Irina Cagnin es poeta, compositora, cantante, trompetista y guitarrista. Es la voz principal de Irina y el reloj que acaba de editar su tercera producción fonográfica. El álbum dialoga con las anteriores producciones del proyecto que se asume colectivo.

Irina no recuerda haber estado lejos de la música. “Ahora que tengo 37 años me doy cuenta que es algo que siempre estuvo, no es como que me metí en la música sino que vine con la música. Mi juego favorito siempre fue hacer música”.

Irina y el reloj nació en 2013, a la vuelta de un largo viaje. “Yo tenía una banda que se llamaba Diana divaga, junto a Cintia Venier, y en 2013 hice una gira de ocho meses por Latinoamérica en la que toqué bastante junto a Julián González, con quien teníamos un dúo que se llamaba Barros del Paraná. Cuando volví, quise retomar la banda pero no pudimos en ese momento y como yo tenía muchas ganas de tocar mis canciones, y la necesidad porque había estado viviendo de tocar y todos los días tocaba en vivo, lanzo Irina y el reloj que es el proyecto de mis canciones”, define la compositora, y agrega: “Irina y el reloj de alguna manera es un proyecto que siempre está en movimiento. Es un proyecto de las canciones pero que siempre son tocadas con diferentes músiques que son amigues. Siempre tiene que ver con gente querida, con muchas personas que rodean el proyecto y tiene que ver con el amor, con vínculos de sentimientos artísticos y sentimentales”.

Florecimiento alternativo no sólo es el tercer disco de Irina y el reloj sino que es la última producción de una trilogía cuya semilla tiene varios años. “Allá por el 2015 me presenté a Espacio Santafesino para Serie Fonográfica con tres discos”. Esos discos serían Un presente de alusiones, “que iba a tener que ver con todo lo que a mí me había empezado a pasar cuando salí de Rosario y empecé a viajar y a entender la relación con el monte”; Mente Camalote, con “una estética y un concepto que tenía que ver con la ciudad, con el barrio” y Florecimiento Alternativo, que sería “un fractal infinito en donde entendía, o sea, generaba una teoría y un conocimiento de toda esa experiencia donde entendía que en el monte está implicada la ciudad y en la ciudad está implicado el monte”.

La idea estética y conceptual de Florecimiento alternativo es abordar algo más “integral, nada es tan tajante blanco/negro, sería como un ying y un yang. Se trata de ver cómo en ésta ciudad llena de cemento se está sobre la tierra y esta ciudad llena de cemento también es el monte, y cómo descubrirlo. ¿Qué va a venir, qué alternativa vamos a encontrar en medio de este caos que es hoy?”.

El disco sale en formato EP principalmente “por una cuestión presupuestaria”. “En realidad a mí me gustan los discos largos” pero el presupuesto llegó a un límite y “había cuatro canciones bien armadas dentro de un concepto. Entonces, eso es lo que trabajé con Ignacia (Etcheverry)”, señala Irina.

En Florecimiento Alternativo “prima el sonido de sintetizadores”. Irina conoció a la productora artística del disco, Ignacia, a través “del movimiento feminista” y, a través de las creaciones de colectivos de Buenos Aires y Rosario, se conectaron: “Organizamos un festival que se llamó Federale, que fue promovido por Ignacia desde Buenos Aires y al que fui a tocar junto a otras músicas. A partir de allí quedó una relación. A mí me gusta mucho su música, me gusta mucho su criterio artístico”.

La creación del EP y la posibilidad de trabajar junto a Ignacia surgió en la pandemia. “Tuvo que ver con atravesar juntas todos los avatares que iban apareciendo y las dificultades. Fue todo un trabajo a la distancia, mandándonos el material virtualmente. Fue una manera de poder salir a flote con la circunstancia que estábamos viviendo. Fue una pulsión de vida”, rememora Irina.

La autora de las canciones de Irina y el reloj no lo considera un proyecto solista. “Es un proyecto colectivo, porque es un proyecto que «es» gracias a que «somos» y la construcción artística, todo lo que nos inspira, es un reflejo de lo que estamos atravesando. La creación siempre es a través del vínculo con otres, así que para mí siempre el arte que sale es un reflejo social del momento y está buenísimo siempre plasmar producciones artísticas porque así se transmite la cultura. La cultura es eso, reflejo de lo que somos entre todes, porque nadie es ni se hizo ni piensa ni acciona sola, sino que es a través de la interacción y de la nutrición entre unes y otres”, reflexiona mientras ríe.

“Lo colectivo en mi vida es un enclave fundacional, es una forma de vivir en la que fui educada. Mi mamá, mi papá, mi abuela, mi abuelo eran militantes, militantes del cambio social, revolucionarios. Entonces, lo colectivo es un valor. A mí siempre me transmitieron que la vida es linda en colectivo y es linda pensada entre todes y para todes. Entonces siempre la idea es pensarnos en colectivo”.

A futuro, la idea de Irina es salir a tocar el disco en vivo junto a Dani Heredia en teclados, Eugenia Cadel Damianovich en bajo y Cintia Venier en batería. Juntas vienen llevando adelante “un encuentro musical que queremos que se refleje un poco en la presentación de Florecimiento alternativo y en nuevas creaciones, nuevas canciones”.

Las cuatro canciones que componen Florecimiento alternativo se pueden escuchar en las principales plataformas de streaming digital.

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