El Elenco Estable de la Gurruchaga presentó Seis personajes en busca de autor, una adaptación de la obra de Luigi Pirandello. Más de 25 años haciendo teatro desde la escuela, desde el estudiantado, y con carácter profesional.

El teatro en la Gurru es algo que se respira. Es el eje de una de sus terminalidades −porque es una escuela técnica−, y se abre a las otras no sólo porque antes de elegir año todos comparten la materia en primero, sino porque la pibada entera, a partir de cuarto, haya elegido Agro, Info o Diseño y comunicación −Arte, como aún se le dice en los pasillos a modo de resistencia− puede anotarse para integrar el Elenco Estable de la Gurruchaga, que hace más de veinticinco años viene presentando obras de teatro −durante la pandemia fue una miniserie− actuadas íntegramente por les estudiantes.

Afuera del centro cultural, espacio de la escuela donde ensaya el elenco y se dan las clases de teatro, se ve un mural que dice: “El teatro es nuestra identidad”. Santino, actor y estudiante de sexto, comenta que su curso hizo ese mural. “A mí el teatro me gusta mucho, y ese mural me representa a mí también”, y cuenta que siente un “cariño profundo por el elenco, me he podido encariñar con gente que es muy buena para mí y que me gusta mucho”. Y no deja de referirse al trabajo, a la comodidad con los compañeros, y a compartir sentimientos parecidos por el teatro. 

A la gorra

Este año se presenta una adaptación de Seis personajes en busca de autor, obra estrenada por primera vez en 1921, escrita por Luigi Pirandello. “Es una adaptación primero porque las obras de hace muchos años siempre tienen que tener un poco de adaptación, manteniendo la base que se escribió pero pudiendo hacer cierto paralelismo con el contexto actual, lo que se está viviendo ahora”, señala Miranda Postiglione, actual directora del Elenco de la Gurruchaga, en charla con El Eslabón, “y por otro lado, porque el elenco actual tiene 13 actuantes, así que hay personajes que en la obra original no existen”. Y agrega que, si bien en el elenco algunos tienen más participación dependiendo de cuántos años lleven y cuántos años les queden hasta terminar, en esta obra la cuestión es distinta porque están todos arriba del escenario todo el tiempo, y por más que no tengan texto, están sosteniendo la escena. 

La obra es a la gorra y, por lo que relata Miranda, siempre ha sido así. Allá por el 2018, año muy crudo a nivel económico, y en el marco del Semillero −un festival de teatro que se realizó varios años en el centro cultural de la Gurru con obras en las que hubiera participación de ex alumnes− fue el único momento en que eso se puso un poco en discusión. Sin embargo, siempre hubo consenso de que en cualquier obra que se dé en el Centro cultural Gurruchaga, va a entrar cualquiera, aunque no tenga plata. “Tanto docentes como ex alumnes empezamos a repensar ciertas cuestiones. Poner un número fijo determina, inevitablemente, por más que ese número fijo sea menor a lo que sale una obra de teatro, que alguien pueda o no pueda entrar. Y creíamos que la gorra era poder militar la gorra consciente, hablar de lo que significa hacer una obra de teatro, todo el proceso que lleva de ensayos, de funciones, de cuerpos, del trabajo no pago que implica (los ensayos nunca se pagan). Pensamos en poder concientizar la importancia del trabajo artístico y cultural en la ciudad pero sin dejar a nadie afuera”. 

Este año, la gorra fue como un decreto. Cuando la pibada estaba haciendo los flyers, sin ni siquiera preguntar, ya habían escrito allí “entrada a la gorra”.

El elenco

El Elenco Estable de la Gurruchaga no es una hora cátedra de la escuela, sino algo aparte, con ensayos los martes y jueves de 18 a 20 en el Centro Cultural, un espacio donde hay un escenario y, abajo, un lugar amplio, en el que también se dan las clases de teatro que sí están −lucha de por medio− en la currícula, como materias o talleres. Una docente histórica de teatro en la escuela una vez contó que el elenco fue una propuesta de parte del estudiantado que tenía interés particular en teatro y quería un lugar especial para poder desarrollarlo, y algunos docentes de ese entonces se acoplaron. Hoy día, “es una elección de cada alumne”, dice Miranda. 

“Pasaron diferentes directores. El anterior fue Pablo Coppa, que estuvo más de quince años, y ahora es director de la escuela. Cuando terminé la secundaria, Pablo me convocó a ser parte del elenco más para acompañar, un lugar como de asistencia, para pensar en la estética de la obra en un sentido visual, de utilería, vestuarios. Hace más de diez años que estoy en el elenco, y desde 2017 empezamos a dirigir juntes. En 2019 empecé a tomar la posta y de 2020 en adelante dirijo yo sola”, relata Miranda.

“También el elenco siempre fue un espacio en el que se pensó el teatro desde un lugar profesional, opina. “Poder hacer algo bello estéticamente, artísticamente, un producto teatral profesional pensando a les alumnes no haciendo escenas de una escuela secundaria, sino como alumnes capaces de hacer un montaje profesional, para después, si elles deciden dedicarse a eso profesionalmente, sea actuación, dirección, o cualquier rol del teatro o el cine, puedan tener cierto recorrido y construcción desde ese lugar. Por eso es un espacio que se elige, que no es parte de la currícula institucional”. 

“El elenco –define Miranda– es un transitar desde un lugar donde se trabaja mucho lo artístico, lo profesional, lo teatral, y también lo vincular”. Cuenta que le gusta pensarse desde un lugar de coordinación dentro del elenco, porque si bien realiza el rol de directora, “todo lo que hago que no tiene que ver con la puesta en escena es una coordinación en la que se viven los ensayos de una forma bastante horizontal”. También el elenco es muy distinto cada año porque la gente va cambiando, se suman nuevos, otros terminan la secundaria, otros se quedan, “entonces hay cuestiones que se van transformando, se van modificando y se van reconstruyendo”. 

“Sí estamos de acuerdo todes les que venimos hace varios años, tanto ex alumnes como alumnes que están actualmente, que es un lugar en el cual se viven otras cuestiones que están más cercanas a la empatía, al compañerismo, a la solidaridad, aparte de lo teatral profesional. Es un lugar en el que cada une tiene una individualidad que es muy importante, pero también sabe que esa individualidad hace que lo grupal funcione o no funcione, si se cae une, se cae todo. Pero también entender que no dejan de ser adolescentes, no dejan de ser alumnes dentro de una institución. Podemos tener nuestros días cualquier persona, no importa la edad, pero dentro de lo que conlleva la adolescencia, el estar encontrándose o construyendo ciertos pensamientos, ciertas ideas, ciertos caminos que pueden modificarse en cualquier momento de nuestra vida, se piensa mucho en poder apoyar o acompañar a la persona que en ese momento no lo pueda dar todo”, comenta.

La obra se presentará los jueves y los viernes de octubre, así como el primer jueves y viernes de noviembre.

¡Sumate y ampliá el arco informativo! Por 700 pesos por mes recibí todos los días info destacada de Redacción Rosario por correo electrónico, y los sábados, en tu casa, el semanario El Eslabón. Para suscribirte, contactanos por Whatsapp.

Más notas relacionadas
  • Atravesando el estigma

    El miércoles pasado se presentó el libro De ladrones a narcos, de Eugenia Cozzi. Reconocer
  • El fuego especulador

    Entre inacciones y postergaciones, vuelve a activarse el reclamo contra las quemas. Reflot
  • Avanzando sin permiso

    Allí va, cantando como la cigarra, La Bartolina, colectivo de trabajadores del arte que pe
Más por Agustín Herrera
Más en Cultura

Dejá un comentario

Sugerencia

Filosofía, carrera estratégica para el desarrollo del país

Este año, el Programa Nacional de Becas Manuel Belgrano sumó estos estudios considerados p