El viernes 8 de julio pasado Amsafé y Sadop presentaron ante el Ministerio de Trabajo de la provincia la solicitud formal para que se adelanten los porcentajes de aumento acordados para agosto y septiembre. También que se reabra la paritaria para discutir salarios. Cualquiera que viva en la Argentina conoce de sobra las razones de estos pedidos. La Nación ya había hecho lo propio en junio pasado cuando respondió al reclamo de la Ctera, anticipando los porcentajes y elevando el salario mínimo común para todas las jurisdicciones del país en un 70% (en forma progresiva y sumando los distintos ítems que lo integran).

En Santa Fe, pasaron las dos semanas del receso escolar de invierno -que siguieron a aquel viernes 8- y los sindicatos docentes se quedaron esperando la respuesta oficial. Nunca llegó. O mejor dicho sí: el ministro de Trabajo, Juan Manuel Pusineri, negó la posibilidad de adelantar aumentos y de sentarse a conversar. Siempre por los medios de comunicación. No hubo contestación formal al escrito de los gremios.

No hay que ser muy avispada para darse cuenta que semejante desplante no iba a terminar bien. Cualquiera sabe que la inflación creciente se lleva cualquier peso que entra en el hogar.

Si faltaba más leña para avivar el conflicto con el magisterio ahí estuvieron Pusineri cerrando la discusión a través de micrófonos y pantallas, y el gobernador Omar Perotti teniendo palabras de respaldo para los reclamos del “campo”, que en realidad son los de la apetencia voraz y nunca satisfecha de la Sociedad Rural, pero ninguna para las maestras y maestros de su provincia.

Conocido el llamado a asamblea de los sindicatos y la unánime decisión de parar, la ministra de Educación Adriana Cantero se despachó diciendo que “lamento que en los primeros días de clase se hable de suspenderlas”. En el receso escolar de invierno, cuando las chicas y los chicos no son “rehenes” de sus docentes -como les gusta acusar- ¿por qué no convocaron a los sindicatos?

Pero la bronca del magisterio, sus reclamos y quejas no se agotan en el salario. La ministra Cantero contribuye a diario para que eso pase. Los planes que tiene para la educación secundaria, que ya bautizó de “avance continuo”, y de aplicar la extensión horaria en las escuelas primarias, los encara de manera unilateral.

Es cierto que la educación secundaria requiere de una mirada atenta y una revisión integral de lo que se les ofrece a las adolescencias. Un debate tan rico como complejo pero que la funcionaria de Perotti ha logrado reducir a la pregunta por la repitencia (“¿Se termina la repitencia en el secundario? ¿Está bien o mal repetir en el secundario?”, lo más titulado en estas últimas semanas).

Algo parecido ocurre con el avance de la extensión horaria en la educación primaria. ¿Qué se enseñará en esa hora más de clase? ¿Cómo será el trabajo docente? ¿Hay recursos? ¿Están las escuelas en condiciones?, todas inquietudes ausentes. Hace poco un comunicado de la Ctera advertía que sin financiamiento adecuado esta medida de extender el tiempo de permanencia escolar, en lugar de igualar, puede terminar por profundizar las desigualdades educativas existentes.

En el pedido formal que Amsafé elevó al Ministerio de Trabajo también estaba expresada la preocupación por la exclusión que hace la ministra de las trabajadoras y los trabajadores de estas discusiones y medidas.

Antes de ser funcionaria de Perotti, Adriana Cantero fue directora de la Regional VI (plena aplicación de la ley federal educativa) y ministra del área (2005/2007). No es una improvisada en el cargo. No es casualidad ni un error dejar afuera a la docencia de la discusión de saber para qué se educa en la provincia, qué escuela se quiere, qué perfil docente se necesita; también desconocer el reclamo salarial del magisterio y ser cómplice de un tiempo injusto.

 

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