

Redacción Rosario se sentó a conversar largo y tendido de teatro con Sabatino Cacho Palma, el director de la obra Awaqkuna, que está siendo presentada en la sala El Rayo, todos los viernes, a las 22.
La superficie de la mesa apenas alcanzaba para la cerveza negra, los tres platitos de la picada, un par de vasos, el servilletero y una agenda. Por lo tanto la intromisión del grabador fue un problema. Sin embargo, hizo equilibrio todo el rato arriba de un platito de aceitunas y pudo registrar la palabra de Sabatino Cacho Palma que comenzó a hablar sin que se antepusiera una pregunta.
“La obra llega al público con un nombre extraño, se llama Awaqkuna. Es extraño porque es quichua, es nuestro. Si le hubiéramos puesto un nombre en inglés, francés o alemán no sería extraño. En quichua quiere decir hilanderas. Es un trabajo de investigación. Creo que una de las cosas más maravillosas que me ha dado el teatro en mi vida es aprender a investigar, aprender a pensar, aprender a resolver problemas a largo plazo en un mundo donde todo tiene que ser inmediato. Sobre todo no piense y compre ya. El teatro es un laboratorio de investigación sobre la condición humana. En este sentido las actrices, Carolina Terre, Mara Campanini y Estela Grisolia se dedicaron dos años y medio a investigar basándose en un mito muy antiguo que son la moiras griegas, que eran las tejedoras del destino. El griego es el primero que logra impregnar a la cultura por la pregunta: ¿Qué hay en el hombre de libertad? ¿Qué hay en el hombre entre el destino dibujado y diseñado por los dioses, y el ethos humano, el carácter humano, la ética humana? ¿Qué tensión hay ahí? ¿Qué conflicto? Esto es lo que investigan las chicas entre este mundo que las moiras parecen tejer; y a su vez las moiras mismas son tejidas. Nos encontramos con estos personajes que Shakespeare los llama hermanas fatídicas, que se retoman en todas las culturas. De tres hermanas una tiene que ver con el nacimiento, la otra con el casamiento y la última con la muerte, que conjuran y confabulan; y nos pusimos a investigar en eso y no sólo la obra Macbeth. Terminamos creando una obra que habla de la misión, de la muerte, de la impunidad, del crimen, de la corrupción. Y el valor que tiene es cómo reflejándonos en un mito antiguo podemos preguntarnos hoy sobre nuestra identidad, sobre nuestros males, sobre la muerte, tan presente en la cultura latinoamericana”.
—¿La obra está ubicada en nuestros días, es atemporal o juega con el tiempo?
—La obra es el mito y el mito no ocurrió, sino que ocurre siempre. Es lo que sostiene. El mito a su vez se contextualiza en tres mujeres perdidas, disgregadas, no escuchadas, en nuestro territorio latinoamericano. Son hilanderas, tejen todo el tiempo, el público ve lana. No ve hilos made in Taiwán, sino lana nuestra. Son tejedoras que tratan de tejer nuestra historia y nuestra identidad y no pueden, no tienen con qué.
—¿El texto dice que encontraron algo buscando otra cosa?
—Sí, esa es la definición de la tragedia. La tragedia es buscar una cosa y encontrarse con otra, pero en ese encontrarse con otro la tragedia tiene una apuesta que es el futuro. Me equivoqué, por acá no va. La pregunta entonces es por dónde va, por acá ya sé que no va. Con más muerte no va, ya lo probamos. Es decir, a esta cuestión de asfixia mortal, de colonialismo, de explotación, de sometimiento, no se la combate con la muerte, se la combate con creatividad. Como está haciendo Evo Morales por ejemplo.
—¿Por lo tanto el resultado final es el resultado de una búsqueda?
—Totalmente. Por eso terminamos con un tema hermoso de Jorge Fandermole. Tres temas usamos de Jorge como hilo narrativo. En el último tema se despiden cantando las actrices el tema “Canto versos”. Qué puedo hacer en esta tierra incendiada, sólo cantar. Soy tan débil que lo único que puedo hacer es cantar, dice Jorge, pero en esa debilidad está nuestra fuerza y nuestra creatividad.
—En el transcurso de la charla haces mención a lo político…
—El teatro es político, el que dice que hace teatro no político miente. En tanto vos invitás a otro a verte, hay un entre. Cuando venga el público el sábado la función se va a jugar entre los actores, lo que ellos investigaron, lo que están celebrando, su ritual y lo que pase con el público. En ese entre va estar el hecho político. En ese sentido, si uno tiene algo que plantear mejor, porque está produciendo un hecho político contestatario, crítico. Hay otros que hacen un teatro conformista pero también hacen un hecho político.
—¿Entre los actores y vos hubo un acuerdo mínimo en lo político para llegar a hacer la obra?
—Totalmente, con una salvedad: las chicas hacía un año que estaban trabajando cuando me convocan. Lo hacen con la necesidad de darle una dirección a todo esto, pero las chicas desde antes bailan folklore y deciden que en la obra haya danzas folklóricas. Ese es un hecho que tiene que ver con la identidad, con la memoria, con la tradición, ese es un hecho político. Hoy bailar folklore es un hecho de resistencia cultural. Es la misma diferencia que comer en Tucumán un mac burguer o un tamal hecho por los lugareños. Los dos me alimentan, pero si comés el tamal estás haciendo un acto cultural. Si uno funda un hecho cultural identitario está construyendo una política.
—¿Cuál es el teatro identificado con el mac burguer?
—El que se va a Mar del Plata, el de los divos, el de la redundancia, el chiste chabacano, vulgar, el culo de las minas, las tetas operadas; el destinado exclusivamente a vender. Ellos apuestan a la cantidad, nosotros apostamos a la calidad. Al teatrito El Rayo nosotros lo llenamos con sesenta personas y estamos contentos. Pero ojo, sesenta espectadores que le van a pasar cosas y van a salir modificados. Nos vamos a encontrar de verdad, no nos vamos encontrar en la falsedad de una vidriera donde no pasa nada. Van a pasar cosas, ni siquiera te digo que la obra te va a gustar totalmente.
—¿Como ves la gestión de la provincia en lo que respecta a políticas culturales?
—Es tan grande la devastación cultural, el aislamiento, la manipulación, la falta de comunicación, que toda política siempre va a quedar chica. Pero lo primero que tiene que hacer un artista es no depender del apoyo estatal, sino generar su propia política, es decir su autogestión y ahí sí contar con el apoyo del Estado, porque sin el apoyo del Estado se hace muy duro y muy difícil. En ese sentido la Municipalidad, el Estado provincial y la Nación te apoyan, pero con esta cuestión vos debés tener tu política. No podés esperar, subsídienme, prémienme. Hay una cosa que es loable en el aporte insuficiente: es la diversificación. Es decir, no hay una estructura oficial que diga apoyamos sólo a este grupo, este es el verdadero teatro, este es el director que vamos a apoyar. Los hechos nuestros son pequeños, pero tienen que ser muchos y diversificados. Hay cuarenta lugares en Rosario en los que el sábado va a pasar lo que pasa en el Rayo, más dos en Rafaela, más uno en Venado Tuerto, más tres en Santas Fe, más otro en Reconquista. Tenemos que apostar a la diversidad, muchos lugares donde haya peñas, teatros, recitales de música, donde se presenten libros, donde haya cuadros, eso es lo nuestro. Lo importante no es cuánta gente estuvo en El Rayo, sino cuántos sucesos hubo en la región o en la provincia. En ese sentido, yo la conozco personalmente a “Chiqui” González y sé que ella lo entiende a esto.
—La realidad política está generando esperanza en la gente ¿Se ve reflejada en el hacer cultural?
—Absolutamente. Yo doy clases en la escuela de teatro de Viamonte y Moreno y recibimos todos los años 250 chicos que van a estudiar algo que los padres, los vecinos, le dicen que no tiene futuro, que estudien algo en serio. Vienen porque tienen cosas para decir y para expresar y porque creen que es posible un futuro mejor. Tienen un deseo de que haya futuro, se la están jugando. Vos ves en las carteleras de Rosario cuantos grupos están manteniendo una sala, haciendo trabajos experimentales, escribiendo sus propias obras, están diciendo cosas. Eso ya es el futuro. Si hablamos de lo político… Si la ley de medios la defendemos y tiende a la diversidad, a la democratización y va en contra de los monopolios, bienvenida la ley de medios. Diversificación, democracia, es decir lugar para todos, una política cultural para todos, espacio para todos. No monopolio, el monopolio es fascista. Hoy el fascismo es fascismo de mercado.
—¿Cuáles son las expectativas tuyas con la obra?
—Que después de esta obra las chicas sigan trabajando, creciendo para ser mejores. Yo creo que necesitamos seguir elevando la calidad cultural de los hacedores y de los espectadores. Yo en ese sentido sigo siendo maoísta. Mao en la revolución cultural propone que no hay que rebajar a lo que la gente quiere. Es cierto que el público tiene un olfato y puede decidir, pero también tenés que elevar la calidad, hay que ayudarlos a mirar, como dice Galeano en su poesía. Ayudarlos a mirar para que crezca el público y crezcan los artistas. Es una comunión donde ambos crecen.