¡Rrrrrmmm! … ¡Rrrrrmmm! … ¡Rrrrmmm! … La mano gira el acelerador, poniendo el motor a punto. Cuando siente que ha logrado suficiente potencia, arranca. No de a poco, como se recomienda hacerlo, sino de golpe.

La moto pega un brinco y sale con la rueda delantera en el aire. La caja de repartos cae hacia atrás, y dentro de la caja el pedido: cuatro pizzas de tomate y queso. Cuando la rueda delantera se apoya sobre el piso, las pizzas se corren hacia el medio de la caja: ninguno de esos movimientos le resulta extraño.

Hace un par de cuadras en dirección al norte y después gira a la derecha, internándose en la avenida de doble mano. Va sobre el costado izquierdo de los vehículos que se desplazan por allí, automóviles particulares, taxis, alguna chata, colectivos, buscando adelantarse cada vez que puede. Al hacerlo, algún bocinazo suena, no como saludo, sino como protesta.

No le importa. Detrás de la pantalla transparente que le cubre el rostro sus ojos se mueven con agilidad. Mira todo lo que le rodea, vehículos en movimiento, estacionados, peatones, perros sueltos o llevados por sus dueños con correa, barriendo el espacio, atendiendo a las coordenadas de lugar y tiempo que regulan su marcha.

Ahora aparecen unos puntitos de colores, azules, rojos, anaranjados. Los puntitos se mueven de un lado a otro, dibujando figuritas: una casita, un árbol, tres estrellas. Sacude la cabeza y los puntitos desaparecen, para que reaparezcan los vehículos y los peatones.

Ya lleva recorridas unas trece o catorce cuadras. Mira hacia las dos esquinas que surgen ante sus ojos, buscando donde doblar: comprende que debe hacerlo hacia la izquierda. Dobla, atravesando la línea de un coche que viene en sentido contrario por la mano opuesta. La puteada del conductor resuena, estentórea, perdiéndose hacia atrás, junto con el coche que no detiene su marcha.

Llega finalmente a la dirección anotada en la boleta que lleva en el bolsillo. Toca el timbre, varias veces. Una voz pregunta por el portero eléctrico: ¿quién es?

¡De la pizzería!, responde.

Sale una chica a recibir el pedido. Lo entrega, saluda con un gesto, y parte nuevamente.

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