Palimpsesto: Un método antiguo de economía de materiales: usar una piedra suave para borrar, raspando en el pergamino, la escritura anterior e imprimir allí nuevas narraciones. Pero el texto anterior nunca desaparece del todo, se trasluce, se asoma, palpita en la superficie.

La definición es de Janna Tegeler. De pronto, me parece perfecta para escribir sobre Megáfona. O, mejor dicho, para sobrescribirla, rasgando apenas su lienzo firme.

Soy consciente de que Megáfona es una obra de teatro. Sin embargo, me atrevo a decir que el texto teatral que corporizan sus actrices es, en realidad, un enorme palimpsesto; una superficie donde lo que se trasluce es la vida pasada que respira entre las grietas del texto actual. La vida pasada -y la vida pesada- de cinco mujeres.

Megáfona se presenta como una propuesta de docuteatro: una puesta en escena creada a partir de la conjunción de las experiencias vividas por sus actrices. Las historias íntimas de Sandra Bonfanti, Carolina Condito, Eugenia Garralda Lazarte, Gianina Moisés Sosa y Tania Scaglione, en primera persona, fueron, originalmente, el material creativo desde donde empezar a narrar en escena.

Lo cierto es que el texto de esas historias personales se escribió mucho antes sobre esos cuerpos: en la infancia, en la adolescencia, en el pueblo, en las calles, en el hospital, en la cama, al calor de las luchas colectivas, en la plaza, en el boliche, en el congreso, en el cementerio. Esas marcas, esas huellas, esos tatuajes, esas primeras líneas son la escritura anterior que nunca desaparece del todo. Ahora, el relato de Megáfona se graba nuevamente sobre el mismo lienzo. Hecho de viejos retazos es, pese a todo, un texto original que jamás existió antes de esa confluencia.

Megáfona es la potencia del encuentro de cinco subjetividades que comparten un tiempo y una época. En esta oportunidad -encontrarse, sin dudas, es una oportunidad-, las articula la historia del pañuelo verde. La intensa lucha del colectivo de las mujeres por el derecho a decidir. También las articula el coraje: el valor de hacer públicas, frente a cualquier rostro, las escenas de su propia vida. O el desparpajo de volver a temblar -de pasión y de rabia- ante conocidos y desconocidos, con el ardor de las propias entrañas.

La tarea de ensamblar el palimpsesto llevó varios meses de trabajo y descubrimiento, bajo la dirección de Irupé Vitali y la asistencia de Carla Cattaneo. Se construyó con palabras y acciones a las que se acoplaron lenguajes audiovisuales (Maia Ferro), musicales (Eugenia Garralda Lazarte), textiles (Carla Cattaneo), escenográficos (Julio Gandini), coreográficos (Alejandra Valdes) y danzantes (Carolina Condito). Una suma de elementos apilables para armar y desarmar emociones en escena.

En Megáfona hay, por supuesto, un megáfono. Una serie de consignas que se gritan con fuerza. Silencios profundamente elocuentes. Besos invisibles. El beat de un corazón de fantasía. El antojo de la soledad. La vieja ciencia del amor. La sangre secándose en la vereda. Los absolutos de la maternidad. Ni más ni menos que todo lo que se asoma de aquellos viejos textos en el palimpsesto teatral.  Para volver a escribir, hay que atreverse a raspar la propia historia.

Próximas funciones de Megáfona

Viernes 18 de marzo en el Teatro de Empleados de Comercio

Sábado 19 y Sábado 26 de marzo en el Teatro del Rayo

Más info en @megafona.docuteatro y Megáfona Teatro Documental y Performático

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