El referente del Grupo de Curas en Opción por los Pobres opinó que “ante la avaricia de los poderosos hay inacción del gobierno” y alertó que una vuelta al macrismo causaría más pobreza. Un zoom a la crisis socioeconómica desde el conurbano bonaerense profundo.

Francisco Paco Olveira, del Grupo de Curas en Opción por los Pobres, camina por el siempre gravitante conurbano bonaerense, donde se concentra alrededor del 30 por ciento de la población del país. “Más allá de la misa del domingo, no tengo días estructurados, dejo que la vida me vaya mostrando las cosas”, dice antes de emprender sus diversas y aleatorias actividades vinculadas al trabajo social, donde con fe popular combina servicio religioso con acción política. Su cosmovisión constituye un termómetro de la coyuntura socioeconómica que atraviesan los que menos tienen. Sus reflexiones hacen zoom sobre lo que pasa en el territorio.

El padre Paco se mueve entre el histórico barrio Isla Maciel, en Avellaneda, a orillas del Riachuelo, y el asentamiento Eva Perón, en la localidad de Libertad, en el partido de Merlo, donde está a cargo de la capilla Enrique Angelelli, nombre que homenajea al obispo católico asesinado por la última dictadura. Desde allí atiende el teléfono para conversar con El Eslabón, mientras despuntan los primeros mates de la mañana. “Estaba escuchando en la radio un análisis del proyecto de Presupuesto 2023. Y la verdad, parece más armado por la derecha que por un gobierno peronista”, se disgusta.

El sacerdote mantiene un respaldo crítico hacia el gobernante Frente de Todos, opina que “Alberto le tendría que haber hecho más caso a Cristina”, habla de los discursos y actos de odio y del rol de los medios de comunicación dominantes, y destaca la prédica del Papa Francisco como una “primavera” para la Iglesia. Con vistas a las elecciones presidenciales del próximo año, desea que la vicepresidenta CFK sea “la conductora para la siguiente etapa de nuestra patria”.

En este sentido, asocia una hipotética vuelta del macrismo al poder a una “catástrofe” política y socioeconómica. Asegura que “la propiedad privada conlleva una hipoteca social, y que antes de la propiedad privada está el destino común de los bienes”. Entre un sinfín de necesidades urgentes, el párroco señala como un grave problema la escalada de precios que licúa ingresos y sumerge a millones de personas en la pobreza y la indigencia, mientras las empresas alimenticias abultan ganancias.

Trabajo comunitario

Olveira llegó en 1987, con 23 años, proveniente de España, su país natal. En Argentina terminó sus estudios y se ordenó sacerdote. Empezó a trabajar en barriadas populares del conurbano bonaerense. También anduvo por zonas rurales de Paraguay y Colombia.

“Escuchaba mucho sobre las revoluciones centroamericanas –recuerda–. El Che Guevara es una figura importante para mí, y una vez que vine a Argentina me acerqué al peronismo, por el sentir de las mayorías. El Grupo de Curas en Opción por los Pobres es la continuación del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Además de Angelelli, nos referenciamos en el padre Carlos Mugica, asesinado por la dictadura”.

El padre Paco es uno de los artífices de la Fundación Isla Maciel. Movilizado por la solidaridad, comenta: “En los barrios tenés que estar preparado para las marcas de la vida. Un día tenés un problema por violencia de género, muchas situaciones individuales, o te quedaste sin gas para el comedor. Prestamos algunos servicios, tenemos comedores y realizamos trabajos de organización comunitaria, actividades recreativas, culturales y formativas. Siempre con la meta de lograr una vida digna para todas y todos los que se encuentran en situación de vulnerabilidad social”.

—Desde su trabajo en el conurbano bonaerense, ¿cómo se ve y se siente el actual contexto social y económico?

—Hay presencia del Estado. Esto no es 2001. Hay políticas que vienen de la época de Néstor y Cristina. Hay políticas sociales del gobierno nacional, que por medio de distintos programas, como Tarjeta Alimentar, refuerzan la presencia del Estado. Pero el problema es que la inflación se lo termina comiendo todo, golpea principalmente en el bolsillo de los más pobres. Acá la mayoría de los ingresos se gasta en alimentos. También digo que en el barrio, en estos últimos tres años, hubo transformaciones importantes fruto del trabajo de la comunidad organizada junto a un Estado presente. Porque además necesitamos avanzar en la urbanización de estos barrios populares en busca de mayor integración. Es importante que esté casi terminado el polideportivo y que se pueda avanzar también en la prestación de servicios que no tenemos o en asfaltar calles.

—¿Qué reclamos escucha? Algo mencionaba sobre la problemática de la alta inflación. Desde el Grupo de Curas en Opción por los Pobres, incluso, venían pidiendo al gobierno un cambio de rumbo.

—La gente sigue luchando, peleando día a día, pero se hace muy complicado. Además de la cuestión de los precios, el empleo, los ingresos, necesitamos mejor educación, tierra, vivienda. En el conurbano nos vamos amuchando cada vez más, por eso hay tomas de terrenos. Es muy difícil salir adelante, porque estructuralmente nos falta mucho. La plata no alcanza. No sé, hoy es muy difícil pensar, por ejemplo, en comprar una heladera o un colchón. Y ante la avaricia de los poderosos, lo que se ve es mucha inacción del gobierno, mucho dejar hacer.

 —¿Piensa que hay cierto desacople entre parte de la dirigencia política, algunos medios de comunicación y la realidad cotidiana de la gente?

—Hay medios de comunicación que responden a intereses concentrados y entonces no quieren ver a un gobierno nacional y popular ni por asomo. Y de ahí la persecución mediática y judicial a Cristina Fernández de Kirchner. Si Alberto le hubiese hecho más caso a Cristina quizá hoy sería un gobierno con mayor fortaleza para enfrentar a los poderes fácticos, a estos sectores que hacen lo que se les da la gana, como ocurrió con el llamado dólar soja. Primero no liquidaron los granos para presionar, cuando ya estaban ganando fortuna. Es una vergüenza. Con gente así no hay posibilidad de diálogo porque no hay puntos de encuentro. Lo único que les interesa es su bolsillo y les importa un carajo el bien común.

—También la economía está bastante limitada por los compromisos asumidos en el acuerdo con el FMI.

—Sin dudas, la deuda con el FMI que contrajo Macri nos dejó atados de pies y manos. Nos tenemos que preguntar si tendríamos que haber firmado ese acuerdo, porque estamos legitimando una deuda ilegítima. Esa deuda fue para intentar que Macri ganara las elecciones y encima esos dólares los fugaron del país. Vivimos en un mundo globalizado, eso lo entiendo, lo que no entiendo es que mi vecina no pueda llevar a sus chicos a la escuela porque no tienen zapatillas. Estas son las consecuencias de la crisis. El neoliberalismo hace mucho daño. Tuvimos a Macri durante cuatro años y nos dejó en la lona.

—De cara al 2023, Macri pareciera aspirar a tener un segundo tiempo…

—En el primer tiempo ya perdimos por goleada. Si vuelve la derecha directamente nos expulsa de la cancha y todo será peor. El macrismo está diciendo que frente a los reclamos y protestas meterá bala. Patricia Bullrich ni siquiera fue capaz de condenar el atentado contra Cristina. No soy economista, pero sí sé el país que Macri nos dejó.

—¿Y que dejó el paso de la pandemia sanitaria? Al revés de lo que imaginaron algunos, se percibe una sociedad cada vez más disgregada.

—Como sacerdote siempre tengo esperanzas. Pero durante la pandemia decía que no tenía la menor esperanza de que salgamos mejores. Las personas que tienen un corazón solidario, en la pandemia se pusieron al frente, mucha clase media ayudó. Ahora, los garcas aprovecharon para ser más garcas. Gente y empresas que hicieron fortunas durante la pandemia a costa del hambre del pueblo. Fijate que lo mismo dijeron sobre la etapa pos intento de asesinato contra la vicepresidenta, que después de ese terrible suceso íbamos a salir un poco mejores, pero parece que no aprendemos.

—¿Cuál fue su primera reacción cuando vio la imagen del magnicidio fallido contra la vicepresidenta? 

—Horror. Después dar gracias a Dios y a la Virgen por protegerla. Y también pensé que en algún momento se iba a dar una situación así. Tanto discursos de odio que terminan generando actos de odio, como dijo el Papa. Y después del intento de magnicidio, los discursos de odio siguen a la orden del día.

—¿Cómo evalúa el encuentro con la vicepresidenta de semanas atrás del que participaron curas en opción por los pobres, curas villeros y hermanas religiosas?

—Fue un acto religioso, de agradecimiento. A Cristina la vi muy fuerte y centrada. Nosotros luchamos al lado de los más pobres, de los más humildes, y reconocemos en Cristina que ha tocado intereses de los poderosos. Y por eso sufre violencia y odio. Durante el acto se mostró una bandera con una frase del mártir riojano Wenceslao Pedernera (integrante del Movimiento Rural Cristiano, asesinado por la última dictadura), que decía «no odien», frase que él mencionó a su mujer y a sus hijas cuando estaba tirado en el piso antes de morir. El odio es para flojitos. El odio es desear el daño al otro. Yo deseo que Macri devuelva la plata del Correo, deseo que nunca más vuelva al poder, ni él ni sus parecidos, pero no odio su persona. Si bien no es mi amigo y estoy en las antípodas, Jesús nos pide que amemos a nuestros enemigos.

Fue muy comentada la gorra con la inscripción CFK 2023 que usted llevó a ese acto.

—Cristina representa logros sociales y económicos y representa una esperanza. Es un deseo personal. Creo que la mejor conductora para la siguiente etapa de nuestra patria es Cristina. También sabemos que es muy difícil que la dejen gobernar. A mí me gustaría, es la dirigente que nos puede volver a llevar por senderos de justicia e igualdad. Por eso llevé la gorra y la dejé sobre la mesa.

¿Cómo analiza en la actualidad la participación de los jóvenes en la vida política?

—Hay un avance de la ultraderecha en diferentes partes del mundo. Con los jóvenes tuvimos momentos mejores, como en los años de Néstor y Cristina. Hoy muchos jóvenes están alejados de la política, tienen una imagen negativa de los políticos y ven esperanzas en gente de derecha que lo único que saben hacer es empeorarles todos sus problemas. Es una realidad y un desafío a la vez. Los que quisieron asesinar a Cristina tienen entre 20 y 30 años. Antes, en los años 60 y 70, se tomaban los armas para cambiar una situación de explotación. Hoy se quiere matar a los que pelean por los intereses del pueblo. Todo muy cambiante y preocupante.

¿Considera que las elecciones en Brasil son determinantes para la región?

—Como decía, en el mundo hay un avance de la extrema derecha que parece apropiarse de ideales que antes eran de izquierda. Por suerte Trump ya fue, en el caso de Brasil con Bolsonaro, la posibilidad de la vuelta de Lula genera una esperanza. En América latina surca el tema del lawfare y la persecución judicial-mediática contra líderes populares. En varios países se fue revirtiendo un poco la cosa, en Bolivia, Chile, Colombia, Honduras, Perú, pero hay tanta contra que a veces las alegrías duran poco.

El Papa Francisco, entre otros postulados plasmados en su encíclica Fratelli Tutti, es muy crítico del individualismo, del neoliberalismo, de la especulación financiera y de los medios de comunicación.

—El Papa Francisco es hoy la figura religiosa con mayor influencia social y política en el mundo. Debe estar sufriendo con el triunfo electoral de (la dirigente neofascista) Georgia Meloni en Italia. Tiene mensajes muy claros donde aboga para que los estados hagan de árbitro en la economía. No cree en el libre mercado porque es contrario a la doctrina social de la Iglesia. Sin adornos discursivos habla contra el lawfare, contra esas formas de instalación de mentiras. Dice que algunos medios de comunicación y periodistas caen en la coprofilia, en la atracción y el gusto por la mierda, por lo sucio. El Papa levantó banderas que los curas en opción por los pobres venimos defendiendo casi en soledad. Quizá después llegue un nuevo Benedicto, pero hoy Francisco es una primavera en la Iglesia.

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