En el espacio cultural de zona norte “El Bucle” se presenta la muestra “Yente”, una serie de relieves de telgopor pintados perteneciente a la última etapa de la artista argentina Eugenia Crenovich que fue pionera del arte abstracto en América Latina y el mundo.

A principios de los ’80, cuando Yente realiza sus “Niños de las computadoras” (dos obras creadas a partir de retazos de telgopor) el mundo de la informática todavía guardaba un halo de misterio. Las computadoras eran aparatos grises y toscos que se usaban solo en oficinas y la cibernética aún animaba esperanzas en un futuro utópico. Algunos relieves pintados que integran la muestra “Yente” en el espacio El bucle parecen emerger de este contexto. ”Figura en blanco” nos presenta a un ser híbrido en donde lo arquitectónico, lo mecánico y lo orgánico son una y la misma cosa. Algunas piezas, como “Composición mística”, parecen una rara mezcla de retablo medieval, robot y espacios reticulares estrictamente abstractos. En otras, como “Composición” los espacios ortogonales de colores quebrados pueden leerse como deudores tardíos de Torres García. Sin embargo la materialidad, la impronta y el acabado final de todos estos trabajos nos transporta directamente al futuro. A las propuestas estéticas de los ’90, a una generación de artistas que, recurriría a los materiales de uso cotidiano, a las baratijas de plástico y a las imágenes de la cultura popular para realizar obras que cuestionaron el arte que se había visto hasta el momento.

Yente (Eugenia Crenovich), no solo se limitó al lenguaje más legitimado de la pintura, que es por lo que se la conoce habitualmente, sino que recurrió a múltiples formatos: tapices, collages, libros de artistas, relieves. Había tomado el hábito de reciclar y de trabajar con lo que tenía más a mano en sus frecuentes viajes a Europa motivados por la promoción de la carrera de su esposo Juan del Prete. Una carrera que ella misma se animó a alentar incluso en desmedro de la suya propia. En este sentido Ivan Rosado editó en 2019 el libro “Anotaciones para una semblanza de Juan del Prete” que funciona como un testimonio de cómo este matrimonio de artista buscó la legitimidad de un campo artístico que por momentos, se les tornaba adverso.

Yente es considerada la primera pintora abstracta argentina. Sus primeros ensayos se remontan a un lejano 1937. Sin embargo, a lo largo de más de 50 años de trayectoria, su producción no figurativa se alterna por periodos figurativos. Esto provoca que, aunque siempre se encuentre informada y al tanto de las discusiones de su época, Yente nunca se pliega completamente a las corrientes del momento. En sus primeras pinturas se destacan formas biomorfas similares a las que hacía por esos años Jean Arp. En los ’40, tanto ella como su marido, entran en contacto con la vanguardia geométrica. Sin embargo sus idas y venidas entre figuración y abstracción se tornan inadmisibles para los postulados de los jóvenes concretos inmersos en un proceso de radicalización estética. Por esos años Yente es poco adepta a la planimetría y elude en cuanto puede el control riguroso de la forma recurriendo a una impronta cada vez más gestuales. Más tarde incorpora motivos del mundo precolombino en sintonía con la visión regionalista planteada por Torres García. Más tarde sus obras adquieren un carácter decididamente informalista donde la mancha toma gran protagonismo. 

Ecos de todos estos periodos pueden rastrearse aún en esta muestra organizada por El Bucle. Sus “Composiciones” recuerdan lejanamente a sus primeros cuadros constructivistas, su “Composiciones mística” a las figuras esquemáticas de los periodos figurativos, por último, su “Composición rupestre”, evocan su momento más informalista. En general todas estas obras, creadas hacia el  final de su vida, parecen una especie de síntesis lúdica. Una recapitulación en clave desenfadada de cuanto había incorporado. Sin embargo las resonancias con su propio pasado son apenas una de las facetas que presentan estos objetos. La otra faceta es, como ya se dijo, su capacidad de anticipar el futuro, un futuro cercano: los años ’90. Adelantándose así al clima de humor, materiales “innobles”  e impronta “artesanal” del arte argentino del menemismo. Una estética  promovida desde el Centro Cultural Rojas cuya influencia llega hasta el día de hoy.

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