El ingeniero agrónomo y ex decano de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNR, Guillermo Montero, se refirió al proyecto Nodos Agroecológicos Territoriales, que presentará este miércoles y jueves en Zavalla. Entre los objetivos está “disminuir la utilización de insumos fitosanitarios y aumentar los servicios ecosistémicos”, según resaltó. “La agroecología en los periurbanos debe ser la vidriera de otra agricultura posible para la región pampeana”, añadió.

Desde hace años el paradigma agroecológico ha ido ganando centralidad dentro de la agenda ambiental y productiva. Los efectos perniciosos del modelo de agricultura convencional sobre la biodiversidad y su impacto negativo en la salud en los pueblos rurales de la pampa húmeda, sumado a las demandas de alimentos más nutritivos y baratos, han ido posicionándola como una temática de importancia en la región. Este miércoles y jueves se llevará adelante el Encuentro: Nodos Agroecológicos Territoriales, que tendrá como sede a la Facultad de Ciencias Agrarias (UNR) en la localidad de Zavalla. Para introducirnos en este paradigma y en los posibles aportes de estas jornadas, contamos con reflexiones de Guillermo Montero, ingeniero Agrónomo, ex Decano de esa facultad y actual secretario general de la UNR, es más que una referencia en torno a los procesos de transición agroecológica en nuestra región.

¿Qué es la Agroecología? ¿Cómo surge este paradigma?

La agroecología es una concepción de cómo poder producir en los agro-ecosistemas. Cuando hablo de agro-ecosistemas estoy hablando de un ecosistema. El ecosistema agropecuario es un ecosistema productivo, que se ha instalado donde previamente había un ecosistema natural. Con el paso del tiempo se fueron mezclando las acciones culturales con los procesos naturales. La agroecología lo que hace es recordarnos a los que alteramos el ambiente, en el sentido de modificarlo para la producción agrícola o pecuaria, que estamos haciendo eso en un ecosistema. Y como en cualquier ecosistema se cumplen las reglas naturales del mismo, cuanto más disturbios generamos se producen más situaciones de inestabilidad. Cuanta menos biodiversidad tiene se acortan las cadenas tróficas y más posibilidades hay de que aparezcan fenómenos catastróficos como pueden ser las plagas. Como todo ecosistema, está inserto en los grandes biomas que integran la biosfera en el mundo y por lo tanto están sujetos a los fenómenos globales, como el cambio climático. Entonces, la concepción de la agroecología de forma integral nos hace recordar la existencia de un ecosistema que precede al sitio productivo.

Como todo ecosistema, las personas, la humanidad, nuestra cultura, está adentro del mismo. No está afuera. No hay ecosistemas naturales que no incluyan a las personas y sus comunidades, no es que el hombre mira desde afuera a los ecosistemas. Eso incluye a las relaciones sociales, económicas, políticas que se establecen en esos mismos territorios. Por tanto, naturalmente la agroecología también integra a los territorios, a su gente, a la historia de cómo se producía en esos ambientes. Se establece una interrelación transdisciplinaria, pluridisciplinaria que tiene que ver con el sistema productivo en cuestión. Yo creo que la agroecología es la forma más lógica de producir. En nuestra facultad no existía una materia específica que se llame agroecología ¿Sabes por qué? Porque entendíamos que la mirada que propone la agroecología es trasversal a toda la agronomía, y por supuesto a la producción pecuaria. Todas las cátedras y todas las disciplinas deberían tener la mirada de la producción sustentable, que es la producción agroecológica. Nosotros queremos –que es lo que se intenta hacer desde el gobierno nacional con la creación de la Subsecretaría de Agroecología– pensar en una agricultura en transición. La transición es un camino que nos lleva a un tipo de producción que es fundamentalmente agroecológica, que depende menos de los insumos externos y está más centrada en el conocimiento del propio sistema productivo.

Una vez, hace un tiempo, estaba en la Facultad de Derecho por invitación de unos compañeros y conocí a Pedro Peretti, estábamos compartiendo una actividad. Fui a exponer sobre agroecología, sobre el trabajo que veníamos realizando desde la Facultad de Ciencias Agrarias, acerca de cómo diseñar el agro-ecosistema para que sea sustentable, para que perdure en el tiempo, para que las generaciones futuras puedan seguir produciendo en esos ambientes. Y entonces Pedro comentó sobre su libro La chacra mixta y otras yerbas en el que habla de la chacra de sus abuelos. Primero me emocionó, ya que él es un hombre de Máximo Paz y mis abuelos vivían muy cerquita de ahí, en San Nicolás, donde también tenían una chacra. Mis abuelos producían vino cuando existía el Vino de la Costa y aún había vides en San Nicolás. En esa época, a principios de siglo, ellos vinieron de Italia y se instalaron allí. Tenían producción hortícola en un pequeño espacio de tierra, tenían muy poca tierra y la trabajan para que la familia pueda vivir. Era un emprendimiento familiar. Entonces, recuerdo que Pedro contaba sobre esa chacra, que fue en la que se crió, y rememoré las anécdotas de la chacra en la que mi mamá se crió, lo que ellos habían vivido, cómo producían lo que consumían, cómo lo que les sobraba a unos se lo vendían o lo canjeaban con otros. El que producía pavos, no hacía gallinas ya que no se pueden hacer juntas por las enfermedades. Entonces uno tenía pavos y se los trocaba al otro por gallinas. Había toda una economía que funcionaba a la par de esa dinámica y eso hacía que la gente viva en el campo, hay sentido de pertenencia y arraigo. Cuando hablo del arraigo lo contrapongo a lo que pasa hoy, donde el campo se transformó en un sistema de producción industrial que no genera apego en la gente. Un sistema que requiere mucha menos mano de obra para desarrollar el trabajo.

¿Y esto que me contás lo ves vinculado a la agroecología? ¿Ves que en la agroecología hay alguna posibilidad de empalmar y recuperar esa experiencia histórica ligada a la chacra mixta?

La agroecología necesariamente lleva al arraigo y a que la gente vuelva a estar en el campo. Por eso es que la agroecología tiene que ir acompañada de medidas para que el campo no sea el mismo de la década del 40’, en el que estaban mis abuelitos, sino que tiene que ser el campo del siglo XXI. Por ejemplo, la información tendría que llegar al medio del campo por medio de los satélites. Si ponemos satélites en el cielo lo hacemos para que las personas se puedan comunicar, no para que las empresas nos vendan las pólizas de seguros con la información que sacan de los satélites, por ejemplo. Entonces, esto tiene que ir con el acompañamiento del Estado, con una verdadera política de transformación productiva pampeana. Porque nosotros sabemos que la agroecología periurbana es mucho más que generar alimentos saludables en el borde de la ciudad donde vive la gente. Eso claro, es maravilloso, poder tener huertas y producir alimentos, poder juntar a las generaciones para que el abuelo esté con el nieto carpiendo la tierra y sembrando una parcela que le facilita la comuna o el municipio. Todo eso es extraordinario. Que los pibes en vez de andar en la calle tengan un lugar donde puedan producir algo y venderlo en una feria comunitaria o en una feria municipal o estatal para con ello tener algún recurso. Eso se hizo muchos años en nuestra región y se hizo muy bien. Lo que nos faltó es tratar de pensar a la agroecología en una clave extensiva, para que las aplicaciones de los criterios de la agroecología amplíen su horizonte más allá del periurbano y que se animen a transformar toda la matriz productiva pampeana. El periurbano como tal, puede ser un ámbito para mostrarle a la sociedad, que con criterios agroecológicos se puede producir en forma sustentable y rentable en toda esta región. La agroecología en los periurbanos debe ser la vidriera de otra agricultura posible para el litoral pampeano. Porque, al fin y al cabo, la chacra mixta de ayer puede ser lo mismo que pensar una chacra agroecológica hoy. Era la chacra de nuestros abuelos, la chacra donde muchos nos criamos. Esa puede ser una mirada de porqué cuando se instaló esta agricultura industrial extractivistas las cosas fueron cambiando.

¿Cómo ves este proyecto de Nodos Agroecológicos que se anuncia los próximos días? ¿Cuáles son los aportes de la experiencia en Ciencias Agrarias?

Cuando empezamos la gestión en la Facultad de Ciencias Agrarias era bastante difícil instalar este concepto en forma más amplia. Pero durante nuestro último periodo de gobierno logramos constituir un área que pueda desarrollar un proyecto agroecológico a nivel extensivo, ya que la intensiva –más vinculada a las huertas– estaba muy desarrollada en nuestra región. Para pensar esto destinamos un área de 10 hectáreas de nuestro campo experimental y hubo bastantes tensiones hasta lograr su aprobación. A este proyecto lo bautizamos Sistema Integrado de Producciones Agroecológicas (SIPA), el cual fue aprobado por el Consejo Directivo de nuestra Facultad el 24 de mayo de 2017. El fundamento era que esta área se constituya como una fuente de respuestas a las problemáticas ambientales ocasionadas por el crecimiento de la actividad agropecuaria convencional. Un sitio donde se podía investigar, donde podían interactuar los estudiantes con los proyectos de las distintas cátedras y entre todos juntos ir produciendo conocimiento e información para poder aportar a la sociedad. Lo que queríamos era que sea de una extensión considerable, para que se puedan mostrar en otra escala estas prácticas sustentables. El proyecto se propuso avanzar en estos planteos de conversión agroecológica en torno a dos criterios: que sea gradual en el tiempo y en el espacio. En el tiempo, porque no es inmediata la reconversión, no es tan fácil dejar de usar insumos y estabilizar el sistema en clave agroecológica en muy poco tiempo. A veces esto se torna complicado, porque ya están instaladas algunas malezas que son difíciles de eliminar, o porque las condiciones del suelo no son óptimas después de los deterioros que se produjeron luego de un largo tiempo de agricultura convencional. Hay que darle tiempo a esa reconversión. Y hay que acompañarla además. En ese acompañamiento uno lo que va haciendo es producir la estabilización del sistema, al mismo tiempo que puede seguir produciendo en el campo. Hay ciertas experiencias que pueden fracasar de entrada, porque queremos ser fundamentalistas y luego tenemos enormes problemas. Eso genera que los productores digan “¿Ven que esto no funciona? Yo voy a seguir como antes, pongo todos los productos, tiro insecticida por las dudas, pongo herbicida no vaya a ser que venga una maleza”, cuando ya sabemos que esas son todas prácticas inadecuadas.

A su vez, decimos que tiene que ser progresivo en el espacio, ya que estos lotes requieren más atención. De a poco, uno en la extensión que tiene va destinando algunos lotes a la producción agroecológica. Y además de destinar algunos lotes se puede ir comparando, lo que pasa en un lote y en el otro. Esto me va convenciendo como productor, porque voy viendo cómo se va mejorando la composición del suelo, voy viendo que mantengo niveles de productividad aceptable o igual en los lotes reconvertidos y entonces se va avanzando en el tiempo. Por eso hablamos de una reconversión hacia la agroecología, en una transición, donde hay que graduar los cambios en el tiempo y en el espacio ¿Qué queremos lograr con esto? Queremos lograr una progresiva disminución de los insumos fitosanitarios, usar menos productos para el control de plagas, a la vez que impulsamos la incorporación de los manejos integrales potenciadores de todos los servicios ecosistémicos, que son inherentes al agroecosistemas. Por lo tanto, en vez de poner un insecticida lo que voy a hacer es propiciar las condiciones para que en los bordes del sitio productivo estén las plantas que atraen y mantienen a los enemigos naturales de las plagas. A partir de allí, lo más probables es que disminuya la frecuencia de aplicación de insecticidas o que no sea necesaria, dado que tengo todas las condiciones para que se maximice el control natural de las mismas. Ese, por ejemplo, es uno de los proyectos en el cual incorporamos al lote corredores biológicos en los bordes. Estos bordes tienen que tener las especies vegetales seleccionadas, que produzcan una floración extendida en el tiempo y que tengan el néctar en el “envase adecuado” para los parasitoides. En estos bordes o corredores también se presentan refugios para especies predadoras y se mantienen presas alternativas para que se alimenten, de manera que cuando se dispare la población de la plaga, tanto los parasitoides como los predadores rápidamente puedan colonizar los lotes de cultivo adyacentes. 

Por otro lado, para no sacar tanto espacio de tierra con el borde desde el alambrado hacia el lote de cultivo, entramos en contacto con la Asociación Civil Caminos Sustentables, de Santa Fe”, con la cual firmamos un convenio desde la UNR. Ellos vienen trabajando una idea de cómo hacer los caminos rurales más sustentables, simplemente removiendo menos la cinta por donde pasa el camino y considerando al camino rural de alambrado a alambrado. Eso incluye las dos banquinas y las dos cunetas, las cuales tienen que quedar con vegetación para que no se generen cárcavas ni erosión cuando se desplaza el agua después de la lluvia. Justamente esta vegetación que hay que dejar encaja perfecto con el trabajo que hacemos desde el Sipa con respecto a los bordes desde el alambrado hacia adentro del lote. Perfectamente podríamos dejar dos metros de un lado y dos metros del otro, así de esa manera el borde le tomaría menos espacio al campo de cultivo y también ayudaría a que el camino rural sea más sustentable. Fíjate cómo se empiezan a entrelazar las disciplinas. Este trabajo lo empezaron a realizar un grupo de ingenieros civiles, que se dieron cuenta que removiendo la cinta transitable sólo iban hundiendo el camino y uno ve cómo el campo queda metro y medio más arriba. Si seguimos así, dentro de 20 o 30 años los caminos se van a transformar en canales, como en Venecia, vamos a tener que ir al campo en canoa. 

Como ves, las experiencias que he mencionado van en la misma dirección del actual proyecto: disminuir la utilización de insumos fitosanitarios y aumentar los servicios ecosistémicos; la eliminación gradual de todos los insumos externos para depender cada vez menos de los mismos. El modelo productivo actual de agricultura convencional depende totalmente del insumo externo. Si no usás una alta carga de herbicidas, insecticidas y fertilizantes parece que no podés producir. Para ir supliendo estos insumos podemos sumar además la aplicación de biopreparados, que son productos que se pueden utilizar para estimular el crecimiento de las plantas y para controlar las plagas. Por último, establecer un rediseño del agroecosistema de acuerdo a un ordenamiento territorial, que sea capaz de alcanzar la autosuficiencia que nosotros llamamos Ecosocial. Esta es una cuestión ambiental, ecológica y social, porque incluye a las personas y a la historia de quienes viven ahí. Hay que hacerlo juntos. La única forma de poder hacer esto e independizarnos de los paquetes tecnológicos convencionales es transitar también un cambio de ética y un cambio en los valores del sistema agroalimentario, esto debe hacerse sí o sí con los actores del territorio. 

A propósito de esto ¿qué expectativas tenés con este proyecto de Nodos Agroecológicos?

Lo que se intenta hacer con el proyecto de nodos agroecológicos es poner en diálogo a los sectores académicos de distintas disciplinas, provenientes de distintas universidades del país, los sectores que investigan para el mundo empresarial también, etc. Y juntar personas de todas estas proveniencias con los actores territoriales, que son los que producen en estos lugares, son los que tienen la experiencia agroecológica. Asociaciones diversas de personas que se dedican a buscar un ambiente más saludable. La idea es poner a todos estos actores en diálogo en el marco de un sitio demostrativo, donde se puedan debatir y probar distintas alternativas productivas. Desde el punto de vista nuestro, como Universidad Pública, tenemos el compromiso de generar alternativas para que estas áreas que están entre la ciudad y el campo –que las llamamos periurbanos– tengan la posibilidad de seguir siendo productivas. Nuestra idea es ir en la búsqueda de alternativas productivas para desarrollar en estas áreas, y hay muchas posibilidades. Desde situaciones donde el impuesto que tenga que pagar la persona cuya superficie de tierra queda afectada por el periurbano implique una tasa diferencial respecto al que lo hace en otro lugar. Que los productores que adopten el paradigma agroecológico y puedan mostrarlo tampoco tengan la misma carga impositiva, que tengan posibilidades de acceder a otro tipo de recursos. Hay muchísimas situaciones donde el Estado no debe mirar para otro lado, no puede tomar una postura liberal, donde sólo se sancione una ley y se deja a los actores a su propio proceso de reconversión. Eso no funciona, no se realiza la transformación productiva. Lo que hay que cambiar es la conciencia. Hay cuestiones que no ayudan, por ejemplo, cuando le pedimos conciencia de protección del recurso suelo a personas que no son los dueños de la tierra, que son arrendatarios temporales y no les importa cuidar la tierra para las próximas generaciones, porque sus hijos viven en las ciudades y se dedican a otra cosa. Perder el arraigo, es perder ese sentido de pertenencia y de amor por la tierra, como el que tenían nuestros abuelos.

*Docente de Historia, tallerista ambiental e investigador del Observatorio de Educación y Ambiente, de la UNR.

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