Las Abuelas recibieron a referentes de Textiles Pigüé y celebraron como un dato esperanzador la actualidad de esa empresa recuperada: suba de la producción, casi 200 puestos de trabajo y proyectos para un desarrollo integral, como el del barrio propio.

Sus pañuelos, se sabe, son “las joyas” que las Abuelas de Plaza de Mayo honran y atesoran del mejor modo: compartiéndolas a personalidades, dirigentes y militantes representantes de los más diversos actores sociales, como obsequio de reconocimiento a sus haceres y a la vez como herramienta de concientización para el sostenimiento en el seno del pueblo de aquello de Memoria, Verdad, Justicia. “Necesitamos que sean en una tela en la que se pueda escribir y el texto no se borre”, fue el pedido que habían recibido en la cooperativa Textiles Pigüé, a través de Victoria Montenegro, nieta recuperada, hoy legisladora de la ciudad de Buenos Aires y con fuerte vínculo tanto con Abuelas como con los trabajadores y trabajadoras de la ex planta de Gatic ubicada en la localidad del sur bonaerense, a la vera de la ruta 33.

No fue la primera vez que en la empresa autogestionada confeccionaban esos territorios de tela tan emblemáticos para Abuelas y Madres. Pero esta vez, los enviados a entregar la nueva remesa se volvieron a Pigüé con un orgullo muy especial, que además permitió comprobar de inmediato que la solicitud respecto del tipo de tela fue cumplida: se llevaron una de las joyas-pañuelos con una dedicatoria a la cooperativa rubricada por Estela Carlotto. El regalo llegó al final de un buen rato de charla en el que las Abuelas y sus colaboradores más cercanos se informaron sobre la situación actual de la cooperativa, a la que consideraron una muestra de que “las cosas en el país están mejorando un poco, y pueden mejorar mucho más”, tal como resumió la propia Estela.

Si la realidad de Textiles Pigüé entusiasmó a Carlotto y el grupo que la acompañó en el encuentro, es por la contundencia de ciertos datos de los que dieron cuenta sus interlocutores en la ocasión, que fueron Francisco Martínez y Pedro Sánchez, ambos integrantes de la actual conducción de la organización de la economía solidaria y también del grupo de ex empleados y empleadas de Gatic que en 2004 empezaron a conjugar los verbos ocupar, resistir, producir, paridos hace más de tres décadas por el Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas. 

Es que en la fábrica que perteneciera a la firma emparentada con Adidas y otras marcas otrora líderes, el clima y los temas de charla de estos días son distintos a los de otros momentos como el de mediados de la década pasada, cuando hubo que multiplicar esfuerzo, ingenio y compromiso colectivo para evitar que el estancamiento del consumo interno y la actividad económica, más las políticas de ajuste con tarifazos y apertura de las importaciones del macrismo, derivara en una reducción de puestos de trabajo, que por entonces eran algo más de cien.

Ahora, son más de 180 los vecinos y vecinas de Pigüé que encuentran en la fábrica recuperada una fuente de trabajo digno y con un plus: tener voz y voto a la hora de decidir todo lo atinente a la conducción y la marcha de la planta que les pertenece en tanto asociados a la cooperativa.

Así, Textiles Pigüé es la principal fuente de laburo no estatal de la localidad de más de veinte mil habitantes que hoy la cobija y disfruta, tras una historia de casi veinte años en los que no todo fue color de rosas. No fueron pocos los que desconfiaron y hasta intentaron trabar la ocupación y la resistencia de los inicios del proceso, tanto en el pago chico como a nivel provincial y nacional, hasta que “nos respaldó Néstor Kirchner” –recordó Martínez ante las Abuelas– y la cosa pasó de represión policial a acompañamiento estatal para avanzar en pos del objetivo inicial principal: no pasar a engrosar el ejército de desocupados y abandonados a su suerte de resquebrajamiento económico, familiar, vital.

Los avances desde entonces fueron lo suficientemente concretos y positivos para que las expectativas también crecieran. Y tuvieron que ver con ciertas actitudes y definiciones que surgieron de los pioneros y pioneras de la recuperación, como las de convocar a profesionales y técnicos para lograr niveles y calidades de producción competitivos, gestionar con paciencia y constancia la titularización de la planta a nombre de la cooperativa, apelar al Estado para que acompañe el financiamiento de una empresa sin más capital inicial que la fuerza de trabajo de sus nuevos dueños, reinsertarse en el mercado entendiendo y afrontando sus inevitables reglas y leyes, pero sin permitir que las mismas primen por sobre el objetivo inicial principal. “Jamás el mercado definirá la suerte de un compañero de nuestra empresa”, reiteró Martínez en el reciente encuentro con integrantes del organismo de defensa de los derechos humanos, en el que también informó sobre un hito de los más recientes y resonantes: la adquisición de un predio de diez hectáreas para levantar un barrio que haga realidad el sueño de la vivienda propia para muchos de los asociados a la cooperativa.

“Él, por ejemplo, que es el director y fue presidente de la cooperativa, no tiene casa propia todavía”, indicó en ese momento de la charla Sánchez, apuntando a Martínez. “Para él entonces tiene que ser la primera que se construya”, sugirió enseguida Carlotto. “Conociéndolo como lo conozco, no creo que eso vaya a ser así, sino más bien al contrario”, terció Montenegro, siempre aludiendo al Manteca, tal como se conoce al referente de los textiles de Pigüé, que rápidamente aclaró que todavía falta bastante para pasar del predio al hecho de levantar las viviendas y retomó el racconto general de trayectoria y planes a futuro que sostiene con sus compañeros y compañeras de labor cotidiana, con los que fue aprendiendo, según remarcó, que a la consigna histórica del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas le cabe ya por lo menos un verbo más: “ocupar, resistir, producir; y compartir”.

Desde la planta de Pigüé, el compartir se conjuga tanto hacia adentro como hacia afuera. Los laburantes que se bancaron la ocupación y la resistencia buscan las mejores maneras de transmitir a los que se van incorporando a producir que acá se trata de un nuevo modo de trabajo, que no es ni en relación de dependencia ni autónomo: es trabajo asociativo, según sintetizó el abogado rosarino Mario Schujman, otro amigo que la cooperativa del sur bonaerense fue cosechando en los caminos del cooperativismo y la economía solidaria. 

Trabajo asociativo que implica responsabilidades extras a las de cumplir adecuadamente turno y tarea específica dentro del proceso productivo de la fábrica, sobre todo la de participar de la vida político institucional de la cooperativa para ir resolviendo en conjunto diversos dilemas y desafíos que se van presentando en cada etapa del desarrollo de la empresa, tales como a qué destinar los excedentes que se generan, cómo distribuir la parte de los mismos que se destina a retiros (salarios), cómo adaptar los sistemas de producción a exigencias y requisitos que imponen clientes y mercado, cuánto ceder ante esas exigencias y requisitos cuando aplicarlas choca con los valores colectivos y solidarios propios de la autogestión.

Trabajo asociativo que, además, aún no cuenta con un marco normativo que lo contemple y legitime sus características y complejidades particulares, para hacerlas compatibles con el cumplimiento de los derechos laborales, sociales y jubilatorios con que sí cuentan los que aún conservan empleos en blanco bajo patrones. 

En este y otros aspectos inherentes al movimiento de empresas recuperadas y autogestionadas en general es que desde la localidad del sur bonaerense se comparte también hacia afuera ya desde hace rato. De hecho, la cooperativa ha participado de diversas instancias organizativas del sector y es una referencia a la que acuden muchos de los que comienzan a abordar el camino del trabajo sin patrón y buscan nutrirse de experiencias que les aporten acompañamiento y conocimientos en ese sentido.

Amigos y compañeros de senda de Textiles Pigüé somos también quienes integramos la cooperativa La Masa, que produce este periódico. Y por eso este cronista puede contar de la reciente reunión con las Abuelas así desde adentro, y pudo también traerse a Rosario otro pañuelo con dedicatoria, lo mismo que la docente y referente de Suteba en la zona de Pigüé Lorena Saez, otra de las invitadas al encuentro que se dio el pasado 29 de noviembre en la sede del organismo de derechos humanos en Buenos Aires.

Tres fueron entonces las joyas que las Abuelas compartieron en esa reunión, una más de las que incansablemente brindan para enseñar que siempre hay que seguir, que nunca menos, que el mundo tiene que ser un pañuelo de esos.

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