Carolina Carrillo

 

El Chagas es un problema presente, tanto donde hay vinchucas como donde no están. No discrimina entre las personas por su edad, trabajo, situación económica o si viven en zonas rurales o en grandes ciudades: el 4% de la población argentina tiene Chagas. Este jueves 14 de abril se conmemora el Día Mundial de la Enfermedad de Chagas.

Carolina Carrillo es investigadora del Conicet, bióloga y doctora en Ciencias Químicas (UBA), dirige un equipo de investigación y desarrollo en el Instituto Milstein, y forma parte del grupo ¿De qué hablamos cuando hablamos de Chagas?

“Cuando hablamos de Chagas parece que hablamos de aquella enfermedad vieja, que ya pasó, y en realidad estamos hablando de algo muy actual, de una problemática que es mucho más que una enfermedad, porque es una problemática socioambiental”, dice Carrillo, invitada a desandar la pregunta que denomina a su grupo de investigación.

Entre las primeras afirmaciones que comparte está la importancia de mirar al Chagas -una infección producida por el parásito llamado Trypanosoma cruzi (T.cruzi)- en toda su complejidad. “Por ejemplo, preferimos hablar de Chagas porque es una problemática que va más allá de la enfermedad: solamente el 30% de las personas que tienen el parásito en su cuerpo, que están infectadas, van a presentar signos o síntomas, van a presentar la enfermedad, y el 70% no va a tener ninguna manifestación. También porque el Chagas tiene un montón de componentes que van más allá de lo biomédico o de lo epidemiológico”.

Para mostrar la actualidad del problema, la investigadora aporta como datos que “aproximadamente el 4% de la población argentina tiene Chagas”; y que solo “el 10% de las personas que tienen Chagas saben que lo tienen”. Y solamente “el 1% accede al tratamiento, pese a que existe la ley de Chagas 26.281” que establece el derecho de las personas a recibir cuidados. La ley fue aprobada en 2007 pero aún no está reglamentada. Otro indicio más de no considerar al Chagas como una problemática del presente.

Otro de los prejuicios a superar alrededor del Chagas es su asociación inmediata y casi única al campo y a las carencias sociales. “Cuando decimos Chagas pensamos en un ámbito rural, asociado a la pobreza; pensamos en un rancho. Por supuesto que ahí hay Chagas; sin embargo -dice Carrillo-, dadas las migraciones, los cambios de las fronteras agronómicas y el desmonte, el Chagas pasó a ser una problemática no solo rural sino también urbana” y así 2 de cada 3 personas que tienen Chagas viven en ciudades.

Además -aclara la investigadora- “un rancho de adobe no es sinónimo de Chagas”. La afirmación la hace para defender lo noble que es el adobe como material de construcción, desde lo económico hasta lo termoestable que resulta. “El problema no es el material sino cómo se conservan las casas y se controlan, cuán cerca o lejos ponemos los corrales de los animales de las viviendas. Esto es importante, porque de pronto vemos que hay prácticas de controlar el Chagas derribando ranchos de adobe de más de 150 años, con todo un acervo cultural, antropológico, que responde al tipo de vida de esas sociedades. Y en su lugar han hecho casas de materiales convencionales, de ladrillo y cal en esos mismos lugares, y al poco tiempo esas casas estaban infectadas de vinchucas”, dice Carrillo invitando una vez más a pensar en el Chagas de un modo multidimensional.

Tampoco el Chagas reconoce regiones geográficas de la Argentina, otro preconcepto a superar. “Claro que hay lugares que tienen una mayor prevalencia que otros. Pero el Chagas no se transmite solo por la vinchuca. Y en aquellos lugares donde tradicionalmente había, con un buen control los casos no son altísimos. Tiene que ver con medidas sanitarias de las comunidades”, explica.

Menciona además otra vía de transmisión muy frecuente que son las personas embarazadas. “Tenemos un montón de población que se acerca a los grandes centros urbanos para tener sus hijes. Hoy la ciudad que mayor cantidad de nacimientos con Chagas tiene es Buenos Aires”, señala la especialista. Datos que también alcanzan a ciudades como Rosario.

Qué hay que saber

Cada 14 de abril se conmemora el Día Mundial de la Enfermedad de Chagas. La fecha es en homenaje al médico brasileño Carlos Chagas quien, el 14 de abril de 1909, diagnosticó el primer caso “humano” de la enfermedad que estaba investigando. Para recordar ese hecho, la Federación Internacional de Asociaciones de Personas Afectadas por la Enfermedad de Chagas (Findechagas) estableció la fecha como “un día de sensibilización sobre la problemática a nivel mundial”. En mayo de 2019 fue reconocida por la Asamblea Mundial de la Salud y en 2020 se conmemoró por primera vez.

También el país tiene su propia fecha en el último viernes de agosto: Día Nacional por una Argentina sin Chagas. La fecha fue impulsada por el Programa Nacional de Chagas en 2011 y convertida en ley nacional en 2014 (26.945), para “difundir masivamente los múltiples aspectos que atraviesan y caracterizan a la problemática”.

-Teniendo en cuenta este Día Mundial ¿Qué es lo básico que tiene que saber sobre Chagas cualquier persona?

-Que el Chagas está vigente, que no es sólo rural sino también urbano. Que el Chagas no discrimina: cualquier persona puede tenerlo, porque hay vinchucas en zonas rurales y en zonas urbanas. No reconoce nivel social ni económico. Y aunque no tengas vinchucas se puede haber heredado de la madre o la abuela, porque puede transmitirse por generaciones, de cuando vivía o no en el campo, porque también se puede haber contraído comiendo alimentos contaminados con caca de vinchucas. Que se transmite por transfusiones de sangre, pero que en nuestro país eso no pasa porque los bancos de sangre hacen controles de Chagas, pero en otros países, como por ejemplo EEUU, ese control no se hace. También hay que saber que en la Argentina todas las personas embarazadas deben ser testeadas para Chagas. Eso lo dice la ley (26.281). Y que todas las personas tienen el derecho a hacerse el test cuando tengan una sospecha o cuando lo deseen, en cualquier hospital público y, en caso de dar positivo, el Estado tiene la obligación de proveer el tratamiento. Saber que el tratamiento no siempre cura. Hay ciertas edades y estadios de la enfermedad que pueden curarse y otras que no, pero pueden tratarse, y eso permite que el estado de salud general sea superlativamente mejor. Y además hay que saber que, de ninguna manera, a una persona para ingresar a un trabajo le pueden hacer en el examen prelaboral el test para ver si tiene Chagas. Eso está prohibido. Históricamente se realizaba ese test y los empleadores no tomaban a la persona si daba Chagas positivo, y además no le avisaban por qué. Una persona con Chagas puede tener alguna dificultad para hacer algunos trabajos o ninguna.

Para saber más

El grupo ¿De qué hablamos cuando hablamos de Chagas?  cuenta con un sitio propio con más lecturas, recursos y materiales sobre Chagas. Se llama hablamosdechagas.org.ar  Entre los libros editados están El Chagas, infancias y derechos humanos que aborda la problemática de cómo niñas, niños y adolescentes tienen el derecho de ser diagnosticados y tratados, apunta Carolina Carrillo, y agrega que “hasta los 18 o 20 años tenés una altísima probabilidad de ser curado si se toma adecuadamente”.

En la página se recomiendan otros sitios y materiales para seguir indagando, aportar información confiable y clara. Entre esos recursos, el video Chagas: voces de una problemática vigente, un informe especial realizado por Magalí de Diego, una de las periodistas científicas de la Agencia CTyS (Universidad Nacional de La Matanza). “En el mismo se presentan las diversas aristas, planteadas desde diversas voces, que atraviesan a la problemática de Chagas incorporando una perspectiva multidimensional y actualizada”, valoran desde la página Hablamos de Chagas.

Entre las últimas publicaciones presentadas en el sitio, la investigadora Carrillo recomienda el documento Comunicación y Chagas, bases para un diálogo urgente, donde se aportan pautas y orientaciones para comunicar sobre Chagas, y en especial evitar reforzar creencias sesgadas.

Y, justamente, para saber más sobre Chagas, en el documento se apuntan estos datos claves:

.El parásito T. cruzi puede transmitirse: a través de la materia fecal de vinchucas (chinches que se alimentan de sangre) infectadas, la que contiene parásitos que ingresan al torrente sanguíneo al tomar contacto con mucosas o a través del rascado posterior a la picadura; durante algunos embarazos o en el momento del parto de personas gestantes infectadas. También por transfusión de sangre de personas infectadas (razón por la cual las personas con Chagas no deben donar sangre); por trasplante de algunos órganos de donantes infectados/as.

Además, puede transmitirse a través de la ingesta de bebidas o alimentos contaminados con este parásito; en laboratorios, por una incorrecta manipulación de vinchucas infectadas, cultivos del parásito o material proveniente de personas infectadas; por el uso compartido de agujas y jeringas, en caso de que alguna de las personas involucradas esté infectada con este parásito.

En cambio, no se transmite a través de la leche materna; por contacto físico (relaciones sexuales, besos, abrazos o al dar la mano) o por la saliva (al compartir mate u otros alimentos).

.El parásito T. cruzi puede afectar: el corazón, el sistema digestivo (esófago o colon), el sistema nervioso. Y a partir de la entrada del T. cruzi en el cuerpo se pueden diferenciar tres fases. La fase aguda: dura entre 15 y 60 días. Se caracteriza por la presencia de grandes cantidades de T. cruzi circulando en sangre y generalmente es asintomática. Fase crónica asintomática: deviene a continuación de la anterior. Puede durar varios años o incluso toda la vida. No se presentan síntomas y el Chagas solamente se puede detectar a través de un análisis de sangre. La mayoría de las personas infectadas (alrededor de un 70%) se encuentran en esta situación. Fase crónica sintomática: aproximadamente el 30% de las personas infectadas se encuentran en esta situación. Manifiestan algún cuadro clínico (de complejidad variable), entre veinte y treinta años después de haber contraído el parásito.

Y hay que recordar que 3 de cada 10 personas infectadas con el parásito T. cruzi desarrollarán la enfermedad de Chagas. “Está infectado/a quien tiene el parásito en su organismo, pero no necesariamente manifiesta signos o síntomas clínicos debidos a éste. Y está enfermo/a quien manifiesta alteraciones orgánicas causadas por el T. cruzi”.

También que entre un 70% y un 95% de las personas pueden curarse -siempre según el documento mencionado-  si reciben el tratamiento médico específico durante la infancia y la adolescencia, o durante los primeros meses después de adquirir el parásito. Las personas adultas con una infección crónica probablemente no se curen, pero con un tratamiento adecuado podrán minimizar los problemas que eventualmente pueda causar el parásito.

 

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