
Cristina Fernández de Kirchner volvió a hablar en una universidad pública en un marco de organización de la clase trabajadora; esta vez, con la premisa de que el peronismo deberá transformar el sistema educativo cuando vuelva a ser gobierno nacional.
Por la calle porteña Carlos Calvo, un pasacalle reza: “Gracias Néstor y Cristina por esta facultad, bienvenida a Sociales”. En 2004, el santacruceño otorgó un crédito nacional para edificar esta segunda sede de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA). Todavía no son las 8 de la mañana. La ciudad de la furia duerme hasta tarde este sábado y por la zona no hay siquiera un bar abierto donde tomar un café.
A medida que trepa el sol, militantes de la organización El Hormiguero mueven los hilos para llevar a cabo el Congreso Educativo Nacional “Imaginar y Transformar”, que promete ser masivo. Miles de personas de toda la Argentina han viajado por el afán de trazar “líneas para una nueva estatalidad en materia educativa”. Las agrupaciones del claustro estudiantil despliegan sus banderas y una gigantesca tela blanca con letras negras se destaca sobre el resto: “Nada sin Cristina”.
Trece espacios funcionan en simultáneo en diferentes aulas. Hay tanto por compartir que el tiempo parece no alcanzar. Trabajo, territorio, ciencia, tecnología, políticas de fortalecimiento, diseños educativos institucionales, derecho al arte y a la cultura, ambiente, formación docente, comunidades educativas, infancias y derechos, convivencia escolar y Educación Sexual Integral (ESI) son los ejes de intercambio de experiencias educativas. ¿El denominador común? La emergencia educativa por el ajuste presupuestario del actual modelo de exclusión que ha repercutido en una enorme deserción escolar y en la quita del Fondo Nacional de Incentivo Docente (FONID), que contempla el pago por tareas extraáulicas.
El perfil disertante es afín al kirchnerismo. En algunos casos, la oratoria se enfoca directamente en cosechas de la década ganada: PakaPaka, Tecnópolis, 2 mil nuevas escuelas, 17 universidades, 12 mil laboratorios nuevos, más de 20 millones de libros repartidos, 113 artistas, 119 coros, 590 mil adultos que terminaron la secundaria, el gigantesco aumento de la matrícula escolar gracias a la Asignación Universal por Hijo y a las Becas Progresar, y la entrega de 5 millones de netbooks del Programa Conectar Igualdad. Más tarde, la dos veces presidenta mandato cumplido imperará: “Más que verlo a Elon Musk, dale computadoras a los pibes de la secundaria”. Ahora, una disertante rememora: “Ese proyecto llenó las aulas”.
Antes de ingresar al auditorio Roberto Carri, la Yegua se arrima por la puerta y excita a la audiencia, que la elogia con euforia. Una vez sentada y ovacionada, mueve su abanico y escucha a sus escoltas: la legisladora porteña María Bielli y la fundadora de la Escuela Isauro Arancibia, Susana Reyes, quien más tarde le entregará una pieza de arte plástico a Cristina en honor al docente Isauro Arancibia. La educadora rememora: “El primer muerto de la dictadura fue un maestro”. Isauro fue asesinado de 120 balazos apenas pasadas las 12 de la noche del 24 de marzo de 1976. Además, le robaron sus zapatos nuevos.
Hace años que la dirigencia política no le habla a la docencia. Se expiden sobre la educación, claro, con dogmas prefabricados y con lugares comunes. Pero sólo Cristina Fernández de Kirchner (CFK) parece capaz de sostener una relación dialógica con este público. Ella siempre habla de economía. Como buena militante justicialista, entiende que gobernar es crear trabajo. El ser nacional que forma la escuela pública es intrínseco a un modelo productivo. El de este gobierno es industricida y empuja a la Argentina a una “descomposición institucional”.
Ideológicamente rosista pero con un dejo sarmientino en su enciclopedismo, también se burla de una metáfora del vocero presidencial, que no está a salvo de su retórica de maestra ciruela: “«El fondo es una rueda de auxilio». Horrible metáfora, hermano. ¿Cuándo usamos la rueda de auxilio? Cuando pinchaste, querido, cuando pinchaste. Y pincharon, hermano”.
No falta en el lugar la exigencia de que Ella vuelva, a lo que responde: “El pueblo tiene que volver, pero tiene que volver organizado”. “Para eso estamos hoy acá, para organizar. Desorganizados ya vimos que no llegamos a ningún lado”, profundiza. Cuatro meses atrás, fue a la Universidad Nacional de Rosario (UNR) para sembrar la organización entre laburantes del sistema de salud. Como digna peronista, no sólo sabe que la organización vence al tiempo, también aplica esa premisa en su campo de acción. Asimismo, hace autocrítica pejotista: “También tenemos que mirar un poquito en casa cómo andamos, ¿no? O sea, no es solamente mirar a otras fuerzas políticas”.
La lideresa peronista advierte malestar con la educación pública, tanto de estudiantes como de familiares y de docentes. Afirma que ha dejado de existir “el viejo sueño argentino de la educación como pasaporte al progreso y a la movilidad social”. Para eso propone reformular un nuevo Estado, más eficiente. Recuerda cómo su compañero de vida destrabó un conflicto salarial docente de meses ni bien había asumido. Su jactancia tiene asidero en la estadística: en aquel entonces, volvieron al país 1299 científicos. Habla de cómo hacerlo porque ya lo hizo.
No deja de mencionar que el presidente pone a la ESI en el ojo de la tormenta. Su deixis es praxis: las metáforas de los niños envaselinados derivan en atacar la ley 26.150/2006 “Programa Nacional de Educación Integral”. Tres de cada diez denuncias de abusos sexuales infantiles se produjeron luego de una clase de ESI. Vaya realidad efectiva. La fragilidad de su aplicación pobló las exposiciones de la mañana. A propósito de las tensiones para su abordaje, una disertante había expresado: “No se puede protocolizar la ternura”.
Cristina hace preguntas incómodas, interrogantes que años atrás le cayeron muy mal a los sindicatos docentes, que tantos paros les hicieron pese al gran poder adquisitivo del salario. Muestra preocupación por el ausentismo y por los cargos directivos sin formación en liderazgo ni en gestión. Observa un horizonte: dejar atrás los fantasmas de la década de los noventa, con su falsa federalización educativa. Asume que haberles dado autonomía a las provincias fue apenas un criterio fiscalista de ahorro y asevera que la educación debe ser nacional.
Focaliza en una de las manifestaciones más masivas de los últimos años, la del 23 de abril de 2024 en defensa de la universidad pública: “Nuestra sociedad está dispuesta a luchar por lo que le es útil”. No obstante, acusa un estado de burocracia en el empleo público que deslegitima su funcionamiento y motoriza que haya gente que inclusive disfrute que echen empleados públicos. “El gobierno se regocija en esa crueldad y tenemos que hacernos cargo. Lo peor que puede pasarnos es ignorar la realidad. Tenemos que asumirla, no para aceptarla, sino para transformarla”, alecciona.
CFK nota que la clase trabajadora, en general, y la docencia, en particular, necesitan una recomposición salarial con urgencia; aunque no ve con malos ojos la aplicación del premio al presentismo, como un plus y no como un componente indispensable para pasar la línea de la pobreza. Opina que el sistema educativo a transformar debe estar atravesado por una ética digital. La escuela, como comunidad, precisa una “nueva arquitectura institucional” porque hoy los pibes y las pibas son “consumidores digitales”. “Nosotros tenemos que prepararnos, preparar al colegio para que convierta a esos consumidores en creadores, productores y desarrolladores digitales”, proyecta y es aplaudida.
El contexto demanda visitar los distritos más pobres para que nazcan más derechos ante las nuevas necesidades. Le inquieta el 13,1 por ciento de desocupación juvenil y enciende alarmas sobre la caída de la natalidad; el pico más alto de los últimos años fue en 2015. Con ese comentario se gana una réplica del público: “Con Cristina se cogía mejor”.
Decide despedirse con un provocador proverbio chino: “Si haces planes para un año, planta arroz. Si haces planes para dos lustros, planta árboles. Si los haces para toda una vida, educa a una persona”. Parafraseando a Juan Domingo Perón, sólo la educación vence al tiempo. La presidenta del Partido Justicialista (PJ) acaba de dar quizá el mejor discurso en lo que va de este gobierno decrépito. Militantes de la universidad se amontonan en un patio interno para festejar la visita maternal con un repertorio de lealtad. Este pueblo no cambia de idea.
Entre las 15 y las 17.30, la afluencia de público disminuye notablemente luego del discurso magistral y se distribuye en ocho mesas de intercambio por ejes temáticos: Desafíos en la enseñanza y los aprendizajes; Hacia una nueva ética digital; La Escuela Comunidad; Escuela, universidad y ciencia; Desafíos de la formación y del trabajo docente; Infancias: únicas privilegiadas; Juventudes y escuela: presente y futuro; y Planificación del sistema educativo.
Horas atrás, en el preciso momento en que Cristina Fernández de Kirchner se retiró del establecimiento, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires empezó a llover.
Publicado en el semanario El Eslabón del 29/03/25
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