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Germán Alarcón reunió datos y archivos de los primeros 30 años de vida de Rosario Central y los volcó en el libro El origen de la grandeza. Su obsesión por la documentación fehaciente lo llevó por bibliotecas, hemerotecas y hasta cementerios.
Un hombre, entrerriano de la isla, desembarcó en Rosario para trabajar en el puerto. En 1937 unos amigos hinchas del Charrúa lo llevan a Tablada a ver un Central Córdoba-Rosario Central. Sin embargo, y en una muestra cabal de la existencia del amor a primera vista, el hombre comienza a empatizar por el equipo auriazul, pese a la dura derrota. “Corroboré los datos”, es decir, si había existido ese partido en el año 37, “y efectivamente Central había perdido feo con Central Córdoba”, cuenta sobre su abuelo Germán Alarcón, historiador e hincha canaya de tercera generación. “Centralista y peronista”, agrega.
El abuelo “se queda obnubilado con la hinchada de Central. Lo que me dijo siempre fue que se hizo hincha de la hinchada”, revela su nieto. Obsesivo de los datos, fue a corroborar aquello a la hemeroteca: “Efectivamente, el diario destaca que fue mucha gente de Central”.
La pasión por la historia y por Rosario Central desembocan en El origen de la grandeza. Los primeros treinta años de Rosario Central (1889-1919) (Homo Sapiens Ediciones).
El origen
Alarcón dice poseer el don/defecto de la desconfianza: “Socialmente no me sirve, pero para investigar está bueno”. Así, antes de sorprenderse o maravillarse ante cada dato que le llega, se pregunta ¿de dónde salió esto? “Y más en un tema como Central, que es un club que no tiene mucha documentación de esa época”, aclara este hombre que se jacta de haber nacido un 19 de diciembre (de 1974), fecha canaya si las hay, por lo ocurrido en el 71, cuando Central eliminó a Newell’s con la palomita de Poy. “En la desconfianza y en las ganas de investigar nació la idea del libro”.
Peleado con los números desde su paso por la escuela secundaria, Germán sostiene que lo suyo es “recuperar la parte social de los clubes” más que las estadísticas. “Recuerdo que cuando me compraba un cassette o un CD de una banda, siempre me gustó saber quiénes eran, cómo se había formado la banda. Y con el tema de los clubes lo mismo, más con Central. Siempre fui de comprar libros de historia. Desde chico es que estoy con esas ganas de saber el origen de las cosas”.
Años de acumular material, mucho de ello volcado en su cuenta de Twitter, ahora pasó todo al papel. “Quería sumar a lo que todos sabemos, que es dónde nació, cuándo. Encontré bastante”. Y reconoce: “No sé si es un tema que interese mucho. No es como hacer un libro de la Palomita de Poy, o de un logro. Lo que hice fue buscar datos, no muchos números porque con los números no me llevo bien. Sino, buscar cosas que tengan que ver con el aspecto social, cultural. Y encontré cosas que ni sabía que existían”.
A eso accedió gracias a pasar horas y horas encorvado en bibliotecas, hemerotecas, o bien frente a la computadora en su casa. “Tengo la suerte de vivir en esta época de digitalización de los diarios, así que bastante de lo que tengo lo pude buscar online”. También entrevistó a descendientes de socios de la época y “hasta pasé horas en cementerios buscando nombres, lápidas de alguno que no se sabía cuándo nació. No es un documento oficial ir a un cementerio, pero te guía”.
Central cumple
Si bien cada 24 de diciembre hinchas de Rosario Central celebran su aniversario, ese día específico no consta en ninguna partida de nacimiento. “No se sabe muy bien de dónde salió” esa fecha floja de papeles, dice Alarcón, y se explaya: “Los primeros datos que se buscaron fueron en la década del 20. Y llegaron a la conclusión –gracias a lo que figura en la Memoria y Balance de 1923– de que el club se fundó en diciembre de 1889. Y toda la documentación hasta la década del 50 era sobre diciembre de 1889”.
El día exacto del último mes del año lo aportó el periodista y también historiador Cipriano Roldán, en su libro Anales del fútbol rosarino, publicado en 1959. “Pero”, advierte Germán, “no se sabe de dónde sacó esa fuente”. Y remarca: “Los clubes no se hacen de un día para otro. Seguramente venían practicando un deporte y en diciembre dijeron de hacer un club”.
Ese espacio creado por empleados ferroviarios estaba compuesto por, asegura Alarcón, “en su gran mayoría ingleses, por más que se lo asocia con la bandera escocesa”. Debido a la inquina histórica con Inglaterra (por las invasiones, la Guerra de Malvinas, y eso trasladado el fútbol en el Mundial 86) se buscó despegar de aquel país a los orígenes centralistas. “Lo que digo”, aclara el historiador, “es que los socios fundadores no fueron los que voltearon el crucero General Belgrano” en el conflicto bélico del 82. “Eran tipos que se vinieron de Inglaterra a laburar acá”.
Colin Calder, uno de los socios fundadores y primer presidente, fue la figura que mayor relevancia tomó en el tiempo sobre esos primeros pasos de Central. “Pero se centró mucho en su figura como si hubiese sido el único”. Aunque lo defiende: “Y no está mal eh, yo lo estudié mucho a él, es un tipazo”.
El club arrancó con exclusividad para ferroviarios hasta que una fusión de empresas le abre las puertas a otros trabajadores, relata el escritor. “Coincide con una mudanza del club, que pasa de los talleres al Cruce Alberdi, 1900-1902. Eso hace que cambie la identidad del club. Le cambian el nombre e incluyen a gente de afuera (que no eran necesariamente ferroviarios). Deja de ser un club encerrado en los talleres para incorporar a la gente. Eran gente de alrededores, de bajos recursos, trabajadores, humildes”.
En medio de esos cambios se funda en 1910 el Centro Filodramático Rosario Central, que “eran agrupaciones teatrales, musicales, que en esos años estaban muy vinculados al anarquismo”, señala Alarcón, y resume: “En 20 años pasamos de un club ferroviario, de ingleses, a crear un centro cultural donde se organizaban veladas de bailes, funciones teatrales en las que participaban los jugadores”. A ese dato curioso, revela el autor, accedió tras entrevistarse con un bisnieto de Octavio Díaz, uno de los primeros arqueros de la entidad. “Lo tenía perdido ahí. Me sirvió mucho hablar con descendientes de los socios de esa época”.
Esta historia continuará
El origen de la grandeza se convertirá en el primero de los tomos que cuenten la vida de Rosario Central, según adelanta su autor. Ya puso manos a la obra para lanzar una segunda parte, que abarcará desde 1920 a 1955. A esa le seguirá una tercera, desde 1956 a 1980-1990, y por último, otra que llegue hasta la actualidad.
Germán Alarcón comenta que también le gustaría contar al club de Arroyito a través de sus sedes sociales y culturales: “Las canchas, los predios, la ciudad deportiva. Ahí también agarrar el tema del deporte amateur, porque más allá de que Central es casi ciento por ciento fútbol, y que está claro que eso es lo más importante, hay un montón de actividades y de personas que se dedicaron a esas actividades, que es una lástima que queden olvidadas. Hay gente que puso empeño y casi la vida por el básquet, deportes náuticos, voley, fútbol sala”.
Publicado en el semanario El Eslabón del 22/02/25
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