“Si tengo que darle un beso en la boca, se lo doy”, dijo Juan Grabois en referencia a Gustavo Grobocopatel. Si así suena por lo menos extraña tal confesión, ni hablar si se le suma el contexto, muy poco íntimo por cierto: la expresión de predisposición labial de Grabo para con Grobo fue expuesta ante centenares de presencias directas y virtuales y en un encuentro organizado para “intercambiar experiencias e ideas que posibiliten soluciones concretas tendientes a mejorar las condiciones de las y los trabajadores de la economía popular”.

El “rey de la soja” y el referente del Movimiento de Trabajadores Excluidos y el Frente Patria Grande fueron protagonistas de una de las charlas programadas y concretada bajo un formato más propio de coloquios empresariales que de juntadas de supuestos “planeros” y afines. Dijeron todo lo que dijeron –la charla completa se puede ver en YouTube– presentados por Juan Marcelo Conrero, ex decano de la facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba conocido por haber impulsado un acuerdo de esa casa de estudios con la multinacional Monsanto, y en un tono de informalidad y distensión que sólo se alteró sobre el final de la charla, cuando Grabois se enojó feo por una pregunta que sonó desde un auditorio menos relajado que el trío instalado en el estrado.

Es que buena parte de los asistentes a la charla fue ganada por –por lo menos– cierto asombro ante lo que se veía y escuchaba: desde el estrado onda living ornamentado con una canasta desbordante de frutas y verduras que compartieron con aires de gente bien coucheada y de pícara complicidad, Grabois y Grobocopatel discurrieron sobre tópicos como “productividad” y “felicidad” y problemáticas como la de la tenencia de la tierra y la producción de alimentos, respecto de los que discreparon un poco pero no tanto como para justificar títulos con adjetivaciones tipo “picante debate”, como el que usó La Voz, el Clarín cordobés.

De hecho, lo que enojó a Grabois fue una pregunta de un docente universitario local sobre los alcances de “la sociedad” con Grobocopatel que se exponía ante el auditorio y que fue el argumento para explicar lo del beso que podría consumarse: todo indica que Grobo ayudará a Grabo a garantizar posesión de la tierra para unos cincuenta mil campesinos dedicados a la producción de alimentos que hoy no la tienen. Y para llegar a tal fin, a Grabois no le importan mucho los medios. “Si yo me tengo que dar un beso en la boca con Grobocopatel o quien carajo sea para que 50.000 compañeros agricultores tengan la posesión perpetua de sus tierras lo voy a hacer. Y si querés llamar a eso sociedad, llámalo sociedad. Y a mí me importa un carajo los troskos, los medio troskos y los más o menos troskos, si tengo que hacer eso. Porque eso se llama defender con el cuero las convicciones”, se despachó el referente del Frente Patria Grande, tras esa primera interpelación a la que luego se sumó la de otro docente que manifestó sentir “vergüenza” ante lo que planteaban los oradores.

Grabois dio cuenta del impacto que le provocó el cuestionamiento incluso minutos después de su pico de enojo, ya sobre el final de la charla, cuando volvió a referirse a la actitud de retirarse en repudio que adoptaron ambos profesores: “En el barrio se dice que eso es de gonca”, desafió. Y no fueron pocos los que estuvieron a punto de reaccionar en términos similares desde el auditorio. “¿Este quién se cree que es? ¿Perón?”, se escuchó en un pasillo del recinto, al cabo del panel con Grabo y Grobo, que pareció de otro planeta en el marco de la jornada organizada por la Red de Intercambio Técnico con la Economía Popular (Ritep).

En el resto de las charlas, los oradores dieron cuenta de experiencias y construcciones cotidianas enfocadas mayoritariamente en la generación de trabajo y en la producción de alimentos, bienes y servicios desde y para los que menos tienen. Y lo hicieron desde prácticas cotidianas, concretas, sin histrionismos ni autopercibidos oropoles. Ni Grobocopateles.

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