La Feria del Libro de Rosario demostró que le da pelota al más popular de los deportes. La importancia del Negro, el aumento de publicaciones futboleras en años mundialistas, y la pasión por el Rojo de Claudia Piñeiro.

El Mono Hernán Preciosa era un fullback del 9 de Julio de San Miguel, que en nada le hacía honor a su apellido, y sí más bien a su apodo. Era mañero, temible para tibias y mandíbulas ajenas. Resulta que un periodista deportivo devenido en visitador médico lo vio jugar un partido en el que a los 5’ metió un codazo criminal. Luego se lo cruzó en el bondi, en su regreso a Rosario, y compartieron asiento. La sorpresa fue cuando vio al rudo defensor leer Los heraldos negros, de César Vallejo. “Le pido una cosa. No le cuente a nadie esto de la poesía”, le dice el Mono al periodista-visitador médico.

La historia es del cuento que Roberto Fontanarrosa incluyó en El Rey de la Milonga y que lleva de título el nombre del libro del poeta peruano. Ya en la realidad, al defensor Ignacio Bogino le pasó en los inicios de su carrera, cuando escondía los libros en la concentración para no ser visto por sus compañeros. El entrenador Ángel Cappa decía que en el fútbol, en vez de ver una virtud en ser un tipo leído, lo acusaban de eso. Y así habrá miles de historias de jugadores que ocultaron su pasión por los libros dentro del vestuario. Y de escritores que se quedaron sin espacios en las editoriales porque en sus relatos estaba la pelota. 

Pero en los últimos tiempos, el viento cambió. Y sopló tan fuerte que unió al fútbol y la literatura. El proyecto Pelota de Papel lleva cuatro libros editados, escritos por ex y actuales futbolistas y deportistas. E incluso, otros ex jugadores –como Hugo Lamadrid, César Carignano, Macarena Sánchez, Kurt Lutman, Juan Manuel Herbella, Jorge Valdano– han lanzado obras propias.

Una pieza clave para que libros y pelota vayan de la mano fue, sin dudas, Roberto Fontanarrosa, a quien se homenajea con el nombre del centro cultural donde se desarrolla la Feria Internacional del Libro 2022, en Rosario. En los diversos stand y salas, la redonda rodó de lo lindo.

Un partido de novela

El que movió primero, el jueves de la inauguración, fue Santiago Garat (cronista de este semanario) con su Nos espera el mar, un libro plagado de cuentos futboleros. Este fanático de Central y autor de El sol era la pelota. afirmó en la presetación que “el Negro Fontanarrosa es el gran responsable de que yo escriba”. En la sala contigua y a la misma hora estuvo Matías Bauso, aunque no para hablar de fútbol. Quien escribió Historia oral del Mundial 78, Dirigentes, decencia y wines y El deporte en el cine presentó Argentina Bizarra.

El domingo 11 recibieron el pase Pedro Saborido y Miguel Rep, que tiraron paredes con Diego Maradona. Y, por supuesto, la descosieron. El guionista de Peter Capusotto y sus videos y autor de Una historia del fútbol, junto al reconocido dibujante usaron de excusa el libro Diego, nacido para molestar para recordar al más grande de todos los tiempos y su faceta político-social.

Para Marcelo Scalona, director de la Feria, en los últimos años “no es novedoso” este tipo de espacios dedicados al fútbol, aunque reconoce: “Esta vez habilitamos más mesas con esos libros. El fútbol es un factor cultural en la Argentina, antropológico. Forma parte de la épica”, le dice a El Eslabón. El escritor rosarino revela que “si elegí y acepté esas propuestas es porque participo de esas ideas”. A tal punto que su cuento El topo en el paraíso integra el nuevo libro Cuentos sobre fútbol para chicos y chicas (editorial Fundación Ross), que se presenta este sábado en el stand El Cuco no existe. En aquellas páginas también están las plumas de Jorge Isaías, Eugenio Magliocca, Inés Santa Cruz y Silvina Pessino. “Es toda una corriente histórica de Rosario. Acá jugaron Maradona, Kempes, de acá salió Messi. Rosario y la región tienen una fuente inagotable en su cantera”, agrega la cabeza detrás de la Feria, campeón con el equipo de La Vigil en los populares Juegos Evita y criado futbolísticamente en los potreros de Tablada, donde se jacta de haber jugado picados nada menos que con el Trinche Carlovich.

Las tapas de libros deportivos reposan en la mayoría de las mesas y estantes, desde el subsuelo, la planta baja, los entrepisos y hasta el tercer piso. “El libro Locos por los Mundiales se vende un montón, porque además regalamos la Copa del Mundo”, dice el encargado de las editoriales porteñas Bonum e Imaginador, y muestra una modesta réplica del deseado trofeo. Más adelante, el histórico librero Perico Pérez, señala los laburos de su sello editorial: “Estos de Central que son para los más chicos salen mucho”, dice en referencia a De chiquito yo te vengo a ver, de Fabián Bazán, y Angelito y los orígenes de Central

Este viernes salía a la cancha –al cierre de esta edición– la mesa “Rumbo a Qatar 2022, último mundial de Messi y Di María”, con Ernesto Cune Molinero (coautor del Atlas Mundial de Camisetas) y Gustavo Borsato (El gol menos pensado), con el periodista deportivo y comentarista Claudio Giglioni como moderador. “Hace unos 20 años por lo menos que en el mundo empiezan a producirse muchos libros con temática futbolera y deportiva. En los últimos 10, no recuerdo ferias del libro de Buenos Aires sin una mesa futbolística-deportiva. Y en la Feria de Rosario, también siempre hubo, según los últimos registros que tengo. No creo que sea un fenómeno aislado de lo que pasa en las librerías”, afirma Cune, también coautor de El último mundial. Un recorrido sensorial por Italia 90. “En los años mundialistas crece la producción, porque además hay aniversarios y ocasiones especiales. También se da el fenómeno de que se reeditan los libros, o que vuelven a las principales mesas de las librerías, que antes estaban relegados en la exhibición. Los mundiales generan un renovado interés”, le dice a este medio. 

A su lado estará el santafesino Borsato, que destaca la importancia de estos espacios: “Estos tipos de textos intentan valorar el poder del fútbol como fenómeno social y cultural que nos atraviesa en todos los órdenes de la vida, consciente o inconscientemente”. Y afirma que “un libro de estas características podría ser una oportunidad más para interpretar ese fenómeno como un aporte a la reivindicación del fútbol, no como deporte solamente”.

La grilla futbolera continuará este sábado, desde las 19.30, con un homenaje al Negro Fontanarrosa, del que participarán el autor de Wing de metegol, Picado grueso, El día del arquero y actual director de la Biblioteca Nacional, Juan Sasturain; junto a Flor Balestra, Ana María Shua y Horacio Vargas. “Celebro el aterrizaje de esta temática en las Ferias del Libro. Como en otras disciplinas, el deporte era algo «menor»”, comenta Balestra, que aportó ilustraciones y más en todas las ediciones del libro Pelota de Papel. “Cuando me convocaron” para ese laburo colectivo “me resultó alucinante la propuesta”, porque “los cuentos de futbolistas son deliciosas historias de vida. Y lo que es mejor aún, prendió mucho en la pibada que no leía libros”.

El domingo 18 será el cierre. Y como es domingo, el fútbol no puede faltar. Ricardo Gotta saca a jugar a Los 7 locos del fútbol, esos wines que tanto dentro como fuera de la cancha jugaban al borde de la raya. “Hasta hace unas décadas eran muy escasos los libros futboleros que se presentaban en las ferias”, confiesa el escritor y cronista de Tiempo Argentino, diario autogestionado. Y asegura que es un “fenómeno en crecimiento”, que pudo corroborar con su última obra, en comparación con Fuimos Campeones. La dictadura, el Mundial 78 y el misterio del 6-0 a Perú y Cábalas del Fútbol, desde el ’86 hasta hoy. “Sucedía que se entremezclaban con otro tipo de literatura, con el resto de las ediciones. Pero con el correr de los años, hasta se generan bateas especiales para literatura deportiva, sean investigaciones, sean ficciones, sean ensayos. Lo mismo ocurre con las charlas sobre esos libros”.

El Reino de Copas

Foto: Cande Robles

La figurita difícil de la Feria, ya que estamos en tiempos de Mundial y del álbum, fue la reconocida escritora Claudia Piñeiro, encargada de la apertura. Allí salió con los tapones de punta contra la violencia narcocriminal en Rosario, contra el intento de magnicidio a Cristina Fernández de Kirchner, y sobre todo, contra el ecocidio que se produce en las islas del Delta de Paraná. Ni su discurso inaugural ni sus libros guardan relación con el fútbol. Pero la autora de Catedrales, Tuya, La viuda de los jueves y tantas obras más es simpatizante de Independiente por herencia familiar y en 2014 armó un equipo de escritoras para lanzar Las dueñas de la pelota, un libro de cuentos de fútbol escrito por mujeres. Ella tuvo a cargo la selección y el prólogo, que reza: “El fútbol es territorio de hombres. Y, si una mujer se atreve a pisar ese territorio, deberá soportar la desconfianza, la subestimación y una cierta molestia por participar de una fiesta a la que no fue invitada”.

La cabeza detrás de la serie El Reino presenta al plantel: “En medio de este clima inhóspito, aparecemos en la ancha nosotras, catorce jugadoras dispuestas a embarrarnos en textos relacionados con el fútbol, deporte que muchas veces nos apasiona, pero en el que tratan de hacernos creer que estamos de prestado”. Aquí están, éstas son: Esther Cross, Ana Marìa Shua, Gabriela Saidon, Betina González, Gabriela Cabezón Cámara, Selva almada, Alejandra Laurencich, Alejandra Zina, Sandra Lorenzano, Débora Mundani, María Rosa Lojo, Susana Szwarc y Fernanda García Lao.

Flor Balesta, en la previa a su turno en la Feria, grita “¡Al fin!”, ya que “hay miles de mujeres apasionadas por el fútbol y jugando al fútbol, y mujeres escribiendo sobre fútbol y deporte. Relatoras, comentaristas, críticas, periodistas, locutoras. El mundo femenino sale a la superficie y es un logro nuestro, de las mujeres”.

Lo que se dice un ídolo

Roberto Fontanarrosa reunió en su libro Puro fútbol sus textos desparramados en otros títulos, y que tenían al deporte de la redonda como protagonista. Se alejó de la ficción en No te vayas, campeón para recordar jugadores y equipos memorables. Y al igual que Piñeiro, también armó plantel propio en Cuentos de fútbol argentino. Ahora, en el espacio que lleva su nombre se respira literatura y fútbol, como le gustaba. Las y los entrevistados para esta nota coincidieron en la importancia de su pluma para este buen presente de los libros futboleros.

“Él hizo mucho por el relato de fútbol. Entendió que los valores populares y sociales se dirimen en el fútbol”, reconoce Scalona, y recomienda: “Al Negro hay que leerlo más allá del entretenimiento. Siempre guarda en sus relatos una mirada poética, política y social”.

Cune afirma que el autor de El Área 18 “hizo mucho porque se dedicó a escribir desde una perspectiva muy humorística, muy costumbrista, pero con una mirada muy aguda del fenómeno del fútbol, lo que pasa dentro de la cancha, lo que pasa fuera, alrededor”. Además, le suma virtudes: “Otro gran aporte de Fontanarrosa, quizá sin proponérselo, fue que muchos se largaron a escribir sobre fútbol. Futbolistas, periodistas, escritores, se animan a escribir. Generó, además de lo disfrutable de su literatura, un estímulo para otros”.

Para Borsato, el humorista rosarino “debería ser considerado como uno de los tantos héroes sociales que desde su inteligencia hicieron de la palabra una herramienta con poder de identidad, que como pueblo somos y se exhibe, por ejemplo, a través del fútbol”.

Gotta reafirma que “el Negro es y será un extraordinario referente tanto para los escritores de literatura deportiva como la de otras temáticas”, ya sea por “su trabajo literario excepcional; su presencia y su capacidad reflexiva puesta en papel o en sus disertaciones; su pasión futbolera (que tuve la dicha de compartir en muy diversos encuentros); su recuerdo”.

Por último, Flor Balestra aporta que “el Negro hace leer a gente que nunca leyó en su vida, y metió ese tema del fútbol y sus avatares, que estaba soslayado, en el centro mismo de la literatura”. Y remata: “Son geniales y divertidos y a veces de una profundidad que está en la superficie misma. Por eso son de tan fácil llegada y nunca eso les restó calidad y talento”.

En la Feria del Libro de Buenos Aires de 1995, una mesa reunió a Roberto Fontanarrosa, Osvaldo Soriano y Juan Sasturain, entre otros. El moderador, Juan José Panno, anunció la temática de ese espacio: “fútbol y literatura”. El Negro tomó el micrófono, y lanzó: “Fútbol y literatura. Ajá. ¿Y me querés decir quién cuernos va a hablar de literatura?”.

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