Los dos grandes clubes rosarinos son dueños de lindas historias con la Abanderada de los Humildes, que también dejó su huella en entidades barriales de la ciudad. El pasado martes se cumplieron 70 años de su paso a la inmortalidad.

Bien empilchada y rodeada de atentas miradas de hombres, entre ellos el General Perón, Evita da el puntapié inicial, con su impecable zapato derecho, a los Juegos Panamericanos que en 1951 se realizaron en el país. En otras imágenes, se la observa en una misma pose pero rodeada de futbolistas. Y en otra, firma una pelota de tiento junto a su esposo y presidente de la Nación. En un ejercicio psicoanalítico de asociación libre, la primera relación que arroja el inconsciente colectivo entre la Jefa Espiritual de la Nación y el deporte son los famosos Juegos Evita. Pero hay más: aunque lejos de ser futbolera, tomó partido por el humilde Banfield en una final ante Racing por el campeonato argentino, y Sarmiento de Junín recogió su nombre y se lo puso a su estadio. Hasta un club de fútbol femenino de ¡Costa Rica! en la década del 50 se llamó Deportivo Evita Perón. Mientras que, por la misma época, un grupo de mujeres creó el Ateneo Deportivo Femenino Evita, encabezado por la esgrimista Elsa Yrigoyen y la tenista rosarina Mary Terán de Weiss. 

Y además, el legado de Eva Duarte de Perón también alcanzó a los grandes de la ciudad: fue protagonista para que el Gigante se mantenga en Arroyito y no se mude a Iriondo y Pellegrini, donde años más tarde se levantó el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca). Tras su muerte, Central repartió entre sus jugadores La razón de mi vida. Newell’s, por su parte, fue sede principal de los Juegos Evita con ella aún en vida, y la recordó en años posteriores cada 26 de julio. Y tiene en la Vieja Amelia a una devota evitista.

Evita y Perón, en los Juegos Panamericanos de 1951

Evita Gigante

El actual estadio de Rosario Central fue levantado a la vera del río Paraná en 1926, pero su permanencia allí corrió serio peligro en 1951 cuando la Municipalidad le exigió la devolución del lugar, ya que había concluído el plazo de concesión. Ante la cercanía de esta posibilidad, la dirigencia auriazul tenía un plan B: en 1946 había comprado terrenos en Iriondo y Pellegrini. Pero el amor al barrio era más fuerte, así que comenzó una negociación para permutar la tierra propia por la ajena, y evitar moverse de Arroyito. Y como el asunto quedó trabado en el Concejo, el síndico vitalicio e histórico dirigente canaya, Silvio Jou, reveló –en una charla con el periodista y escritor Héctor Cepol– que acudieron a Eva Perón, en junio del 51. Para aumentar las chances de ser recibidos, le dijeron que se trataba del club “grasa” de la ciudad. De la reunión histórica también participó su hermano, Juan Duarte, y el por entonces presidente Federico Flynn.

Jou cuenta que tras escucharlos, Evita levantó el teléfono y pidió hablar con el gobernador de Santa Fe, César Caesar. “¡Escucháme, Cabezón –recuerda que le dijo–. Mirá, estoy acá con unos amigos de un club grasa de Rosario que tiene problemas con tus concejales. ¡Vos me arreglás este asunto en tres días o no pisás más mi despacho y voy a tener que ir yo misma a arreglarlo!”.

Silvio intuye que el mandatario provincial salió desesperado a solucionar el problema ante tamaño llamado. Y así habrá sido porque en menos de una semana el tema se destrabó. “Después le mandamos una placa a Evita. ¡Quién sabe dónde habrá ido a parar con la revolución!”, dice, por la autodenominada Revolución Libertadora, o Fusiladora, como se conoce entre peronistas a la dictadura que derrocó a Juan Domingo.

De ese cónclave con la Abanderada de los Humildes y de los “grasas” de Rosario se dio el primer gran paso para lo ocurrido en enero del 55, cuando Central escrituró el estadio en Génova y Cordiviola.

Algo de esta historia explica el profundo dolor que generó en la entidad de Arroyito su partida el 26 de julio de 1952. En su libro De Rosario y de Central, Jorge Brisaboa revela que ese día “la comisión directiva envía una nota de pésame al presidente Perón”. Y no sólo eso: “Dispone la distribución de 200 ejemplares de La razón de mi vida”, el libro en el que Evita deja su legado. “Se estableció que cada futbolista del club, de todas las divisiones, y el resto de los deportistas debían recibir el libro”, agrega el autor.

Juguemos en el Parque

La Fundación Eva Perón creó en 1948 un programa deportivo, sanitario y social sin precedentes e inigualable: los Juegos Nacionales Evita. Esta competencia –de la que participaron emblemas como el ídolo leproso José Piojo Yudica y Diego Armando Maradona, entre tantos otros–, tenía detrás también a la figura de Ramón Carrillo, primer ministro de Salud del país.

Pablo Cerra, abogado de la UOM Rosario y autor del libro Lealtad Leprosa –en el que condensa “relaciones e historias del pueblo rojinegro en épocas peronistas– le comenta a este medio que “la cancha de Newell’s fue la sede en la mayoría de las ediciones de los Juegos Evita cuando ella aún estaba viva y la competencia era en Rosario”. En una entrevista de 2015 con El Eslabón, el propio Piojo Yudica recordó aquellos años felices en los que aún vestía la camiseta del Evita Estrella de la Mañana, devenido en Morning Star: “Fue un gran momento, viajábamos a Buenos aires y en una oportunidad fuimos campeones argentinos de los torneos Evita”. En La vida en rojo y negro, el abogado y dirigente político Rafael Bielsa –autor de ese libro junto con el periodista Eduardo Van Der Kooy– recuerda esa etapa del ex volante leproso, que más tarde sacó campeón como DT a Newell’s, Quilmes, San Lorenzo y Argentinos Juniors. En el texto llamado Evita hay una sola, el también hermano del Loco Marcelo Bielsa y actual Embajador argentino en Chile, escribe: “Después de cinco años de darle y darle a la pelota en el Star, José empezó a cambiar la ropa raída por ropa buena, los buzos con remiendos por otros impecables. Llegaba y se iba del club en bicicleta y para las fiestas había puntualmente una pelota de regalo. Nunca supo bien el origen de tanta generosidad pero la asoció de piel a la figura de Evita”. Y sigue: “Las bicicletas y las pelotas fueron los regalos preferidos por Evita para conquistar a los niños en sus extenuantes caravanas”. El Piojo fue uno de aquellos purretes.

Por otra parte, Cerra también saca del archivo periodístico otras aristas que unieron a Evita con el club del Parque Independencia: “Cuando muere, en los años posteriores en los que se conmemoraba el fallecimiento, hay registros de diarios que en la cancha de Newell’s siempre se hizo un minuto de silencio para recordarla”. Y por último, La Profe Lucía Salinas aporta el amor incondicional que desde piba sintió Amelia Montero, la Vieja Amelia, por Esa Mujer, como la describió Rodolfo Walsh. “Siempre dice que tiene cuatro virtudes: que es sentimental, coqueta, de Newell’s y peronista”, cuenta la historiadora leprosa sobre la reconocida (tanto, que una tribuna del Coloso lleva su nombre) simpatizante de 97 años. También reveló que Amelia vio al Perón y Evita de carne y hueso en las visitas de ambos a Rosario. “Y en una de esas oportunidades, la vio en la calle a Eva, que le dio un beso a su hijo, ya fallecido”, cierra Salinas.

Esta estrella era mi lujo

La huella de Eva Perón también pisó fuerte en otros clubes más modestos de Rosario. Uno es el legendario Morning Star (ubicado en Bordabehere 4200, debajo del Viaducto), de nombre extranjero que, al parecer, ella misma pidió que lo castellanicen. De ahí salió el Evita Estrella de la Mañana. Pero con la instauración del golpe militar, corrió la misma suerte que todo aquello que tuviera peronismo, y volvió a la denominación inicial. Consolidada la democracia, en el primer club rosarino que salió campeón nacional de los Juegos Evita hubo algunos intentos de retomar el viejo nombre, pero la iniciativa no prosperó.

Distinto final tuvo, en ese sentido, el club emplazado en el barrio Villa Urquiza, de la zona oeste, llamado Recuerdos de Evita. Es que la última dictadura cívico-militar le puso el aburrido nombre de Recuerdo Urquiza, pero el amor fue más fuerte, y la entidad –con sede en La Paz y Rouillón y canchitas en Riobamba al 6100– pronto recuperó el original.

Evita en la Memoria (y Balance)

El dolor de la muerte de Eva Perón fue tan difícil de digerir en el fútbol argentino que se suspendieron las siguientes tres fechas posteriores al fatídico y triste 26 de julio de 1952. Varios clubes enviaron sus pésames.

En Boca de todos: En la AFA, pocas veces ocurrió algo similar con otras figuras políticas. El escritor y periodista Ariel Scher reprodujo en una nota el valioso testimonio de la máxima entidad del fútbol argentino, leída para el resto de los dirigentes por el entonces presidente de Boca, Daniel Gil: “Los presidentes de las entidades adheridas a la AFA desean, por mi intermedio, hacer destacar en esta reunión el profundo dolor que ha significado para el deporte la desaparición física de la excelsa trabajadora de América: Evita”. Y la carta sigue.

Piel de Gallina: El sentimiento de River por Eva quedó plasmado en el acta de Memoria y Balance de ese año: “Excepcional animadora de todas las manifestaciones que contribuyen a la formación de una juventud sana y vigorosa”. Además, el sociólogo y autor de Hinchas. Pasión y política en River Plate Rodrigo Daskal señaló que la revista de la entidad millonaria de aquel entonces tituló “Nuestro dolor” y “El deporte está de duelo”.

Santo Evita: Para San Lorenzo de Almagro, la Abandera de los Humildes fue la “propulsora del deporte, amiga de los deportistas”. Así consta en los escritos de Balance y Memoria. Y al igual que sus pares Canayas, los dirigentes del Ciclón distribuyeron “entre el personal de la institución, en homenaje a la ilustre desaparecida, ejemplares del libro La razón de mi vida”, según consigna también ese documento.

En el nombre de Eva: El año 1952 fue muy particular y peronista para Gimnasia de La Plata, porque arrancó el torneo de la B bajo su nombre histórico, pero tras la muerte de Evita, la localidad de las diagonales y capital bonaerense pasó a llamarse Ciudad Eva Perón. Así, el Lobo consiguió el ascenso a la máxima categoría bajo el nombre de Gimnasia y Esgrima de Eva Perón. Además, los jugadores aprovecharon su visita al estadio de Sarmiento de Junín para rendirle homenaje al busto de la Jefa Espiritual de la Nación, ubicado a metros de la cancha y saqueado por la Fusiladora y luego por el Proceso.

Academia peronista: El sociólogo y escritor Julián Scher –autor de Los desaparecidos de Racing y Socios eternosinvestigó los minutos y días posteriores del Racing Club ante el fallecimiento de Evita. Allí encontró, por datos de la revista de la entidad de Avellaneda, que la comisión “rindió homenaje a la señora Eva Perón permaneciendo de pie durante 15 minutos”, entre otras medidas como adherir al duelo nacional, colocar un busto en el Cilindro (estadio que lleva el apellido de su marido), y mucho más.

Abanderada de los humildes del sur: En el libro Todos unidos triunfaremos. Evita vs. Cereijo por la definición del torneo 1951, de Víctor Raffo, se cuenta que una Eva ya enferma tomó partido por Banfield, por su condición de humilde, en la final ante el poderoso Racing, que buscaba –y luego consiguió– el tricampeonato. La historia puede verse también en el documental Evita Capitana, de Nicolás Malowicki. “Sentimos el apoyo de Evita y fue una pena perder aquella final porque teníamos un equipazo, pero Racing también lo era”, le dijo el ex defensor del Taladro, Luis Bagnato, al periodista Héctor Laurada.

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