Ignacio Amione escribió y actúa la obra Duele, tragicomedia en un acto, bajo la dirección de Ofelia Castillo. Esta narración casi grotesca de una vida atravesada por las dudas y el desamor se presentará los viernes de septiembre en La Usina Social (Jujuy 2844).

El actor contó a El Eslabón que “la obra surge cuando estaba ensayando otra obra en la que teníamos que hacer un ejercicio de repetición y eso me llevó a cuestiones obsesivas”. Si bien no es su primera experiencia en la escritura teatral, ya que había ideado pequeñas piezas y reescrito algunos materiales de otros autores, se trata de su “primera obra completa” como dramaturgo.

El título de la obra, Duele, no se refiere a un dolor físico sino más bien a un dolor emocional o psíquico. “Si bien se puede después llevar al cuerpo a través de los síntomas, que es lo que tiene este personaje, Eduardo, que tiene muchas manías y obsesiones, es mucho el dolor y lo divertido de la obra es verlo sufrir, está ese morbo, porque sufre de una manera muy particular y lo que causa gracia en esta tragicomedia es su forma de sufrir”, celebra Ignacio.

Amione decidió convocar a Ofelia Castillo para dirigir esta obra porque “es muy buena actriz y yo creo que para dirigir buen teatro hay que ser actor o actriz, porque a mí me interesan las actuaciones. Es más importante cómo se dicen las cosas, cómo se actúan, que el contenido de lo que se dice”, apunta el autor, y prosigue: “Para esto que escribí quería alguien que sea director de actores, que ponga el acento en la actuación y Ofelia por ser actriz y excelente actriz lo tenía”.

Ofelia completa la idea: “Con Nacho nos conocíamos poco, nos habíamos cruzado en algún seminario y me convocó para dirigirlo a partir de que le gustaba mi relación con la actuación. Fue toda una apuesta de su parte, porque yo nunca había dirigido antes. Pero entre actores está esa percepción, ese ojo que uno tiene para ver cómo se para uno, cómo dice los textos, y Nacho vio que yo tenía una manera de acercarme a la actuación que coincidía con lo que él estaba pensando. Tenía una serie de textos que eran muy importantes para él y estaba buscando la manera de armar con eso un unipersonal, un espacio en el que se parara y lo pudiera pasar al lenguaje de la escena”.

En su debut como directora, Ofelia se confiesa obsesiva con la actuación, los gestos y las marcaciones. “Como actriz necesito que me dirijan, que me marquen en detalle. Y en la dirección traté de ir para ese lado, de lograr una actuación orgánica pero que estuviera llena de detalles, de matices, de capas”.

En el proceso de llevar los textos al escenario, la directora no escatimó intervención. “Para lograr el tipo de actuación que yo quería, que fluyera, que tuviera matices y capas que tuvieran que ver con los tonos, con los sobreentendidos, necesitaba todo el tiempo ir desarmando y rearmando los textos, y que la historia se fuera transformando en algo que íbamos recreando a medida que iba surgiendo el personaje, al que le íbamos inventando una historia, unos motivos que lo llevaban hasta el momento en que lo mostrábamos. Por suerte, Nacho en eso siempre confió en mí, apostó a la eficacia de lo que se mostraba en la escena y me acompañó en eso. Cómo se dice el texto, fue un pretexto”.

La obra la estrenaron en 2019 en el teatro La Manzana, pasaron por varios escenarios y fue premiada y seleccionada para diversos festivales y ciclos como Un escenario distinto del Teatro La Comedia (2021); Escenarios entre el mar y el río (Mar del Plata 2020); No estamos solos de Teatro La Morada (2019) y La semana del teatro independiente de ATIR Rosario (2019)

Desde que la estrenaron, la obra fue cambiando. “Nosotros estamos más grandes y también sabemos que la obra funciona, entonces, eso te da una tranquilidad que te ayuda y te despeja la cabeza para hacer un buen laburo. Uno confía en lo que hizo porque está probado, entonces empieza a jugar más. Al jugar más, muchas veces se arman mejores climas. En las últimas funciones se ha generado un ambiente hermoso. Es una obra medio de cámara, chiquita, con poca gente por lo general, toda reunida y se arma un clima de intercambio entre el actor y el público que es mágico realmente. Yo que la actúo, me quedan grabadas las caras de la gente mirando. Vos ves cómo los va atrapando y la atención y cómo les brillan los ojos, eso es fabuloso”, describe Ignacio.

“Cuando tenés una aproximación al teatro que es artesanal, la experiencia de las funciones es fundamental. Es una obra que para nosotros es una caja de sorpresas, diferentes públicos reaccionan muy distinto. Por ejemplo, se ríen o no se ríen en diferentes momentos, y eso inventa sentidos nuevos para las escenas y cambian la historia que se cuenta. De alguna manera, eso hace que la historia del personaje se vaya resignificando con el correr de las funciones, que vayan surgiendo capas de la historia que no habíamos imaginado”, apunta la directora.

La puesta en escena y estética de la obra surgieron a partir de los ensayos, las imágenes que les proponía el texto: “Dónde estaba este hombre, qué es lo que le pasaba, y logramos un lugar, una especie de lugar mágico donde hay cuatro objetos que no lo dejan salir y que es el lugar de sus recuerdos”, detalla Ignacio.

Ofelia destaca que “siempre pensamos que el clima de la obra tenía que ser onírico, que pasara como en un sueño, en un espacio indeterminado, una especie de limbo. Trabajamos con muy poca escenografía, con un espacio muy despojado porque la idea es que la historia se aparezca en un espacio que el espectador no identifique del todo, pero que por eso le resulte familiar. Que le hable a sus recuerdos, a sus propias obsesiones, a las heridas que todos llevemos. Pero a la vez, la idea que tratamos de transitar es que el humor nos rescata de eso, nos permite, no sé si sanar las heridas, pero por lo menos vivir con ellas y buscar nuevos caminos”.

Todos los viernes de septiembre, a partir de las 21, podés acercarte a La Usina Social (Jujuy 2844) para reírte con el dolor de Eduardo.

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