La reunión entre Washington y Caracas mostró a un presidente Nicolás Maduro en una posición firme, y dejó al descubierto las dudas, agresiones y necesidades de EEUU. La pelea de fondo es por la hegemonía regional que Rusia y China le disputan al imperio.

El diario estadounidense The New York Times filtró la información sobre lo que había ocurrido en Caracas durante el primer fin de semana de marzo. Y el lunes 8, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, confirmó en un mensaje televisado que se reunió con altos funcionarios del gobierno de EEUU en el Palacio de Miraflores, en Caracas. “La reunión fue respetuosa, cordial y muy diplomática”, señaló el mandatario venezolano. “Estaban las banderas de EEUU y Venezuela, y se veían muy bonitas unidas”, agregó Maduro.

“Hemos acordado trabajar en una agenda desde el respeto y la esperanza del mundo, para así poder avanzar una agenda que permita el bienestar y la paz de los pueblos de la región”, señaló con relación al encuentro de dos horas cuyos detalles no se divulgaron. Maduro dio a conocer, además, lo que el gobierno de EEUU intentó decir con eufemismos: que el problema del alza de precios del petróleo en el contexto del conflicto en Ucrania y el veto a la producción rusa de crudo estuvo sobre la mesa.

The New York Times también confirmó que “Washington está buscando alternativas al petróleo ruso”. Desde abril de 2019, EEUU no permite que Venezuela negocie su crudo en el mercado estadounidense, un comercio que representaba el 96 por ciento de sus ingresos.

Cuando se empezaron a aplicar las sanciones contra las exportaciones de gas y petróleo de Rusia, varias figuras influyentes, tanto demócratas como republicanos, apuntaron a Venezuela como un potencial sustituto para suplir la escasez generada por las sanciones. Pero esto produjo una profunda grieta entre la dirigencia de EEUU. La furia de la ultraderecha de Miami no se hizo esperar y comenzaron a arreciar las advertencias y amenazas contra un presidente ya muy desprestigiado y desgastado como Joe Biden, que en este tema, como en otros, se mostró dubitativo.

Según la agencia de noticias Reuters, la delegación yanqui estuvo compuesta por Juan González, el principal asesor de la Casa Blanca sobre asuntos latinoamericanos, el embajador James Story y Roger Carstens, enviado especial de EEUU para asuntos de rehenes. Por la parte venezolana, además de Maduro, asistieron la primera dama y diputada Cilia Flores, y el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez.

La portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, dijo que se habían abordado temas de seguridad energética, entre otros.

Después del encuentro con Maduro, la delegación estadounidense se reunió con Juan Guaidó, reconocido por Washington (contra toda evidencia fáctica) como “presidente interino de Venezuela”. De allí la necesidad de EEUU de bajarle el perfil a la reunión, que puso al desnudo una larga lista de contradicciones, mentiras e inconsistencias en su posición: todavía reconoce a Guaidó, pero a la hora de hablar de recursos naturales, la delegación de EEUU se reunió con el legítimo mandatario de Venezuela, Maduro, en su despacho presidencial con las banderas de ambos países desplegadas. 

Los cacareos más destemplados salieron de la ultraderecha con sede y financiación en Miami: “Que Biden organice reuniones secretas con el narcoterrorista Maduro sin siquiera informar a los venezolanos que han sufrido y arriesgado todo oponiéndose a Maduro es una vil traición”, escribió en Twitter el senador republicano Marco Rubio.

Por su parte, el senador demócrata y presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de EEUU, Bob Menéndez, señaló a través de un comunicado: “Nicolás Maduro es un cáncer en nuestro hemisferio y no deberíamos darle una nueva vida a su régimen de tortura y asesinato”.

El profesor retirado de la Universidad venezolana de Oriente, Steve Ellner, actual editor y gerente asociado de Latin American Perspectives (Perspectivas Latinoamericanas), considera que comenzó una nueva Guerra Fría en la que la alianza estratégica de Caracas con Moscú se convirtió en una prioridad mayor para EEUU. 

Latin American Perspectives es una revista teórica y académica con sede en Riverside, California (EEUU). Se fundó en 1974 y se enfoca en la discusión y el debate sobre la economía política del capitalismo, el imperialismo y el socialismo en las Américas, brindando el análisis profundo de académicos y participantes en el cambio social en todo el hemisferio. “La revista combina estudios de economía, ciencias políticas, sociología, geografía, antropología, relaciones internacionales, historia, filosofía y cultura para ofrecer una visión multidisciplinaria vital de las poderosas fuerzas que impactan la vida de las personas en las Américas”, señala la página de este medio.

Biden, Trump y el deseo de derrocar a Maduro

“La estrategia de regateo de Biden tiene mucho en común con las amenazas y acciones de Trump a favor del cambio de régimen a través de la fuerza militar. En ambos casos se ignora la voluntad de los venezolanos y su sufrimiento. Lo que hace que la situación actual sea aún más despreciable es que las fichas de negociación antes estaban diseñadas para lograr que Venezuela revisara la política económica y ahora hay un objetivo adicional, a saber, un cambio en la política exterior”, escribió Ellner en la nota titulada “Biden vacila mientras Maduro gana terreno en Venezuela” (“Biden Vacillates as Venezuela’s Maduro Gains Ground”) publicada el 5 de mayo en el sitio Consortium News. 

Consortium News es una publicación estadounidense fundada por el periodista, escritor y editor Robert Parry (1949-2018). Según su página oficial, se fundó en 1995 “como la primera revista de investigación en Internet, cuando ya se estaba gestando una crisis en los medios de comunicación estadounidenses. Los principales medios de comunicación estaban cayendo en un patrón de pensamiento grupal sobre un tema tras otro, a menudo ignorando información fáctica importante porque no encajaba con lo que todas las Personas Importantes sabían que era verdad”. 

Ellner señala que en el centro de la cuestión, además del petróleo, está el grado de influencia de EEUU en América Latina. Y en este sentido menciona la posición del profesor John Mearsheimer, un destacado estratega perteneciente a la escuela de realismo en las relaciones internacionales: mantener un hemisferio seguro es más preocupante que los conflictos en otras partes del mundo, ya que proporciona a los EEUU una ventaja sobre sus adversarios.

“La misma tesis predice que otras grandes potencias (léase China y Rusia) intentarán desafiar la «hegemonía regional» en el «vecindario» de EEUU. La alianza estratégica de Caracas con Moscú, que incluye el despliegue de buques de guerra de Rusia en puertos venezolanos, adquiere un significado especial en el marco de la línea de pensamiento de Mearsheimer”, sostiene Ellner al tiempo que considera que, en los últimos meses, las dudas y las timideces de la administración Biden se pusieron más de manifiesto.

“A principios de marzo, Biden envió una delegación de alto nivel a Caracas para hablar con Maduro, pero sólo unos días después se retractó ante la reacción violenta encabezada por el bloque del Congreso de Florida encabezado por los senadores Marco Rubio y Rick Scott y secundado por el senador Bob Menéndez”, agrega la nota de Consortium News.

Ellner señala que, más recientemente, The Economist informó que la administración de Biden planea volver a involucrar a los representantes de Maduro en una reunión en Trinidad. Pero poco después, sin embargo, el subsecretario de Estado de EEUU, Brian Nichols, negó el informe y afirmó que el único tema que se discutió en la reunión de marzo en Caracas estaba relacionado con la democracia venezolana. El comentario contradice una declaración anterior de la Casa Blanca de que la reunión de marzo discutió la “seguridad energética global”.

Para algunos dirigentes que todavía apoyan a Biden, el hecho de que “su administración descarte las amenazas y acciones militares empleadas por Trump”, parece ser benigno y un paso en la dirección correcta. Pero el analista relativiza este hecho, y lo califica de una mera apariencia, basada en la comparación con la actitud de los más feroces halcones.

“Esa apariencia se ve reforzada por los ataques beligerantes contra Biden por parte del bloque del Congreso de Florida por su uso de «sanciones impuestas al régimen de Maduro como moneda de cambio con una dictadura ilegítima para producir más petróleo». Esta declaración condena el compromiso de Washington con Maduro por representar un reconocimiento tácito de su gobierno y socavar la legitimidad del falso presidente de Venezuela, Juan Guaidó”, escribe Ellner sobre los ataques del ala dura contra el dubitativo Biden.

“Los repetidos llamamientos del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, al diálogo con los EEUU para normalizar las relaciones parecen estar dando sus frutos. Su apertura al acercamiento contrasta con la nebulosidad de la administración Biden sobre el grado en que Washington está dispuesto a reconocer a Maduro como presidente (el pleno reconocimiento diplomático está fuera de discusión)”, señala Ellner, que en su análisis deja bien en claro el contraste entre la seguridad de Maduro y los titubeos de Biden.

“La falta de voluntad (o incapacidad) de Biden para explicar y defender audazmente su cambio de política ante los votantes estadounidenses también contrasta con el ex presidente Barack Obama, quien puso sus cartas sobre la mesa cuando restableció las relaciones diplomáticas con Cuba”, indica el analista de Consortium News.

“De hecho, es difícil saber exactamente qué tiene en mente Biden sobre cómo proceder, suponiendo que él mismo lo sepa. Brian Winter, vicepresidente del Consejo de las Américas, tenía razón al decir en el momento de la primera delegación a Venezuela que «hasta que sepamos con precisión qué está tratando de lograr la administración Biden, será difícil evaluar hasta qué punto esto de la distensión puede irse»”, agrega el analista.

Efectos en la región

Ellner considera que las propuestas de Biden funcionaron en beneficio de Maduro, y que tuvieron efectos concretos en otros países de la región.

En este sentido, pone como primer ejemplo a Brasil. A finales de abril, el canciller de ese país, Carlos França, declaró: “En un momento en que EEUU considera hacer una excepción al embargo a las exportaciones petroleras venezolanas, me parece que podemos pensar en términos de revaluar el tema de las relaciones diplomáticas”. Exactamente dos años antes, el presidente Jair Bolsonaro había cerrado la embajada de Brasil en Venezuela, recuerda el analista.

Siguiendo el ejemplo, señala Ellner, el 29 de abril, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), llamó a Biden para discutir la Novena Cumbre de las Américas que se llevará a cabo en Los Ángeles (EEUU) a principios de junio. 

El analista menciona que AMLO instó a Biden a que “todos los países de las Américas recibieran una invitación, sin excluir a nadie”. Poco antes de que López Obrador hiciera el llamado, Brian Nichols, del Departamento de Estado, se había dirigido a los periodistas sobre la próxima cumbre diciendo, en referencia a Venezuela, Cuba y Nicaragua, “es poco probable que estén allí”.

Ellner señala que “el efecto dominó de la misión diplomática de Washington en Venezuela también alcanzó al presidente conservador de Ecuador, Guillermo Lasso”, y recuerda que en una conferencia de prensa conjunta con el presidente de Argentina, Alberto Fernández, Lasso dijo que su gobierno saluda el acercamiento entre EEUU y Venezuela y consideraría restablecer relaciones diplomáticas con este último.

Fernández, por su parte, defendió la decisión de su gobierno de restablecer relaciones plenas con Venezuela y llamó a otros países de la región a hacer lo mismo, señalando que “Venezuela ha tenido un momento difícil”.

“Esta oleada de oposición al ostracismo contra Venezuela va a ser difícil de contener para Washington, especialmente a la luz de las victorias electorales de izquierda y centroizquierda desde 2018 en México, Argentina, Bolivia y, más recientemente, Chile y Honduras. Es probable que los candidatos progresistas ganen las próximas elecciones presidenciales en Colombia y Brasil”, concluye el analista.

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