La enorme repercusión de una denuncia de una jugadora canaya expone una problemática tan extendida como resistida por las protagonistas del cada vez más masivo fútbol femenino.

El pasado miércoles 29 de diciembre la ex jugadora de Rosario Central, Maira Sánchez, realizó un posteo en su cuenta de Instagram anunciando su salida de la institución, de “estos colores que amo desde la cuna”. En la descripción de la publicación, Sánchez explicaba los motivos: la directora técnica Roxana Vallejos la echó del plantel profesional “por haberme, supuestamente, besado dentro del club con una compañera”. La publicación fue megusteada y compartida miles de veces, destapando una serie de denuncias por parte de otras jugadoras del plantel y generando que se hable del tema no sólo en Rosario, sino también a nivel nacional, donde el fútbol femenino viene creciendo desde abajo, pero con un impulso muy fuerte: el deseo de sus protagonistas de hacer lo que les gusta libremente.

Ante la situación generada en Central, varias compañeras de Maira se animaron a contar sus propias vivencias o acompañar el reclamo, no solamente a través de las redes; las 13 jugadoras desvinculadas por el club se organizaron en conjunto y denunciaron al cuerpo técnico y la dirigencia del club ante el INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo) por discriminación y violencia laboral, tal como lo expresaron en el comunicado difundido por las protagonistas el día 29 de diciembre.

Denuncian “hechos de hostigamiento”, “maltratos, amenazas, discriminaciones de género y hacia la diversidad sexual, actos que atentaron contra la salud física y mental” y “vulneración de derechos como trabajadoras”.

“El club no anoticia de forma fehaciente a las jugadoras si las que tenían contrato todavía vigente iban a seguir entrenando, las colocaron en un lugar de espera y de pausa, donde no quedaba nada claro”, narra la abogada denunciante, Melisa García.

“Esto llevó a que las jugadoras agoten las instancias internas (como reuniones con el vicepresidente o activación del protocolo de la Secretaría de Género), y luego realicen la denuncia”.

La respuesta por parte de la institución no se hizo esperar demasiado. Institución que, cabe destacar, se autoproclama pionera en la lucha contra la discriminación sexual y la violencia. 

Al día siguiente de la publicación de la denuncia, la DT Roxana Vallejos le brindó una entrevista al diario La Capital, negando que existan motivos por fuera de lo futbolístico para las decisiones tomadas y declarando haber recibido hostigamientos y agravios por parte de jugadoras, familiares y allegados. Además, se mostró “sorprendida” ante la denuncia en el INADI.

Por su parte, desde las cuentas oficiales del club se publicó un comunicado con una postura similar a la de la entrenadora, tildando de “mentira y difamaciones” a los hechos de discriminación denunciados por las jugadoras. 

Además, ambos se muestran a disposición de los organismos legales y del INADI.

Por parte del club no se le dio mucho más tratamiento a la situación; en un contexto de mucha actividad en el mercado de pases, fin de año y también a pocos días de un aniversario de la fundación de Rosario Central, el posteo con el comunicado institucional quedó rápidamente tapado por otras publicaciones, siendo necesario scrollear bastante para llegar a él.

Teniendo en cuenta estas cuestiones coyunturales, es admirable la difusión y el involucramiento de los hinchas a través de las redes sociales, quienes en muchas oportunidades se pronuncian exigiendo la intervención de la Secretaría de Género del club.

Ante la participación de este organismo, las jugadoras incluyeron a Carla Facchiano, titular de la Secretaría, dentro de la denuncia. Dicen haber intentado comunicarse con ella en varias oportunidades y no haber recibido nunca una respuesta.

Mientras tanto, Carla, en una entrevista para Radio 10, se sumó a las declaraciones institucionales. “Todas las medidas y todas las decisiones que se tomaron de noviembre en adelante fueron solamente deportivas”, alegó Facchiano, y argumentó: “Vimos que necesitábamos un recambio, por lo que venía en el 2022”.

El pasado martes, el medio deportivo digital FutFemProf entrevistó, mediante un vivo de Instagram, a Maira y a la abogada de las 13 jugadoras denunciantes. Durante la nota, la cantante argentina y referente de las jóvenes de las nuevas generaciones, Cazzu, tomó la palabra para expresar el apoyo a Maira y sus compañeras: “No hay discusión, esto está lleno de homofobia,  homoodio, maltrato y autoritarismo de la gente que tiene que hacerse cargo del fútbol femenino. Sabemos que el femenino todavía es un lugar muy frágil. Admiro el valor que tuvieron para hablar”.

Al alcanzar medios nacionales, la noticia también se inmiscuyó en el Gabinete de Ministros. “Maira Sánchez es jugadora de fútbol en Rosario, Santa Fe. Hace unos días contó que la echaron de su club por besarse con una compañera. La escuchamos y acompañamos. Alentamos a que todos los espacios deportivos garanticen ámbitos diversos y libres de violencia de género”, expresó en su cuenta de Twitter el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad. 

Juego colectivo

Es posible observar que se trata de un conflicto que, si bien se instaló en la agenda pública hace apenas una semana, lleva gestándose entre las paredes y alambrados canallas hace ya varios meses. Así lo narraron en sus redes algunas compañeras de Maira, como es el caso de Lis Cacciola.

Siendo titular, mientras entrenábamos tuve un accidente muy duro, que (cabe destacar) fue por ejercicio mal diseñado”, contó Lis en su cuenta de Instagram. “Nunca recibí contención por parte del club ni del cuerpo técnico, no querían pagarme el tratamiento. Esto es violencia”. 

“Hoy elijo estar en un lugar donde sea libre de expresar mi postura, donde no le tenga miedo a las represalias y a las bajadas de línea, donde me sienta valorada y respetada. Donde no haya que ser tibia para pertenecer”, cerró su descargo Cacciola, explicando también los motivos de su partida.

Otra de las jugadoras que posteó sus vivencias fue Selena Chamorra, quien expresó: “Sé que mi baja en el club no fue por mi rendimiento deportivo, sino por defender mis ideales y los de mis compañeras. Mi rendimiento deportivo no lo pude tener por una lesión que no fue escuchada cuando expresé lo que sentía, sumado a enfermedades que padecí y que uno no elige. Me apena la situación actual de este Rosario Central, deseo que el día de mañana se revierta y que las pibas que lleguen puedan disfrutar del fútbol, expresarse libremente sin que exista el miedo y que no les arrebaten las oportunidades”. 

Esta situación no se trata de una denuncia aislada, sino que sienta un precedente en la construcción del fútbol femenino profesional.

“El antecedente que va a dejar es que cuando las jugadoras se unen logran objetivos sumamente importantes; de interpelar a un club, más allá de su magnitud, o a una sociedad toda”, reflexionó la abogada Melisa García, y concluyó: “Pone de manifiesto que las jugadoras ya no se están quedando en el silencio por cumplir su sueño de ser jugadoras profesionales”. 

Además, en diálogo con compañeros de La Masa, en el programa radial Poné la Pava, la periodista Bianca Ossola, quien cubre el fútbol femenino canaya desde hace tiempo, visibilizó otra arista del debate que genera esta situación: “Pone en debate y en discusión cuál es la verdadera injerencia que tienen las secretarías de Género dentro de los clubes, qué pueden hacer realmente, ya que la gran mayoría están integradas por socias, hinchas, que laburan ad honorem”. 

En el fútbol que vemos desde siempre por televisión, donde los protagonistas son exclusivamente varones, donde la institución principal, más allá del club, pareciera ser la familia tradicional heterosexual, la discriminación de género está tan arraigada que presuntamente ni siquiera hay lugar para la diversidad. Casi no se conocen varones futbolistas disidentes, las pocas historias que andan dando vueltas son anónimas, por temor al odio. 

El fútbol de las pibas viene surgiendo de a poquito, desde abajo, construyéndose a base de persistir en el deseo de muchas de vivir haciendo lo que más les gusta.

Por eso, porque viene caminando de la mano del deseo, en este fútbol no hay lugar para la discriminación, por eso el debate se hace público, se discute en el diario, en la radio, en la mesa, en el taxi. Porque viene de la mano del deseo, las pibas se mueven, reclaman, denuncian, conquistan derechos, partidos y torneos desde y por lo colectivo.

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