Yo no sé no. Esa mañana de diciembre Pedro salía temprano a hacer los primeros mandados con un problema a resolver: tenía que comprar varias cosas. La madre le dijo que vaya al almacén de Zeballos y Rodríguez. Ahí estaba todo lo pedido, fundamentalmente el Flit, pero no tenía golosinas y menos chicles Bazooka. Pero la granja que estaba en la esquina de Callao sí tenía golosinas y, aparte de que le fiaba, le podía dejar debiendo algunas chirolas.

Bueno, tomó la decisión de ir por el Flit primero y volver dando vuelta a la manzana hacía Callao y Zeballos. Lo tenía que hacer rápido, no tenía mucho tiempo.

En el camino, mientras iba tanteando las chirolas para sus gastos, se acordó de la negociación que se le venía primero con el de la granja: pagaría algo de lo que debía y compraría un alfajor y un par de chicles, para ver el horóscopo. Esta última operación la haría pagando al contado.

Y también la otra que se le venía. Sus padres le dijeron: “¿Qué querés, la pelota y el pantalón con la camiseta de Central o ir con la tía Chela y la abuela unos días a Córdoba?”  Él pensaba en una contrapropuesta: la pelo y unos días de vacaciones con su abuela. Era cuestión de negociar.

Mientras tanto, ese año ‘63 desde el Japón salía Astroboy; había un gran congreso de la incipiente Juventud Peronista, y en una casa de Córdoba cayó un proyectil producto del ridículo enfrentamiento entre “Azules” (gorilas) y “Colorados” (recontragorilas) de las FF.AA.

La familia de la casa donde cayó el proyectil estaba almorzando .Y Central le ganaba a Boca 3 a 0 y a River 1 a 0, con un golazo del flaco Menoti.

Pedro se manda una “jugada”: le dice a su abuela “quiero estar con vos en las vacaciones” y, arrimándose al oído de Aitii (su abuela) le dice: “Y con la camiseta de Central”.

En el Campito que años después sería la cancha de “Cilindro”, todas las tardes había que negociar con los más grandes el uso del espacio. El terreno era grande como para dos partidos a la vez, partiéndolo en dos. Ya después de la exitosa toma del Superior de Comercio, el sector de la Juventud Peronista acuerda (un buen acuerdo) con otros sectores del Peronismo el control del colegio. Eso sí, la lucha por las banderas históricas no se negocia.

El otro día haciendo unos mandados Pedro se encuentra con un “problema” a resolver: cómo hacer que los billetes que tiene le alcancen como para la yerba, que en el chino la de un kilo está en oferta, y por otro lado que también pueda comprar la oferta de la verdulería que incluye, además de frutas, 3 paquetes de acelga.

Tendría que ingeniárselas, teniendo en cuenta que la yerba no se “negocia”. En la tele, mientras tanto, la noticia que aparece dice todo el día: “Comienzan las negociaciones con el FMI”. Y mientras miramos unas pequeñas y unos pequeños discutiendo por el uso de la vereda, pero en su momento más áspero, casi violento, se calma. Y comienzan a negociar.

Pedro me dice: “La verdad es que estamos en un momento muy difícil, y más con esa deuda con que nos empernaron. Eso sí: a grandes problemas, grandes soluciones, todavía retumban las palabras de Cristina”.

Juntándonos los sectores que siempre sufrieron con una “negociación” con el Fondo, para zapatear en todos los terrenos, la Patria y la gran Patria necesitan que el gran acuerdo empiece por abajo, para que sepan que hay cosas muy caras, como el futuro de esos pequeñes que vemos en la vereda. No se negocia.

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