Yo no sé, no. Arrancaba el año 66 y Pedro, que mucho los números no lo entusiasmaban, me decía: “Me gusta el 6, y si son dos mejor. Es un número al que no lo podés hacer a las apuradas, porque por ahí no cerrás bien la pancita y te lo confunden con un 5. Aunque a veces tiene que ser un 6 adelantado, como un 5, ya hablando de fútbol”. Ese año cumpliríamos 10 y tener 10 es como ser el más grande de los infantiles: uno se puede juntar con los de 11, con los de 12 y hasta los de 13. También teníamos la idea que hasta las pibas ya te miraban distinto. Mientras tanto, la endeble democracia recibía un golpe: se instauraba una dictadura que, como todas, atrasaba. Tanto que Onganía y sus secuaces, a un mes de usurpar el poder, arremetían contra las universidades en lo que se llamó La noche de los bastones largos.

En el equipo de Arroyito ya estaba el que sería uno de los 6 más importantes en la historia del Canaya: el Chino Mesiano. En el barrio, para ese entonces ya jugábamos en cancha de 11 y Pedro se esmeraba en parecerse, con la 6 en la espalda, a Mesiano, sacándolas a todas casi sin despeinarse. 

En el Ministerio de Economía volvía Adalbert Krieger Vasena, con una receta económica que terminó afectando a todos los sectores populares. A pesar de la complicidad de algunos dirigentes, como Vandor, los trabajadores empezaron a resistir y en esa resistencia se incorporó el movimiento estudiantil. Pedro me decía: “En cualquier momento, al año lo pongo con un 6 así y el otro al revés, con la panza hacía la izquierda, como saliendo a cortar para un lado y para el otro”.

Años más tarde, ya en la secundaria, la calificación que nos tranquilizaba era el 6. A pesar de ser el más bajo de todos los “bien”, no todos los 6 en la libreta eran iguales. Sólo nosotros sabíamos lo que costaba, o nos costaba, un 6 en matemáticas o en física. 

El otro día, volviendo de hacer unos mandados en una de esas tardes en las que las bajas temperaturas se hacen presentes, Pedro me dice: “Me gusta junio porque, entre otras cosas, es el mes 6 del año. Es como que lo que queda es un segundo tiempo de 6 meses. Y como sabemos que no podemos entrar fríos, la temperatura la tenemos que poner nosotros, adelantando al equipo para que el 5 sea también ofensivo. Yo sé que no es fácil, pero tampoco imposible. No podemos resignarnos a vivir sacando todas con el equipo tan atrás. Es hora de  entrar a un segundo tiempo dispuestos a doblarle la voluntad al miserable coloniaje. Si nos ponemos de acuerdo, lo logramos, aunque sabemos lo que cuesta conseguir un 6, un 6 para la Patria”.

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