El aumento de la pobreza y el desempleo en América Latina afectaron mucho más a las mujeres que a los hombres. También son las más perjudicadas por la sobrecarga de cuidados no remunerados. Además, la violencia intrafamiliar se incrementó.

En el período crítico que está atravesando el mundo a causa de la pandemia de Covid -19, la situación de las mujeres en Latinoamérica sufrió un grave atraso en el aspecto económico,  laboral, de la salud, y en todos los derechos humanos. La violencia doméstica aumentó, y muchas mujeres dejaron de trabajar fuera de sus casas para encomendarse a las tareas de cuidado de sus familiares. Esta situación, sobre todo para quienes tenían trabajos informales, hizo que miles de mujeres cayeran en la pobreza. Las desigualdades de género se pusieron al rojo en todo el mundo, pero especialmente en América Latina.

Un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), organismo dependiente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) responsable de promover el desarrollo económico y social de la región, midió el impacto de la pandemia en las mujeres: “Se estima que, al cierre de 2020, alrededor de 118 millones de mujeres latinoamericanas se encontraban en situación de pobreza, 23 millones más que en 2019”. Y la pandemia continúa agravando esa situación.

“La pandemia golpeó a América Latina y el Caribe en un contexto de bajo crecimiento económico y aumento de la pobreza y las desigualdades. Se prevé que los efectos económicos y sociales de la pandemia repercutirán de forma significativa en la autonomía de las mujeres. Es preciso hacer esfuerzos para evitar que las múltiples crisis que se han desencadenado en el plano económico y social profundicen los nudos estructurales de la desigualdad de género en América Latina y el Caribe en el corto, mediano y largo plazo”, advierte la Cepal.

Los niveles de participación laboral de las mujeres en Latinoamérica bajaron drásticamente en el mismo lapso hasta el 46 por ciento, frente al 69 por ciento de la participación masculina. En este sentido, en una nota del sitio web Forbes, se destaca que la desigualdad es una de los más marcados efectos sociales de la pandemia: “Tras un año de pandemia podemos comprobar que las consecuencias para las mujeres han sido desproporcionadamente negativas“, dijo en una entrevista con la agencia  EFE reproducida por Forbes la directora regional para América Latina y el Caribe de ONU Mujeres, María-Noel Vaeza.

“La crisis provocada por la pandemia ha demostrado los grandes desafíos que tenemos como sociedades, haciendo más evidentes las desigualdades de género: las mujeres son las más afectadas por el aumento del desempleo, la pobreza y la sobrecarga de cuidados no remunerados“, sostuvo la alta funcionaria de la ONU en la revista que se encarga de hacer un listado de los más ricos del mundo.

En este marco, queda claro que es indispensable recalcar el rol de las mujeres en las tareas de cuidado, ya que históricamente estas labores les son asignadas a ellas. Durante el tiempo que llevamos en pandemia, fueron las mujeres quienes más estuvieron y siguen estando expuestas al virus, como se afirma en el sitio dedicado a género y diversidad “Y si hablamos de igualdad” .

El 80% del personal de enfermería es femenino

“En la región la mitad de los médicos y más del 80 por ciento del personal de enfermería son mujeres, el porcentaje más alto del mundo.  Esta segregación ocupacional por género no es casual, y está influida por las normas de género que hacen de la salud una profesión socialmente aceptada para las mujeres, al ser una extensión de la división de tareas en el hogar. En el contexto actual, la mayor proporción de mujeres entre el personal de blanco significa que ellas enfrentan el mayor riesgo de contagio por su continua exposición al virus”.

(Foto: Télam)

La división del trabajo puso a las mujeres en lugares de primera línea frente al virus, como es el caso de médicas, enfermeras y cuidadoras, y a otras las ha llevado a situaciones de tensión debido a los aislamientos, la escasez económica y el cuidado de los niños y adultos mayores que quedan a su cargo.

De esta manera, la pandemia puso en juego muchos de los derechos adquiridos por los movimientos feministas, ya que son las mujeres quienes deben sostener el cuidado de todo el hogar, sin remuneración alguna y dependiendo de la ayuda de los hombres que aún conservan sus trabajos.

Y en este marco, la situación de las trabajadoras informales es todavía más difícil. En América Latina y el Caribe, son el 54 por ciento las trabajadoras informales, según el sitio de ONU Mujeres, la organización de las Naciones Unidas dedicada a promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres. “Como defensora mundial de mujeres y niñas, ONU Mujeres fue establecida para acelerar el progreso que conllevará a mejorar las condiciones de vida de las mujeres y para responder a las necesidades que enfrentan en el mundo”, señala el sitio oficial de la organización.

Estos números nos alertan sobre la cantidad de vidas de mujeres que se encuentran en situación de vulnerabilidad. La brecha entre las desigualdades de género se amplía y los datos estadísticos se disparan en forma negativa cuando hablamos de mujeres.

Se suma a estas condiciones la violencia doméstica. Las situaciones de tensión y violencia intrafamiliares  también se dispararon  en los países de Latinoamérica.

“Es la pandemia en la sombra que crece en medio de la crisis de la COVID-19 y necesitamos un esfuerzo colectivo general para detenerla. Dado que los casos de COVID-19 siguen sobrecargando los servicios de salud, los servicios esenciales –como los refugios y las líneas de atención en los que se atiende a quienes padecen violencia en el hogar– han alcanzado el límite de su capacidad. Es preciso redoblar los esfuerzos para que enfrentar la violencia contra las mujeres pase a ser una prioridad en las medidas de recuperación y respuesta a la COVID-19”, se afirma en el informe del sitio ONU Mujeres titulado “La pandemia en la sombra: violencia contra las mujeres durante el confinamiento”.

Con todo en contra, las mujeres deben atravesar la pandemia de manera muy desigual con respecto a los hombres. A pesar de las medidas de cuidado que implementaron algunos gobiernos, las políticas públicas enfocadas a la mujer fueron insuficientes en la región.

El peso de la pandemia deja su carga en todas las mujeres. La desigualdad con respecto a los hombres se exhibe con más obscenidad que nunca. Se vieron afectados todos sus frentes de lucha cotidiana y las mujeres deben salir a buscar nuevas formas de trabajo para ganarse el sustento, mientras continúan con sus cuidados familiares. Un alto porcentaje de ellas cayeron en la extrema pobreza. La pandemia agravó las injusticias preexistentes. Y en cuestiones de género, todas las formas de injusticias contra la mujer se hicieron más evidentes.

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