La abogada, referente de los organismos de derechos humanos y ex funcionaria de la Agencia de Control Policial cuenta su situación tras ser allanada e investigada por el delito de asociación ilícita, abuso de poder, malversación de fondos dolosa y violación a la Ley de Inteligencia.

“Yo era un problema para la policía y querían sacarme de encima de cualquier manera. No me imaginé que el vuelto iba a venir con una causa judicial”, apunta la abogada Nadia Schujman, con contundencia, valor y seguridad. Nadia está sentada en el comedor de su casa, con un mate amargo al frente. La tarde cae lenta mientras ella habla. Al final de la entrevista, poco va a quedar del sol de martes. Con las manos va dibujando su denuncia, las aristas de lo que hizo ella y lo que hicieron los demás, las especificidades de una causa que, asegura, tiene todos los indicios para ser una operación política. “Si agarrás un manual del lawfare, se cumplen todos los requisitos”, dice. Y enumera: “Por cómo se inicia la causa y quién es el funcionario que hace la denuncia. Porque la arman militantes radicales, porque diputados radicales saben más de la causa que yo y por quiénes somos los perseguidos y quiénes están del otro lado; por cómo se ha manejado mediáticamente, por la escasez probatoria y porque a quienes intentan imputar somos quienes quisimos llevar adelante una reforma de la policía en la provincia e intentamos investigar a quienes no se habían investigado. Denunciamos acuerdos interpartidarios y es de esos sectores desde donde intentan silenciarnos y perseguirnos, para que nadie más investigue y toque determinados intereses”. 

La Nadia es el otro

Schujman tiene 45 años y desde 2003 es militante de la agrupación Hijos Rosario. Es, además, abogada querellante en los juicios de lesa humanidad que se llevaron adelante en Rosario y estuvo al frente de las condenas históricas a los genocidas de la última dictadura cívico-militar. Nadia es una referente en la lucha por los derechos humanos y en los últimos dos años ocupó un lugar molesto: el de controlar a la Policía de Santa Fe. Desde diciembre, su nombre ocupa la lista de una serie de ex funcionarias y funcionarios del Ministerio de Seguridad, nómina encabezada por el ex ministro Marcelo Saín, investigados por asociación ilícita, abuso de poder, malversación de fondos dolosa y violación a la Ley de Inteligencia. Los delitos ya se conocen pero la fiscalía todavía no explicó públicamente qué hicieron, cómo, ni cuáles son las pruebas. Cabe señalar que al cierre de esta edición se conoció la decisión del juez Jorge Patrizi de ordenar que se levante la reserva de dicha causa.

El 26 de noviembre de 2021, los fiscales Ezequiel Hernández y Mariela Jiménez encabezaron una serie de allanamientos a las sedes rosarina y santafesina del Ministerio de Seguridad provincial, en una investigación por presuntas maniobras ilegales en la recopilación de información estatal. Según explica Schujman, todo empezó a tejerse al menos en agosto del mismo año, por una denuncia de Víctor Moloeznik, vicedirector del Organismo de Investigaciones. “Él hizo una denuncia por e-mail a la fiscalía de Santa Fe, a partir de la cual arrancó esta investigación, si se le puede decir así a este mamarracho”. 

De la causa y los allanamientos se escribió todas las semanas en este semanario, especificando cada detalle de lo “obscenamente armado” que estuvo el operativo, más bien pensado para los medios que para traer algo de justicia a la provincia. Schujman explica con dos adjetivos precisos: se trata “de un chiste” y de “un mamarracho”. Desde ese 26 de noviembre al día de la fecha, la abogada sigue sin ser imputada y sin poder ver las pruebas por las cuales la imputarían. “Mientras tanto, diputados provinciales tienen mucha más información que yo. Tuitean sobre la causa, las Cámaras de empresarios sacan comunicados y todo el mundo habla sobre trascendidos. Es más, hasta el gobernador de la provincia tuvo que constituirse o pedir constituirse, porque esto todavía no está resuelto, como querellante en la causa para ver si tiene acceso a algo y deja de enterarse de cosas por trascendidos públicos en algo de la gravedad que tiene todo esto. Lograron lo que buscaban: ganar todo el mes de enero, seguir trabajando toda la feria, porque claramente no tienen construido el caso para poder imputarnos y no tienen las pruebas necesarias. Están tratando de ganar tiempo mientras siguen sembrando cizaña y tirando información no veraz en la prensa. Yo sé que estuvieron citando gente en enero, diciéndole que estaba siendo investigada, y que cuando la gente pide acceso a las carpetas le responden que la investigación está bajo reserva y no le pueden mostrar nada”, remarca la abogada.

Foto: Manuel Costa

— Lo que no se dimensiona es la gravedad institucional que tiene esto y el daño que le hacen a las personas que están tratando de imputar. Es irreparable. Yo sé que la causa se va a caer porque conozco de peleas largas y sé que el tiempo va a poner las cosas en su lugar, que yo no hice nada de lo que dicen. El tema es el mientras tanto. Yo le tuve que decir a mis hijos a fin de año que me habían abierto una causa penal y que era posible que viniera la Policía a allanar nuestra casa. Tuve que renunciar a la posibilidad del trabajo que iba a tener en Buenos Aires, porque tomé la decisión de no trabajar más en seguridad por resguardo de mis hijos. Esto trae consecuencias para un montón de gente y además para las investigaciones que nosotros llevábamos adelante. Lo que pretenden es que les abran todas las investigaciones. En la causa más mediática de la provincia ellos quieren que trasciendan los nombres de una enorme cantidad de gente que están investigando. De mí no han encontrado otra cosa que policías. Ahora, hay algunos de los policías más peligrosos de esta provincia y más delincuentes que con esta causa ya se enteraron que los estamos investigando. Tengo claro que estoy en esta causa porque la policía no iba a dejar pasar que yo no estuviera. En la extracción del teléfono de (el ex subjefe de la Policía de Santa Fe) Ariel Zancocchia hay cosas que no se ventilaron porque no hacían a la imputación de los delitos, pero que van a servir para mi defensa. Hoy lo puedo decir porque él ya está imputado: hay conversaciones del subjefe de la Policía con funcionarios del Ministerio de Seguridad relatando que yo era un problema y que a mí había que sacarme de encima de cualquier manera. No me imaginé que el vuelto iba a venir con una causa judicial.

— Dijiste que ganaron tiempo para armar la causa. También entiendo que en todo este tiempo lograron otro cometido, que es seguir instalando el nombre de “espionaje ilegal” y eso tiene una función. Ya no importa la resolución de la jueza, no importa nada, ustedes ya lo hicieron. 

— Si fuera espionaje ilegal debería ser la Justicia Federal la que investigue. Es inexplicable que lo quiera investigar la Fiscalía provincial. Yo creo que por eso pretenden imputar todos estos otros delitos, como la asociación ilícita, la malversación, el abuso de poder. Es para tratar de retener la competencia provincial. Lo que pasa es que en esta causa está abroquelado gran parte del poder de esta provincia. Hay, como Marcelo (por el ex ministro Saín) venía planteando hacía tiempo, acuerdos multipartidarios por negocios compartidos y el objetivo común es que nadie más investigue en Santa Fe y se meta con determinados factores de poder; que se vuelva al pacto de siempre, de que nadie se mete con nadie y nadie investiga a determinadas personas. Ese es el objetivo común. Después, cada uno juega su partida. Arieti, por ejemplo, quiere ser el Fiscal General de la provincia y usa esta causa extorsiva y propagandísticamente. Pullaro está lanzado a su campaña a Gobernador. Traferri quiere impunidad y quiere escarmiento para los que osaron investigarlo. Ese es parte del conglomerado que está detrás de todo esto.

¿Cómo analizas la reacción mediática y política a esta causa? ¿Y qué sensaciones te produce todo lo que está sucediendo? 

— Siento mucha indignación, pero no sorpresa. Tengo claro que estoy en esta causa porque la policía no iba a dejar pasar que yo no estuviera. Lo de los medios de comunicación no me sorprende para nada, porque es lo que les venimos viendo hacer en distintos temas hace mucho tiempo. Quienes están detrás de esto ponen mucho dinero en esos medios e incluso alguno de esos empresarios tenía miedo de ir preso, porque tenía plata en financieras que nosotros allanamos y estaba muy preocupado. Tiene que ver simplemente con eso. Además, el PRO ha sido siempre muy hábil en colocar gente en lugares estratégicos. También esto implicó, claramente, ir por el gobernador, obligarlo a negociar. Yo leo los diarios, veo las decisiones que tomó Perotti después de que sucedió todo esto, la gente que puso, la gente que sacó, la gente que no tocó. Y sé también que el ministro (de Seguridad) Jorge Lagna le ha entregado el mando de absolutamente todo a la Policía en la provincia nuevamente. Después del enorme esfuerzo que hicimos por dos años y de los costos que tuvimos, entregaron de nuevo todo. Volvimos al 2019. La Policía maneja y gestiona todo. Y algunos de los peores policías han estado detrás de todo esto y si no han llegado a lugares más altos algunos personajes que iban a hacerlo es porque nosotros dijimos quiénes eran. 

Foto: Manuel Costa

— ¿En qué consistía tu trabajo en el ministerio de Seguridad?

— Yo estaba a cargo de la Agencia de Control Policial, que es lo que antes era Asuntos Internos. Tenía un equipo de trabajo excelente del que me enorgullezco. Le pusimos mucho el cuerpo, mucho compromiso al desafío que Marcelo Saín nos planteó en un primer momento, que era el control político de la fuerza. Para eso, el lugar que yo ocupaba era fundamental porque vos no podés gobernar a la Policía si no la controlás y si no sabés quién es quién, si no tenés una carpeta de cada policía que diga quién es, qué hizo, qué puede llegar a hacer y cuáles son sus vínculos. Eso no tiene nada de ilegal. Nosotros intentamos poner de pie a la Policía con toda la normativa en contra. Por eso la ley de Control, porque todo el sistema está armado de un modo muy perverso para que esa policía esté absolutamente condicionada por sus pares. Pero pese a eso, hicimos un montón de cosas. Nosotros llevamos por un lado las investigaciones administrativas. Una de las cosas que Marcelo nos trazó con relación a eso, algo que no existía y que se hizo por primera vez en nuestra gestión, es que la investigación administrativa no puede estar atada a la causa judicial. Que podía haber una causa penal paralizada, como sucede habitualmente, y eso no implicaba que no pudiéramos avanzar administrativamente y, en su caso, exonerar a esos policías. Y lo hicimos con varios policías de San Lorenzo. Por otro lado, hay una división también que funciona de auxiliares de la Justicia para investigar a la policía en causas penales. Cuando nosotros llegamos a Asuntos Internos, los fiscales lo usaban para cualquier cosa. Las faltas que se investigaban eran boludeces al lado de lo que hace la Policía de la provincia, como dormirse en servicio, uso del celular, no usar el chaleco. No era por los homicidios, la tortura, el narcotráfico. Entonces nosotros tratamos de enfocar todo a eso. Y después hay otra división que justamente nos da facultades para investigar sin darle intervención inmediatamente a un fiscal. Muchas veces, por ejemplo, tomé la decisión de abrir una investigación patrimonial a un policía. Hay una ley provincial que da facultades para eso. La misma ley establece que tengas que investigar a toda la familia del policía. Y claro, porque obviamente a esta altura no hay ningún policía tan idiota para poner todo en nombre de él. Pero mi trabajo tenía que ver con eso en general. 

— Vos tenés una larga trayectoria en derechos humanos, ¿por qué aceptaste la oferta de ocupar este lugar? ¿Qué te pareció en su momento y qué línea trazás entre este cargo y tu historia como abogada?

— Para mí fue un enorme desafío y dudé mucho en aceptarlo. Cuando Marcelo me lo propuso yo le dije que nunca en mi vida había pensado en trabajar en el Ministerio de Seguridad. Pero en ese momento lo pensé porque era él, lo había leído, escuchado. Lo hablé con mi compañero, con mis compañeros y compañeras de Hijos. Y por un lado, bueno, estábamos contentos de que hubiera ganado por fin un gobierno peronista en la provincia. Marcelo también venía con el aval del Gobierno nacional y yo lo vi como una oportunidad histórica de hacer otra cosa con la Policía de esta provincia, la posibilidad realmente de producir un cambio. Por eso acepté el desafío. No me arrepiento de nada de lo que hice. Estoy orgullosa de todo lo que hice. Realmente estoy orgullosa, pero sí siento que fui muy ingenua, muy ingenua de pensar que podíamos cambiar cosas con una correlación de fuerzas tan desigual. Hay cosas que con el transcurso de los años se van a ver y se van a poder analizar de otra manera. Ahora tengo otras urgencias, pero así como tengo una mirada crítica de un montón de cosas, sé que hicimos mucho, que conformamos un muy buen equipo de trabajo, que permanentemente discutimos qué y cómo hacer. Yo aprendí un montón de cosas sobre cómo trabajar en seguridad. Ahora siento que entré al Ministerio siendo Heidi. Hay cosas que se pueden intuir, pero es otra cosa verlo en lo cotidiano, enterarte de cómo se mueven determinadas cosas, ver en investigaciones cómo se van tejiendo los delitos y los nombres involucrados, hasta dónde llega todo.

— ¿Te habías imaginado este nivel de persecución? ¿Te había pasado alguna vez?

— No, la verdad que no. Y frente a eso, el afecto que recibí fue muy gratificante y es lo que me sostiene. Por ahí a mis compañeros no los conocen tanto entonces como que se instala en los medios que hicieron tal o cual cosa y la gente lo cree. Pero a mí me conoce mucha gente y toda la gente que me conoce sabe que soy incapaz de cometer todos esos delitos delirantes de los que me acusan. Todo ese respaldo, todo, todo ese afecto de militantes, de familia, amigos, es muy importante. A la plaza fueron compañeros míos de la secundaria que no veía desde que habíamos terminado el colegio. Mis vecinos. Yo pensaba mucho en eso, en qué pensarían mis vecinos. Y fueron. Eso es muy lindo. Me llamó Estela (De Carlotto) y me dijo “voy a hacer lo que vos me pidas”. Esas cosas. Los compañeros y compañeras ex presos y presas que yo representé muchos años en los juicios de lesa humanidad hicieron un asado, me invitaron y me dijeron: “Vos nos bancaste y nos defendiste por 20 años, ahora nosotros te defendemos a vos”. Ahora, nunca me imaginé en esa situación, que sea a mí a la que tienen que defender. 

— El diputado Juan Cruz Cándido escribió en Twitter que vos “hacés en democracia lo mismo que hacía la dictadura” y te tildó de fascista. ¿Qué deja entrever de la consideración de cierto sector político sobre qué es la democracia y qué la dictadura? 

— Ni siquiera puedo indignarme. No puedo ni tomar en serio algo así. Sólo da cuenta del desprecio respecto de lo que fue el terrorismo de Estado por parte de Cacu Cándido y el partido al que pertenece, que sí ha seguido manteniendo prácticas que tienen que ver con la persecución política y el espionaje ilegal como todo lo que sabemos que se hizo durante el gobierno de Mauricio Macri. La verdad me resulta ridículo que Pullaro o Cándido me corran con la dictadura. 

¿Cómo estás encarando el comienzo de este año?

— Sabiendo que el objetivo de todo esto es mantenerlo en los medios lo más posible. No importa el resultado, no importa si terminamos condenados o no. El tema es instalar esto. Yo sé, porque aprendí a través de tantos años de ser querellante en los juicios de lesa humanidad, que el tiempo pone las cosas en su lugar y que esto se va a caer. Y fíjate que es todo tan alevoso, que aún los medios más encarnizados con este tema han bajado mucho la intensidad, porque no se puede sostener ni seguir insistiendo con algo de lo que nadie ve nada. Y creo también, aunque a lo mejor es ingenuo de mi parte, que las personas que han llevado esto adelante también van a tener consecuencias, va a quedar escrito qué hicieron o no. Creo que hay cosas que no son sin consecuencias. Sí me enoja mucho el silencio de mucha gente. En esta circunstancia, me parecen cómplices. Me refiero a los y las periodistas, los funcionarios judiciales, los funcionarios políticos que se hacen los boludos o se quedan callados y miran para otro lado cuando todos sabemos lo que acá está sucediendo, porque montones de personas en determinados lugares saben perfectamente lo que está pasando acá, lo que se juega y lo que hay detrás de esto, los intereses oscuros que hay detrás de esto. Entonces ese silencio no me lo banco. Que una persona por seguir ocupando un puesto, o poder escalar, o por una cuota de poder se quede callado o se haga el boludo, me resulta inaceptable. Me parece una renuncia a la dignidad y yo no me voy a olvidar de eso.

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