En Galería Jamaica pueden visitarse las obras Santa Pereza, de Nazareno Marengo, y Pateando basura, de Cristian Osuna, que contaron con el acompañamiento de Maxi Masuelli en la curaduría.

La galería que lleva adelante Federico Cantini no es sólo un espacio de exposición, es además un lugar de encuentros e intercambio para toda una franja del arte de la ciudad. Allí se genera y aloja un buen número de proyectos con impronta propia. Cristian Osuna y Nazareno Marengo son dos jóvenes pintores rosarinos. Ambos toman como insumo de trabajo su entorno cercano y reflexionan y discuten sobre la práctica pictórica en el contexto de las manifestaciones contemporáneas. Un enfoque clave para pensar sus proyectos en compañía de Maxi Masuelli.

Para Santa Pereza, Nazareno concibió una pintura sobre madera de grandes dimensiones montada sobre el techo simulando un mural. Para ello se recurrió a un dispositivo de montaje preparado específicamente para la primera sala de la galería. La imagen representa un paraíso, pero diferente al de los murales de las cúpulas de antaño. Aquí no se muestra un cielo incorpóreo, espiritual o mítico, sino que se habla de un universo de labores creativos donde se filtran datos de la vida cotidiana, fundamentalmente ligados al trabajo de taller. Si alzamos la vista, notamos una composición radial que articula una serie de personajes que realizan acciones diversas pero hermanadas: pintar, hachar, trasladar obras, descansar, cocinar. Un bucle sin principio ni fin, en el marco de un tiempo sin tiempo, no atado a la tiranía del reloj, sino volcado sobre sí mismo como una rueda. 

Recurriendo a una imaginería muy reconocible y estudiada, Nazareno rechaza la hiperproductividad y el malestar que ésta genera y hace una reivindicación muy concreta. Si queremos entenderla, sólo hay que mirar hacia arriba y ubicar en su justa medida la labor creativa, desvinculándola de la demanda continua de producir. Esta pintura llena de rodillos, latitas de cervezas, estantes y cocinas, parece una proclama que busca subvertir los órdenes de lo usualmente valorado para “tomar el cielo por asalto”.

Entre el grupo de obras que componen Pateando basura hay una pintura de mayor formato que presenta un espacio interior en colores desaturados. La luz se filtra por uno de los costados ampliando el espacio y alcanzamos a ver una silla de la que cuelga una campera y unas llaves sobre una mesa. Alguna acción está a punto de suceder o, tal vez, ya sucedió y sólo podemos conjeturar, a partir de las huellas que el artista deja, de qué se trató. Osuna también construye a partir de lo más cercano, pero pronto va dirigiendo a su obra hacia una reflexión sobre la práctica misma de pintar, su historia y también su devenir, llenando el lienzo de referencias y guiños al espectador en una obra densa y compleja.

En las paredes de esta segunda sala se intercalan, además, sus características casas bajas ahora envueltas en penumbras y los retratos de varios de sus pares generacionales: pintores y amigos. En estos cuadros el barrio deviene espacio de identidad y reconocimiento mutuo. Sus melancólicos paisajes suburbanos están cargados del misterio de la nocturnidad y de la magia del encuentro con el otro. Sus escenas evocan esas juntadas en las esquinas o en las plazas que implican largas caminatas a la luz de los reflectores o de las ocasionales luces de las casas. Mirar estas pinturas devuelve la sensación de ensimismamiento que trae ese deambular sin rumbo fijo en compañía de los amigos. Aquel mismo tiempo al que también alude Nazareno y que en la obra de ambos prueban su enorme fuerza como motor del deseo y la acción.

Hay tiempo de visitar Santa pereza y Pateando basura hasta el 25 de noviembre, de martes a viernes de 15 a 19, en Galería Jamaica (Rodríguez 211).

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