Yo no sé, no. “El invierno es bravo, si llueve”, era la frase que a mí y a Pedro se nos había fijado. La frase era del tío Mario, que hacía changas de pinturas, y los días lluviosos nos íbamos a visitarlo, seguros de que lo encontraríamos en su cuartito con los tachos, tachitos, pinceles y pincelitos, y un olor muy particular. La primera vez que fuimos al cuartito del tío Mario le preguntamos por ese aroma tan intenso. “Es el solvente”, nos respondió, señalando dos tachitos. Uno decía “aguarrás”, el otro decía “thinner”. Mientras tanto, en el barrio, en el campito transformado en cancha, tratábamos de tener un equipo solvente en casi todas las líneas, y cuando se nos acercó el Pocho (el Negro Luna) aprendimos algo. Siempre nos decía: “Hay que ser ordenado y con la pelota lo más solvente posible. El que es bueno para la gambeta, que le meta, pero siempre para el equipo. El que es bueno para la marca y un poco más, que le meta, siempre pensando en el equipo, no sea que por raspar de más dejés al equipo con uno menos. Y el que es buen shoteador, que le meta nomás, y que le pegue fuerte. 

Corrían los últimos meses de vida para la cancha de Primera Junta (Seguí y San Nicolás) y nos deleitamos mirando a grandes jugadores. Nos parecía –como la cancha tenía medidas similares a las de Primera División y con arcos de caños– que casi todos los equipos eran solventes con la redonda. Se respiraba olor a fútbol bien jugado, que con el tiempo le dio paso a un fuerte aroma: los solventes que se usaban en las pequeñas industrias y talleres.

Una publicidad de nuestra petrolera se instalaba en nuestro tarareo, con la voz de Cacho Fontana y la canción de Solvente: “Y peguele fuerte, y peguele fuerte siempre con…”, y ahí uno acomodaba el final que quería. Eran años en los que todo parecía posible, sólo había que pegarle fuerte y con solvencia.

Hoy nos piden, entre otras cosas, solvencia fiscal. Y uno se pregunta: ¿cómo?, ¿gastando menos o recaudando más? Y la verdad es que si gastamos menos vamos a terminar rompiendo las ollas de tanto rasparlas. ¿No será hora de un buen solvente, de un aguarrás o thinner, para que vaya limpiando lo que hay que limpiar?

Pedro me dice el otro día, pasando por la ferretería de Doctor Riva casi Castellano, volviendo del dispensario y sabiendo que estábamos a metros de lo que fue la cancha de Yapeyú: “Mirá, es hora de que se use un aguarrás y no sólo para limpiar los pinceles para pintura de maquillaje. Hay que usarlo para optimizar nuestras herramientas, para que lo más pronto posible lo que sea solvente esté en nuestros bolsillos. Hacer solvente el salario de los y las trabajadoras formales e informales, es la principal tarea por realizar. Y a los angurrientos, los fugadores de divisas, los que sueñan con el coloniaje, que la ley les pegue fuerte así volvemos –sabiendo que es posible tener Patria– a tararear aquel emblemático jingle de nuestra petrolera (YPF) agregandolé el final que uno quiera. “Yo –me dice Pedro–  elijo: «Y peguele fuerte para la felicidad del pueblo y la grandeza de la Patria»”.

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