El histórico Chapadmalal combina acantilados, costas rústicas, cultura surf, veraneo alta gama y turismo nac&pop, que revive en los míticos hoteles construidos en el primer gobierno justicialista.

No es cobertura de temporada de verano ni nada que se le parezca a una promoción turística. El siguiente texto viene con el interés de explorar y describir un destino con identidad costera, donde la naturaleza respira y lo virtual se muere por unos instantes. Un lugar tranquilo, de playas rústicas, de bosques frondosos. La primera luz del día alumbra desde la línea donde se juntan el cielo y el mar, y el sol se oculta en el campo. Un lugar donde está la famosa residencia presidencial veraniega y los hoteles íconos del turismo social. Un sitio que es mucho más que “las playas del sur”  o “la joya” cerca de Mar del Plata.  

Chapadmalal, o Chapa, para les amigues, tiene historias tan grandes como las olas de su mar embravecido, ideal para la práctica de surf, el deporte estrella en la zona. El viento sopla y resopla. Por mandamiento de Poseidón, la marea socava los fascinantes e imponentes acantilados. Estas elevaciones rocosas de color pardo con tradición geológica, con paredes casi verticales de cara al mar que miden de alto unos veinticinco metros promedio, distinguen a este punto geográfico de la costa atlántica argentina y convidan una panorámica que hipnotiza.  

La Unidad Turística Chapadmalal es parte del paisaje. El mega complejo hotelero inaugurado en 1947 durante el primer gobierno justicialista, conocido como “los hoteles de Perón”, es un monumento arquitectónico que se erige a orillas del océano. Una gran obra cuyo gran objetivo fue y es colocar al turismo y la posibilidad de irse de vacaciones como un derecho para las mayorías populares.

Un viaje

Lo primero que se percibe es que “la gente turista”, así en una ligera generalización, anda con ganas de salir como sea y se pueda. Deseos de moverse, de viajar, compartir y disfrutar en familia y con amigos, curtir el aire libre, desbarbijarse un rato, despejar la mente después de dos extenuados años de crisis pandémica. El 2021 fue otro año de declive o estancamiento para el salario real de las y los trabajadores, contra una inflación por encima del 50 por ciento, que se mantuvo elevada durante el arranque caluroso de 2022.  

La economía mostró una buena temporada estival, impulsada, entre otros rubros, por el repunte del turismo interno, en un contexto complejo, con alrededor del 40 por ciento de la población viviendo bajo la línea de pobreza.

Según datos publicados por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came), al cierre de la temporada de verano 2022, más de 32 millones de turistas, una “cifra récord”, viajaron por el país con una estadía promedio de casi cinco días y gastaron el doble comparado con 2021. Se trata de un 44 por ciento más de turistas que el año pasado, unos diez millones de personas, y un 2,4 por ciento más que en 2020, la temporada previa a la pandemia, de acuerdo a las estadísticas que difundió la Came. El programa Previaje, que devuelve el 50 por ciento del valor del viaje en crédito para unas próximas vacaciones, contó con la participación de cuatro millones y medio de argentinos.

Chapadmaleando

Chapadmalal se ubica a poco más de veinte kilómetros al sur de Mar del Plata, en el partido bonaerense de General Pueyrredón. El nombre Chapadmalal deriva de la lengua indígena araucana y significa “entre arroyos” o “corral pantanoso”. La estación de trenes fue construida en 1910. Donde está hoy Chapadmalal estaba la estancia con ese mismo nombre, de 24 mil hectáreas, perteneciente a la familia Martínez de Hoz, en cuyo árbol genealógico brota el criminal ministro de Economía de la última dictadura, José Alfredo.

El trazado urbano de Chapa es estirado y se distribuye en siete barrios separados uno de otro, de los cuales seis poseen sociedades vecinales de fomento, que se rigen por ordenanzas del municipio marplatense. Las actividades que más se destacan son cabalgatas, caminatas y expediciones playeras. No hay edificios. Hay casas de pobladores permanentes, para alquilar y de fin de semana. Se ven motorhomes y casas containers. La mayoría de las calles tienen empedrado.

Las familias asentadas en el lugar viven del turismo, del campo, de diferentes producciones y actividades, de la pesca, del comercio. Algunos forasteros creen que Chapa sólo es un paso obligado entre La Feliz y Miramar, la otra gran ciudad que continúa hacia el sur por ruta 11, donde van y vienen de manera asidua colectivos de media distancia que unen ambas urbes. En temporada, el tránsito fluye al punto de que se hace peligroso cruzar la ruta para ir hasta la playa.  

Chapadmalal tiene oferta gastronómica y hotelera, aunque tampoco taaanta. Tiene cocina de autor en algunos comedores y paradores top. Se fabrica cerveza artesanal. Hay algunos bares con música reggae, rock y pop. Costa Azul es un club social bien popular onda bodegón. Hay un hostel y un camping. También un residencial tipo all inclusive que cuesta unas veinticinco luquitas por día per cápita. Tiene un supermercado y varios autoservicios. Se destaca un centro comercial que se extiende en dos cuadras, a la vera de la ruta, frente a un destacamento policial, que se conoce como La Estafeta.

Chapadmalal es un punto de encuentro para los y las amantes del surf, el deporte de la tabla. Al agua con trajes de neoprene y a esperar la última ola que viene grande. Hay escuelas en la playa que enseñan la técnica para la práctica del arte de deslizarse sobre el agua. Se organizan campeonatos que reúnen surfers de diversas latitudes marítimas de la región y el mundo. También se practica kitesurf o surf con parapente.

Surf o no surf, esa es la cuestión que invadió al cronista durante su estadía. Finalmente no se le animó a la tabla de surf aunque sí a la de mariscos: una fritanga marina sabrosa pero no exenta de repercusiones intestinales. ¿Los precios? En el súper y en comida para llevar altos pero más o menos razonables. ¿Y los precios en restaurantes? Como el mar, saladito. Algunos precios en pizarra o en la carta de menús amenazaban con dejar “tiritando” a los bolsillos del veraneante, diría Donald, el de las olas y el viento, sucundum, sucundum. 

Lugareños comentan que Chapa se puso “de moda” en los últimos años. “Sí, pero para el lado más cheto. Hay mucho caretaje”, acota una mujer que vino a trabajar en temporada. Las tablas de surf son multicolores, algunas con diseños lisérgicos, también las hay monocolor. Entre los domadores de olas, al cronista le llama la atención una tabla celeste y blanca que tiene estampada la cara de Maradona.

Hay playas para todos los gustos y edades. En ninguna invaden las sombrillas. Las garitas del cole en la ruta a la salida de cada playa están pintadas, con dibujos y consignas que refieren a la cultura surf y a la protesta ciudadana contra la explotación petrolera mar adentro frente a las costas de Mar del Plata. Al lado de cada playa privada hay una bajada pública gracias a los reclamos de la comunidad chapadmalense.   

La arena política

Cuando se menciona Chapadmalal enseguida viene a la cabeza la residencia presidencial veraniega. Se trata de casas de descanso para el presidente de la Nación y sus familiares y también para el gobernador de la provincia de Buenos Aires y los suyos. Los chalets en cuestión están rodeados de verde, parque, jardines y árboles, con vista al mar, serpenteados por callecitas internas.

La residencia fue testigo de acontecimientos políticos históricos, como las reuniones de Perón con sus colaboradores y las vacaciones junto a su compañera Evita; la reclusión del ex presidente Raúl Alfonsín durante el levantamiento militar carapintada de Semana Santa; las histriónicas visitas de Menem, que se hizo construir un muelle para dedicarse la pesca; o la reunión de urgencia de gobernadores peronistas que convocó el puntano Adolfo Rodríguez Saá durante su fugaz presidencia en aquellos agitados días posteriores al estallido de diciembre de 2001, cuando al Adolfo lo dejaron solo en Chapadmalal y firmó su renuncia.

La familia Kirchner usó poco la quinta veraniega pero sí comenzó a reimpulsar el servicio en los hoteles destinados al turismo social, que después se frenó con la llegada de Mauricio Macri, quien usó la residencia presidencial para sus frecuentes retiros espirituales y le cedió parte de los hoteles a Gendarmería. La actual gestión del Frente de Todos los recuperó, hizo una importante inversión en trabajos de puesta en valor y volvió a trazar un plan de fomento al turismo nac&pop.   

Turismo social

La residencia presidencial da inicio a la colonia de vacaciones Chapadmalal, que cuenta con nueve hoteles y edificios complementarios para la administración, servicio médico, servicios generales y pabellones para el personal, ubicados al pie del mar y a pasos de las playas más visitadas. Hay cuatro hoteles en funcionamiento, que en esta temporada estuvieron colmados por visitantes de todo el país. Por 1.200 pesos al día por persona tenés pensión completa, con una estadía máxima de una semana. El Ministerio de Turismo de la Nación propone actividades socio-recreativas, turísticas, deportivas y culturales gratuitas para los huéspedes.  

En el hotel número cinco funciona el museo Eva Perón, que “invita a descubrir los inicios y la historia de Chapadmalal en general y de las unidades turísticas en particular”. Desde la Secretaría de Trabajo, el coronel Juan Domingo Perón impulsó el turismo social dentro de un paquete de reformas laborales. Cuando llegó a presidente, Perón inauguró la Unidad Turística Chapadmalal, después de la de Embalse en Córdoba y antes que la de alta montaña en el Puente del Inca en Mendoza.

Los hoteles tienen la misma arquitectura denominada “pabellonaria”, de estilo californiano muy utilizada en la época para los edificios públicos, como hospitales y escuelas. Para su construcción se utilizaron materiales nacionales e importados, como las grandes tejas rojizas resistentes a la bruma marina. Las obras de edificación de la Unidad Turística Chapadmalal se iniciaron en 1946, tras la expropiación de esos terrenos a la familia Martínez de Hoz.

“El turismo social, creación de la revolución peronista, tendrá como finalidad facilitar a la población trabajadora el acceso a los lugares de turismo, para que conozcan y se sientan dueños de la totalidad de la república”, decía Perón.

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