“Empoderadas y felices dejamos el legado de que los sueños se cumplen, que nunca es tarde y que la vida vale la pena vivirla”. Esas fueron las palabras elegidas por las primeras graduadas de la extensión áulica de la Eempa N°1.312 Bandera Santafesina. Un secundario para mujeres jóvenes y adultas que comenzó a funcionar este año en la vecinal del barrio Fontanarrosa, ex Zona Cero de Rosario.

El viernes previo a la Navidad, a las siete de la tarde, en una de las manos de la calle Polledo al 3500, se desplegaba una buena cantidad de sillas, listas para recibir a las alumnas de esta Eempa que comenzó con sus clases en junio de este año. Allí estaban familiares, amigas, amigos, vecinas y vecinos del barrio. Y en primera fila las flamantes egresadas: Agostina Amenabar, Sandra Benítez, Diana Gisela Duarte, Noelia Sabrina Fernández, Erica Cecilia Florenza, Sara Ibalo, Ana Laura Ibañez. Ludmila Martínez Rapetti, Sabrina Muñoz y Estefanía Vecchio. 

“Hoy nos toca cerrar una etapa más de nuestras vidas”, comenzó diciendo una de las recientes graduadas cuando le llegó el momento de pararse frente al micrófono y tomar la palabra. Habló –siempre en forma colectiva– del logro de haber terminado 5° año y de “lo lejos que hemos llegado”. “Estamos muy orgullosas de nosotras”, dijo recorriendo con la mirada a cada una de sus compañeras. 

Otra de las estudiantes celebró el grupo, nombró a cada docente y directiva y a quienes las acompañaron en este recorrido de hacerse tiempo entre el trabajo dentro y fuera de la casa y en el aula: “Cada una de nosotras tiene una historia particular, una mochila cargada de sueños, pero hay algo que tenemos en común: la empatía. Cuando alguna lloró, la otra la abrazó; cuando alguna se rindió, la otra la aguantó; cuando alguna estaba triste, la otra la acompañó. Y de eso se trata la vida: de ponerse siempre en el lugar del otro”.

El reconocimiento al trabajo docente llegó con estas imágenes: “Profes, ustedes entendieron más de una vez el «No llegué con la tarea» o «Mañana le traigo el trabajo»”. También con el agradecimiento “por el compañerismo y el amor” en el trato diario, y por darles “alas para aspirar a más”. 

Por más derechos

La directora Verónica García celebra la experiencia. Por novedosa, por diferente y por responder a las necesidades de las mujeres. “Muchas fueron madres muy pronto, y un gran porcentaje sufre o ha sufrido violencia de género”, dice sobre las razones que les impidieron completar la escuela obligatoria en su momento.

En esas historias aparecen “maridos que no las dejan estudiar”, que quieren “que se queden en la casa a cuidar a la familia”. “Siempre se relegan así los proyectos propios”, señala la directora, en relación a las tareas de cuidado que indefectiblemente recaen en las mujeres. 

Verónica lleva 23 años en la docencia, 9 de ese tiempo como directora. “Esta experiencia es una de las más lindas, conmovedoras y motivadoras que me ha tocado”, comenta sobre su carrera. Y confía que, desde el inicio de su oficio, su corazón está con la educación de personas jóvenes y adultas.

El acto de graduación se realizó frente a la vecinal de Polledo al 3500. El barrio fue una fiesta.

Piensa que la propuesta desplegada en esta extensión áulica es un puntapié para seguir avanzando. También que el hecho de que funcione en la vecinal facilita la flexibilidad en la organización y una cercanía diferente entre estudiantes y docentes. “Muchas pudieron asistir con sus hijos más pequeños, hasta dar la teta en el aula”, reconoce la directora.

Las clases en esta extensión áulica arrancaron en junio de este año. El colectivo docente Comunidad y educación pública –integrado por educadoras de escuelas de esa zona– hizo el relevamiento, las gestiones para darle el empuje al funcionamiento y las primeras inscripciones. La convocatoria desbordó el número imaginado.  

Esa multitud de interesadas en completar la educación obligatoria fue un dato que resaltó la profesora Laura Castro –de Comunidad y educación pública– para refutar a quienes opinan que “el estudio no interesa o no importa”. Laura resaltó la solidaridad de la vecinal y de organismos del Estado que apoyan el funcionamiento de las aulas.

El marco legal del funcionamiento de esta extensión áulica de la Eempa 1.312 –de Razzori al 3500, y que comparte sede con la primaria 1226– lo da el Ministerio de Educación de Santa Fe (resolución 531), que admite la creación de espacios de aprendizaje por fuera de los establecimientos educativos formales. 

Por la pandemia y por el espacio físico disponible se habilitaron este año tres grupos de 12 alumnas cada uno. Un total de 36 mujeres cursaron así, de manera simultánea, entre el 1° y el 5° año de la secundaria. Es una experiencia novedosa para las Eempas, conocida como “multiaño” .

Otro dato relevante es el horario: las clases son de 14 a 17. Eso da tiempo a las mamás para dejar a las hijas e hijos en la escuela y organizarse en sus propias horas de cursado. 

Para el ciclo 2022, la extensión áulica tomará el ritmo de las demás Eempas. La primera parte del año será para los 2° y 3° años, y la segunda parte para los 4° y 5°. Queda definir a nivel oficial qué pasará con primero, que se cursa durante todo el año. 

Secundario completo

Faltaban pocos minutos para que comenzara el acto de colación. Las abanderadas se preparaban para aparecer en escena y las recientes egresadas esperaban impacientes que se las nombrara una a una. En ese momento la voz del verdulero del barrio, amplificada por un megáfono, se acercaba al lugar anunciando desde una vieja chata las ofertas de cebollas y papas. Alcanzó que una docente le dijera “Gracias, compañero”, con la mano en alto, para que el comerciante continuara su marcha en silencio.

Los primeros lugares estaban reservados para alumnas y docentes. El acto se organizó frente al edificio donde se ubica la vecinal de barrio Fontanarrosa, del otro lado se levanta un asentamiento de casas muy humildes. A ambos lugares los une la escuela.

La directora Verónica García junto a las abanderadas de la Eempa de barrio Fontanarrosa.

Es allí donde las oportunidades para aprender son empujadas por quienes militan a diario en los barrios y conocen más que nadie qué hace falta. 

Donde hay una necesidad, nace un derecho”, expresó la directora Verónica García –citando la frase de Evita– para hablar de la tarea cumplida en las diez nuevas egresadas del secundario, y a propósito de aquella idea. 

Entre quienes participaban de la fiesta de egresadas, resaltaba una niña que esperaba con un ramo de flores que nombren a su mamá. Otra señora que llegó con un cartel confeccionado a mano que decía: “300 km para hacer feliz a una amiga ¡¡¡Nada!!!”, dando cuenta que había viajado especialmente para celebrar ese título logrado.

En el acto se entregaron distinciones. Las del “Mejor promedio y asistencia” fue para Cecilia Florenza, a quien también sus pares eligieron como “la mejor compañera”. Las lágrimas florecieron de alegría. Los abrazos se multiplicaron. Todas fueron un poco mejores alumnas y compañeras también.

Siguieron los discursos. Entre ellos, la profesora Alejandra Bustamante habló de los aprendizajes que enriquecen el oficio y de la solidaridad indispensable para seguir adelante. 

Entre las palabras que también se escucharon –de docentes y estudiantes– sonaron con fuerza las que reivindican lo valioso de tener el “secundario completo”, no sólo por lo real del título, sino por lo simbólico. “Es el inicio de nuevos proyectos y horizontes”. La fuerza que da empoderarse y hacer valer los derechos.

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