Yo no sé, no. Noviembre se agotaba con unas nochecitas agradables y en los bares de Lagos, Mendoza, las mesas de las veredas eran las más requeridas porque entre el aire del ventilador y el viento de afuera, uno siempre se queda con este último, me dice Pedro.

Terminaba el 63, a Pedro en la escuela no le había ido mal y entre otras cosas eso le garantizaba que a la hora de la pregunta del mozo el tendría derecho a voz: la Crush, entre tantas coquitas en la redonda bandeja que por momentos parecía tener vuelo propio, sería para él.

Mientras tanto, en la bandeja de votos de las elecciones, Illia obtenía el 25 por ciento, Aramburu el 7 y el peronismo ausente por una decisión antidemocrática. El gorrión de París remontaba vuelo, en algún lugar del pueblo charrúa se festejaba el cumple 64 del habilidoso Gabino Sosa y Menotti salía goleador con su bandeja llena de 12 goles con la casaca canaya.

Como servidos en bandeja eran los centros que en la canchita del barrio tiraba Pedrito, un súper habilidoso (medio morfón), desde la posición de 7. Lo cierto es que antes tuvieron que hablarlo. Pedro le dijo: “Mirá, Pedrito, después de pasar a dos o a tres levantás la cabeza y la tirás al medio del área que ahí siempre va a ver alguno de los nuestros”. 

Eran principios de los 70 y en la avenida Pellegrini las bandejas de todos los bares iban y venían. A nosotros se nos incorporaban otros bares, como el de Urquiza y Lagos, dónde en las bandejas, a veces en manos de alguna moza, entre cortado y cortado, entre uno de mila o de miga, teníamos nuestros sueños personales y colectivos.

El otro día, mirando una pantalla donde se leían cosas como “sube el riesgo país”, “se desploman las acciones”, todos títulos que se la servían como en bandeja al FMI y al coloniaje vernáculo, también se veía que en distintos lugares del país llenos de gente, muchas bandejas iban y venían. Pedro me pregunta: ¿De qué material estarán hechas las bandejas?, ¿de lata, de estaño, de aluminio?, ¿o quizás una mezcla de todo? Las mejores deben tener también memoria, agrega, como para ayudar a las y los mozos. Sabés una cosa, me dice, sé que muchos nos quedamos con las ganas de ver llegar la bandeja con lo que deseamos, pero estamos a tiempo, a tiempo de elegir la bandeja de unas pocas mesas o las bandejas de todos los bares de aquellos, de estos y de los que vendrán. Y de esos de los que nunca, aunque ya no estén, nunca nos fuimos. 

Y mientras miramos a Pedrito, el de los centros y que alguna vez fue mozo, haciendo mandados, Pedro me dice: “La Patria, si queremos tenerla, necesita ya algunos centros servidos cómo en bandeja”.

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