El periodista deportivo Eliseo Trillini, de vasta trayectoria en los medios, publicó La mafia detrás de la pelota, libro en el que revela secretos y verdades de sus enfrentamientos con pesos pesados como el ex presidente leproso Eduardo López y el diario La Capital.

Fighiera es una pequeña localidad del Departamento Rosario y se encuentra ubicada a unos 37 kilómetros al sur de nuestra ciudad, en la margen derecha del Paraná. Se puede llegar a ella por la autopista que va a Buenos Aires y también por la Ruta Provincial 21 (la vieja ruta 9) que incluso atraviesa dicha comunidad. Cuenta con un poco más de 5 mil habitantes y su Santa Patrona es Nuestra Señora de Luján, a quienes sus feligreses le rinden pleitesía cada 12 de octubre. Allí nacieron Juan Martín Coggi, ex campeón mundial de boxeo; Daniel Cornelli, subcampeón mundial de Taekwondo y Emanuel Herrera, actual jugador de Argentinos Juniors. Y allí también nació, en 1953, Eliseo Trillini, periodista al que no le tembló el pulso a la hora de confrontar a directivos de medios, dirigentes de fútbol y hasta militares en plena dictadura, y que acaba de publicar La mafia detrás de la pelota, en el que destapa cuanta olla se haya cocinado en torno a su carrera deportiva.

Combatiendo a La Capital

“Yo empecé a escribir en 2002 un libro que se llamaba Pena Capital y que se refería exclusivamente a todo lo que me había ocurrido con el despido mío en el diario. Inclusive estaban las presentaciones de las demandas, las respuestas de los directivos, la acusación que me hacían. Pero después lo pensamos con Mirian, mi esposa, y como mis dos hijos, tanto Cristian como Franco, que en ese entonces tenían 20 y 17 años respectivamente, querían ser periodistas, yo me tiré para atrás porque no quería cortarles la carrera. Y eso quedó ahí”, repasa Eliseo, que pasa muchas de sus horas cafeteando (y fumando) en el bar Lido, ubicado en la esquina en la que confluyen la avenida San Martín, que a esa altura anda por el 3100, y el pasaje Eudoro Díaz, que debe su nombre –capricho del destino– a un reconocido periodista y docente. Y agrega: “Ahora, la muerte de Mirian, el 2 de febrero, me sumergió en un estado depresivo muy grande y en algún momento es como que ella me dijo «sentate y escribí». Y en cuatro días conté todo, todo lo que me pasó a lo largo de mi carrera”.

Ante la consulta de cómo resolvió plasmar tantos años de trayectoria y enfrentamientos, Eliseo aclara que lo fue dividiendo por capítulos y apelando a su rigurosa y puntillosa memoria. “Primero, arranco con la mafia menemista, la misma que a través de Yabrán mató a Cabezas, a mí me enterró vivo. Esa mafia estaba conformada por Daniel Vila, José Luis Manzano, Eduardo López, que ya falleció, y Orlando Vignatti, los cuatro jinetes del apocalipsis, los Magnetto del periodismo rosarino”, dispara Eliseo, como para que quede en claro de entrada el calibre de las páginas que le dan forma al libro, y suelta un par de perdigonadas más: “López era una mala persona y se la pasó pidiendo mi cabeza en La Capital donde tenía mucho poder. Siempre decía que el más peligroso es el que no se puede comprar, y conmigo lo intentó de veinte mil maneras pero no lo pudo lograr nunca. Me advirtió varias veces, sabía de antemano notas que podían llegar a salir y las hacía bajar. No se podía escribir absolutamente nada de López en el diario en aquel momento. Y yo era un bicho molesto porque nunca me casé con nadie, más que con Mirian (risas). Y también tenían mucha influencia dirigentes de Central, ojo, a los que tampoco se podía tocar. Hasta que en marzo del 2000, por iniciativa de Vila y López, me echan, no me pagan la indemnización y se encargan de cerrarme las puertas en los medios locales. Me desterraron, literalmente”.

Esa no fue la única roja que le sacaron a Trillini a lo largo de su periplo en los medios, y tampoco la más jodida. “Mi guerra, porque siempre fui un rebelde antisistema, empieza en el 80, cuando trabajaba como corresponsal de la agencia Télam”, recuerda este hombre que le daba sobrecitos de azúcar a su amado perro Zizou, y sigue: “Un día descubro que se habían robado una hoja del libro contable de Newell’s y lo publico. Enseguida lo empiezan a llamar de todo el país a Armando Botti, que era el presidente leproso, que no tuvo mejor idea que llamar al general (Luciano Adolfo) Jáuregui, que era el comandante del segundo cuerpo. Éste levanta el tubo y se comunica con el presidente del directorio de Télam y me echan. A su vez, Jáuregui se ofreció a ponerme unos papelitos para hacerme aparecer como guerrillero, como subversivo, pero los dirigentes de Newell’s le respondieron que no, que yo era un loco pero que no era para tanto”.

Foto: (Manuel Costa)

“Sigo prohibido”

Según los historiadores, Fighiera surge en lo que se conocía como Pago de los Arroyos, ya que por falta de mojones, se demarcaban a través de los arroyos que los atravesaban: al sur con el arroyo La Matanza (hoy Arroyo Seco) y al norte con el Ludueña, tierras que antiguamente eran ocupados por indios Querandíes o Pampas, y posteriormente repartidas por la corona española. El pueblo creció exponencialmente con la llegada del ferrocarril, en 1909, y se lo denominó así en honor al arquitecto inglés Félix Fighiera, quien llevó adelante las obras ferroviarias. Una de las actividades que caracteriza al lugar es la fabricación de ladrillos y cerámicos, pero también son famosos sus embutidos.

“En la casa de mi abuelo se fundó el Club Central Argentino de Fighiera, mi viejo fue presidente y mi tío Chichín terminó jugando en River en el 53, así que me crié en ese ambiente, rodeado de futboleros”, rememora Trillini, y da una pista del origen de su otra pasión, el periodismo: “Siendo pibe me convocaron para trabajar en la propaladora del club, que eran dos parlantes que apuntaban a distintas partes del pueblo y yo pasaba los partidos que se jugaban el fin de semana, las películas, la publicidad, y le empecé a agarrar el gustito al micrófono”.

Ese gustito lo llevó entre otras cosas a animar bailes, algo muy común en aquella época para locutores y comunicadores. “Una noche estaba animando un baile en el Athletic de Arroyo Seco y ahí la conocí a Mirian, que era de allá. Yo tenía 20 años y ella 17, estuvimos seis años de novios y nos vinimos a vivir a Rosario y nos casamos. Yo vine persiguiendo mi sueño de ser periodista, que lo tengo desde siempre”.

Ese sueño se le empezaría a hacer realidad en 1974. “Gracias a don Víctor Mainetti hice un programa en LT3 que se llamaba Juventud y Deporte, donde cubría la Liga Ardyti. Después, Carlitos Mut, otro gran maestro, me da la posibilidad de entrar en El País del Interior, donde estuve 10 años, y luego inventé las páginas de fútbol del interior que hasta hoy siguen siendo un golazo en La Capital. Es que soy del interior, mamé el fútbol del campo, el fútbol chacarero, y siempre lo difundí en la tele, en el diario y donde sea”.

Eliseo admite que “tres veces empecé Periodismo en distintos lugares pero dejé porque consideraba que el periodista se hacía en la calle, pero ahora me arrepiento. Los chicos deben estudiar periodismo, recibirse, cultivarse, y tener cultura”, y concluye: “Eso es fundamental, y yo lamentablemente no la tenía. Yo solamente leía revistas deportivas. Por eso les transmití a mis hijos que no siguieran mi ejemplo y estudiaran. Hoy, Franco trabaja en la sección Deportes de El Ciudadano y la Región, y Cristian hace un programa en Radio Vorterix que es una especie de CQC. Tienen una cultura bárbara los dos, esa que yo no tengo”.

Antes de despedirse, este hombre que trabajó en decenas de radios, diarios y canales de la ciudad y la región, destaca que “el libro es un legado, es lo único que quiero”, y cierra: “El silencio de la mayoría de los grandes medios ante mi libro, es una muestra clara de que sigo molestando. Sigo prohibido”.

El libro periodista deportivo Eliseo Trillini, La mafia detrás de la pelota, que se presenta este viernes, en el Sindicato de Canillitas (Buenos Aires 1346) a las 20.

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