En 1995, cientos de enanos de jardín protagonizaron una exposición del grupo Rozarte en el Museo Castagnino que muchos y muchas hasta el día de hoy recuerdan. Ahora, a casi 30 años de aquella primera juntada, se vuelven a encontrar.

En los 80, y seguramente más atrás en el tiempo también, era natural que los enanos de jardín presidieran los frentes de las casas de los barrios rosarinos. El paso inexorable de los relojes, los cambios de modas y el mito urbano que aseguraba que traían mala suerte, los fueron borrando definitivamente del paisaje cotidiano. Pero, como decía un catalán, hablando de pequeñas cosas: “Uno se cree que los mató el tiempo y la ausencia pero su tren vendió boleto de ida y vuelta”. Y los enanos están de vuelta.

Todos somos primos de todos 

“Buenas, buenas”. Así se inicia la conversación en el grupo de WhatsApp denominado “Encuentro de primos” y en la que una banda de parientes enanos, que en 1995 llegaron a ser 300, se convocan a un reencuentro 27 años después de la primera y última juntada. Pipo, Amelie, Walto y Susie van confirmando presencia hasta que Bochinche, que comparte una foto posando con los dedos en V y con el mar de fondo, confiesa y propone: “Sigo de gira, ¿el 30 pueden?”. Y ahí le terminan de dar forma a lo que ocurrirá el jueves 30 de junio, a las 17, en el Museo de Arte Contemporáneo Rosario, mucho más conocido como Macro.

“En aquel tiempo teníamos un galpón con la gente de Rozarte que quedaba en la calle Entre Ríos al 800. Era un centro cultural en el que íbamos a realizar muestras”, rememora la artista Marcela Cattaneo, integrante de aquel espacio cultural que se formó en 1989 a partir de una convocatoria que organizó junto a Silvina Buffone y que llegó a albergar a una treintena de estudiantes de la Escuela de Bellas Artes de la UNR y del taller de Emilio Torti. “Al principio nos la pasábamos limpiando y acondicionando el lugar, y jodíamos con que eso era «trabajo de enanos». Y otra cosa con la que empezamos a hinchar era que cuando venía alguien que no nos caía muy bien decíamos: «Mirá, ahí viene tu primo fulanito», como una cosa chabacana. Y de ahí surgió la idea de unir todo eso y le dimos vida a una familia de primos enanos que trabajaban para el arte”, repasa la artista que desde hace añares transmite sus conocimientos en el Politécnico, y agrega: “Al tiempo nos convocaron a participar de una exposición en el Castagnino, que reunía a once artistas de Buenos Aires y once de Rosario y en la que nosotros éramos el único grupo colectivo. Cuando fuimos a la primera reunión y se discutió qué lugar agarraba cada uno, porque eran 22 obras y había unas peleas bárbaras, dijimos: «Nosotros nos vamos afuera». Ahí nos cerró todo y salimos a buscar enanos de jardín para colocarlos en la entrada del Castagnino”.

Las nieves del tiempo

Vaya uno a saber por qué pero esas criaturas de baja estatura, confeccionadas generalmente de yeso, son en su inmensa mayoría barbudas y canosas, cual Papás Pitufos. La cosa es que los enanos se vuelven a juntar y de paso provocan otros encuentros. “Esto es una propuesta de una curaduría del Museo Macro, que además es la primera que hacen después de la pandemia, y decidieron trabajar lo que es el tema de la amistad, de lo colectivo, de los lazos que se construyen entre la gente que trabaja en el arte”, remarca Cattaneo, y agrega: “Nos pidieron poner nuestra obra en los siete pisos del Macro como un nexo, como que los enanos son primos y familiares de todas esas otras obras que están allí montadas”.

La idea de la movida, que forma parte de la muestra Amig( )s del museo, es que quienes tengan enanos de jardín o conozcan a alguien que conserve una de esas pequeñas pero

inmensas figuras, las lleve a conocer o a reencontrarse con sus primos. “Habíamos juntado 300 en su momento, una gran familia que se despegó y que ahora, a partir de esta propuesta, nos permite encontrarlos y encontrarnos. O por lo menos encontrar sus historias, saber qué les pasó a esos enanos. Porque, por ejemplo, algunos te dicen: «Yo tenía mi enanito pero se me rompió o lo perdí en una mudanza». La idea es que nos cuenten esas historias e incorporar nuevos primos con gente que tenga un enano o se quiera sacar una foto y pase a ser primo de los enanos y de Rozarte”.

Ante la consulta de cómo hicieron allá por el 95, sin redes sociales ni nada parecido, para hacerse de esos 300 ejemplares, Marcela detalla: “Aquella vez empezamos a buscar enanos a través del boca en boca y la gente se fue acercando. Y encontramos a dos señores, uno en Carcarañá y otro en Cañada de Gómez, que tenían los moldes. Esos enanos, en algún momento la gente los sacó de los jardines. Se empezó a decir que el enano traía mala suerte o que eran de patios de gente de clase baja, y nosotros salimos al rescate de esos enanos y de esa cosa de la cultura popular, media kitsch”.

Antes de despedirse, la artista y docente aclara que “el video ese maravilloso, de la conversación del grupo de WhatsApp, lo hizo lo gente del Macro”, y detalla que los Rozarte que participan del próximo Encuentro Mundial de Primos son (además de ella, por supuesto): “Hugo Cava, Franciso Pancho Vignolo, Gabriela Loras, Oscar Vega y Verónica Serra”.

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