Fernanda Felice

 

Diario de una princesa revolucionaria nace de las preguntas, de las preguntas sobre mandatos que recaen sobre las niñas y los niños de todos los tiempos. La educadora Fernanda Felice las escucha, las toma y las recrea apelando a la literatura y al humor. De ese trabajo surge el libro editado por Sudestada, en el que Cenicienta se quita los tacos, el maquillaje, se despeina un poco y se acomoda para compartir secretos nunca revelados.

Primero fue el Comunicado de las Princesas, en el que se exponen las nuevas reglas que acordaron defender y que las llevó a organizarse en el Sindicato de Princesas Unidas y Organizadas (Spuyo). Este es uno de los textos publicados en Cuentos desobedientes. Cuentos para cuidar las infancias (Laborde Editor), por el que Sudestada se interesó y conoció más sobre la autora nacida en Rojas, provincia de Buenos Aires, y radicada en Rosario.

Más tarde, Felice decidió que Cenicienta cuente la historia sobre cómo surge esa proclama y el propio sindicato de Princesas. Y nada mejor que hacerlo a través de su diario. A lo largo de las páginas –por cierto relatadas de manera tan atrapante e ingeniosa que una vez que se comienzan a leer es difícil dejarlas– se van sucediendo personajes conocidos de las obras más clásicas y de recientes películas, como Bella, Aurora, Blancanieves, el Lobo Feroz, Caperucita Roja, Ariel, Mérida, Rapunzel, el Príncipe Azul y la Bruja Maléfica.

También hay cartas, noticias de periódicos y documentos que acompañan y sustentan lo que Cenicienta va develando en su diario personal. Como el Comunicado de los Príncipes, donde se presentan como el Sindicato de Príncipes Agotados (SPA) y, entre otros reclamos, piden renovar el vestuario, que se incorporen jeans, zapatillas, remeras, bermudas y ojotas. “Estamos cansados de lucir trajes tan acartonados, incómodos y anticuados. Además, solicitamos que las vestimentas sean coloridas. Basta de azul y celeste”, demandan.

Cenicienta reconoce que para emprender este camino de lucha tuvieron mucho que ver las insistentes preguntas de Mérida (personaje protagónico de la película Brave), que la ayudaron a pensar de otra manera: ¿Por qué debemos ser bellas, perfectas y delgadas? ¿Por qué tenemos que ser correctas, prolijas y sumisas? ¿Por qué los príncipes siempre deben rescatarnos?

También el hartazgo de representar siempre el mismo papel. Reclamos que, ya organizadas como sindicato de Princesas, presentaron a la famosa compañía cinematográfica Fantastic Children Word Corporation, para cambiar algunos puntos importantes del contrato que las tiene atadas a tantos preceptos. Todos los pasos dados para sostener semejantes pedidos se cuentan en el diario íntimo de Cenicienta.

Diario de una princesa revolucionaria está disponible desde diciembre en las librerías del país. Su autora, Fernanda Felice, es fonoaudióloga y docente de la Universidad Nacional de Rosario. También escribió El tiempo de ser niñas y niños. Relatos y reflexiones acerca de la comunicación, el lenguaje y el aprendizaje escolar en tiempos de infancia (Laborde Editor).

libro Felice
Diario de una princesa revolucionaria, editado por Sudestada. Foto: IG @ferfelice22

Para romper con los mandatos

Fernanda Felice celebra la posibilidad de compartir su trabajo a través de una editorial como Sudestada: “Es una gran oportunidad para mí, porque como dice el refrán Dios está en todas partes pero atiende en Buenos Aires. Y sé que a través de Sudestada se va a poder conocer mi trabajo, y a lo mejor habrá más personas que se interesen por algo de lo que escribo”.

La preocupación por las chicas y los chicos es una constante de la educadora que da clases en la universidad pública, también trabaja en su consultorio y se hace tiempo para compartir lecturas en las escuelas. Además de ser una reconocida formadora de docentes, en charlas y cursos en los que la invitan a compartir su mirada defensora de las infancias.

En charla con El Eslabón dice que cuando era chica no soñaba con ser una princesa. También que no hay que preocuparse por las niñas y los niños que sueñan con serlo. Claro que siempre y cuando esa sea una decisión propia y no responda a un mandato. El Diario de una princesa revolucionaria puede leerse como un aporte, como un acompañamiento a romper con prejuicios de todo tipo. En fin, ayudar –como dice la autora– a crecer en libertad.

—¿Por qué un Diario de Cenicienta? ¿Cómo se transforma el personaje más conocido en otro, a través de este diario?

—El género del diario íntimo me parece interesante porque tiene como un encanto particular: quien lee ese diario, aunque sea de ficción, siente que puede encontrarse con ciertos secretos o la posibilidad de develar algunos misterios. Eso me parece lindo pensando en niñas, niños y adolescentes, y en la función que el propio diario íntimo puede cumplir, donde una tiene ahí como un amigo confidente a quien le cuenta algunas cuestiones que le suceden. Pensé en Cenicienta y en todo lo que representan las princesas en toda la infancia y la adolescencia, más allá de que las niñas y los niños de estos tiempos cuestionan bastante a estos personajes y a algunos lugares o estereotipos que reproducen. Me pareció que podía ser interesante romper con esos mandatos que se imponen desde distintos lugares, y también desde las producciones vinculadas a las princesas.

—A lo largo del libro se sostiene una agenda paralela para las infancias, que se contrapone a los estereotipos y al consumo.

—Y sí, es ese tipo de producciones que se realizan vinculadas a las princesas, donde no sólo reproducen mandatos y estereotipos respecto de las cuestiones de género. Detrás también hay intereses comerciales, pensando en las niñas y en los niños como consumidores y todo lo que ellos generan: desde juegos, disfraces o juguetes. Es un poco contraponerse a eso, promover por lo menos que las niñas y los niños sean libres, su derecho a elegir a qué jugar, qué ropa vestir y qué colores usar. Y también ser personas sensibles y reflexivas, que cuestionen y no acaten todas las órdenes que se imponen en lo cotidiano y también desde estas producciones que se les ofrecen.

—Desde el inicio del Diario, las preguntas tienen una parte importante en los relatos ¿Por qué?

—Es fundamental que las infancias puedan preguntar. De alguna manera también nos interpelan a quienes somos grandes, aún cuando intentamos desandar algunos caminos que hemos aprendido y corrernos de algunos lugares que nos resultan difíciles. En la medida en que nos preguntan también nos ayudan a que podamos aprender nosotras y nosotros siendo grandes, a aportar para que este mundo sea un poco más justo y más amable para quienes están creciendo y aprendiendo; y porque además es nuestra responsabilidad.

—¿Cómo se resignifica la pregunta qué querés ser cuando seas grande, con esta propuesta?

—En realidad, sería bueno no apresurarnos con ese tipo de preguntas y permitirles a los niños y a las niñas que vivan su propia infancia. Ya tendrán tiempo después de pensar qué desean y qué quieren hacer. Y, en todo caso, si les damos libertad y si les permitimos y generamos espacios de juegos y creatividad vamos a colaborar para que el día de mañana puedan decidir qué quieren ser. También, si podemos hablar de algunas cuestiones que tienen que ver con estos mandatos, que mal nos enseñaron y bien aprendimos quienes somos grandes, podemos ayudar a que sepan que no tiene que haber condicionamientos y que pueden elegir quién quieren ser.

—¿Por qué la literatura y el humor en esta iniciativa del Diario?

—La literatura ayuda un montón. Si bien algunos temas son complejos, difíciles de abordar, aparecen muchas contradicciones que son parte de nuestra condición humana, podemos entretenernos leyendo un libro, que no es poca cosa, y también pensar. El humor ayuda a aliviar algunas situaciones que pueden volverse un poco dramáticas; colabora con la capacidad de reflexión y pensamiento. Para que las niñas y los niños comprendan algunas situaciones, no todo está dicho literalmente. También invita a hacer un trabajo cognitivo que es muy importante. Se trata de mostrar a través de la ficción lo que sucede en la realidad, y que desde el humor puedan hacer lecturas críticas de lo que sucede en la realidad.

—Cuando eras chica, ¿te gustaba ser Cenicienta?

—Miré Las Princesas porque era casi inevitable. Disney es parte de la vida de la mayoría de las personas, pero no jugaba a ser princesa, nunca me interesó demasiado. Pero también debo reconocer que siendo niña no me puse a cuestionar esos roles o lugares. Fui una nena bastante obediente, quizás por eso me desquito ahora escribiendo .

—No está nada mal jugar a ser princesas, si pensamos que el juego transforma.

—Por supuesto, y además todos los cuentos de hadas tienen un encanto que es valioso. Lo bueno es que puedan saber que ese no tiene que ser su único destino, que esa es una posibilidad. No es la única manera que existe para las niñas. Son muchas las familias que les dan libertad a sus hijas e hijos a jugar otros juegos, para hacer actividades deportivas o artísticas que tiempo atrás eran impensadas, para usar otros colores. Pero también es cierto que cuando vamos a un local de ropa todavía nos preguntan si es para nene o nena. Eso sigue estando instalado. Que las infancias sepan que si les gusta el rosa o el azul es porque lo eligen, no porque se los imponen.

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