El periodista Alejandro Ansaldi se largó a contar vida y obra de Los Murciélagos, la multicampeona Selección Argentina de fútbol para ciegos, en un libro que repasa hazañas e historias de superación.

Primero lo intentó un equipo plagado de viejas glorias, como Bochini, el Beto Alonso y Albretch, entre otros. Después probó suerte la Selección Argentina del momento, con Juan Román Riquelme, Hernán Crespo, el Piojo López, Matías Almeyda y Tito Bonano. Pero no hubo caso. Los Murciélagos golearon 4 a 1 a los ya veteranos ex jugadores, y 7 a 0 a quienes aún estaban en actividad. El único que logró marcar un gol fue el histórico volante de River, aunque con trampa: ante la impotencia por el baile recibido, se bajó el antifaz y la clavó al ángulo. Apenas sirvió para el descuento. Ambas historias están detalladas en el libro de reciente publicación Fútbol Ciego (el arte de volar como Los Murciélagos), que escribió el periodista Alejandro Ansaldi. Es del reconocido sello Ediciones Al Arco, lleva el prólogo de Eduardo Sacheri y la contratapa de Alejandro Duchini.

Los ojos ciegos bien abiertos

A principio de este año, el escritor y periodista Walter Vargas publicó Fútbol en la era de la peste (Fútbol Contado Ediciones), en el que lamenta la falta de material bibliográfico de la Selección Argentina de fútbol 5 en su modalidad adaptada para personas ciegas o imperfecciones visuales. Dice que la historia de Los Murciélagos “merece un libro propio que alguna vez escribirá alguien de mayores conocimientos y destrezas” que él. Y quien recogió el guante fue Alejandro Ansaldi. “En la pandemia me puse con el libro. La primera idea era contar sobre el fútbol ciego en la Argentina y averiguar cómo era en el resto del mundo”, dice el autor, y sigue: “El objetivo era que si una familia tiene un pibe ciego, que se entere, que sepa que ese chico puede jugar al fútbol, puede tener una vida prácticamente normal. Pensaba que si no sabían esto, muchos se perderían la chance de hacer lo que a mí más me gusta, que es jugar a la pelota”.

En medio de esa búsqueda, el subeditor de deportes del diario La Prensa se entera que el inicio de Los Murciélagos y fútbol para ciegos en el país van de la mano. “El tipo que lo inventa es un profe de Educación Física que se llama Enrique Nardone. Cuando se recibe va a un colegio y en la primera clase se entera que los alumnos eran ciegos. Y los ve jugando al fútbol, algo medio caótico. Empezó a investigar cómo se jugaba en otros lados”, relata Alejandro, y comenta que del encuentro de Nardone con el español Carlos López (DT de la Selección de su país) y el brasileño Ramón Pereyra surge el reglamento de la disciplina tal como la conocemos hoy, presentado y avalado por la FIFA: el arquero es el único de los cinco que ve y da indicaciones, la pelota hace ruido para que se guíen por el sonido, además de la orientación que aporta el DT en la mitad de la cancha y los colaboradores detrás del arco rival, que golpean los palos y les dicen dónde patear. “Con todos esos sonidos ellos tienen que guiarse. Pero el otro equipo hace lo mismo, así que todos esos sonidos se cruzan”, aclara Ansaldi, y agrega: “Además, el jugador tiene que decir la palabra «voy» cuando van a buscar la pelota, porque antes se rompían la cabeza por choques. Si no gritás, es falta para el otro equipo”.

Amor a primera vista

“El plan más lindo para mí es que me inviten a jugar a la pelota”, dice este hombre que pisa los 50 años y que le sigue dando duro y parejo al deporte de la redonda en cuanto campeonato aparezca. “Estoy medio loquito”, admite. Y como periodista deportivo, también disfruta de la línea de cal hacia afuera. Por eso, cuando su novia –a quien recién conocía– lo invitó a la Copa América 2009 organizada en Buenos Aires por la Federación Internacional de Deportes para Ciegos, ni lo dudó. “Mi mujer es maestra de ciegos y fue como voluntaria al torneo. La conocí en 2008 y para esa época yo ya laburaba en el diario y en radio. Me pareció un planazo”. Más aún cuando vio en acción a Los Murciélagos, luego subcampeones de ese certamen. “Quedé flasheado, no podía creer lo que hacían estos pibes. Muchas cosas descubrí ese día y los fui a ver algunos partidos más”, rememora y confiesa: “Yo sabía de Los Murciélagos pero no mucho, nunca los había visto jugar”.

Con el tiempo, Ansaldi se acercó a esa historia. Y se metió de lleno cuando se propuso escribir el libro. Tan de lleno que hasta probó jugar con ellos y sus reglas: “Pensé que alguna pelota iba a tocar. Incluso, me mandaron adelante para que pueda hacer un gol, me las daban todas a mí, pero ni siquiera la toqué”, revela entre risas.

Esa “experiencia hermosa e inolvidable” ocurrió a la vuelta de los últimos Juegos Olímpicos de Tokio, donde se calzaron la medalla de plata. También probó con los ojos descubiertos, pero no le fue mucho mejor. “Después, el DT me propone que me saque la venda. Pensé que tendría demasiada ventaja. Toqué algunas pelotas, me sacaba –a los sumo– un defensor de encima, pero cuando quería patear me tapaban dos o tres, y no tenía chances de tirar al arco”. Ya resignado, Alejandro sostiene: “Los tipos son deportistas de élite. Tienen un mecanismo aceitado y no les podés entrar. Lo hacen todo de una manera muy sencilla, natural”.

Ojos que no ven, corazones que sienten

Las páginas del libro que prologa el autor de La pregunta de sus ojos (libro llevado al cine como El secreto de sus ojos) contienen muchas “historias de superación de los jugadores” que “me conmovieron”, señala Alejandro Ansaldi. “Cada vez que hablaba con ellos quedaba impactado. Muchos habían quedado ciegos de chiquitos, otros de grandes, o como Silvio Velo, el mejor jugador del mundo, que nació ciego”.

Este periodista, con pasado en el diario La Razón, en Torneos y Competencias y Crónica TV, reconoce: “Pensaba que si algo de eso me ocurre a mí, me quedo tirado en un sillón a llorar. Ellos, después de pasar un período de depresión, cuando descubrieron que podían jugar al fútbol, les cambió la vida a todos. Ellos te cuentan: «yo era el cieguito que estaba sentado por ahí». Y con el fútbol, los tipos se toman el colectivo solos, arman su bolso y se van a jugar a la pelota”.

Por último, el cronista asegura que las vidas de estos jugadores “invitan a reflexionar”. Y cierra: “Te das cuenta que para los tipos la ceguera no es un tema. Ellos van para adelante, no se quejan”.

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