Lleva nueve temporadas ininterrumpidas realizando el programa que transformó y desmitificó la forma de hacer humor en la televisión. Actor, fanático de Racing, creador de los más desopilantes personajes y humorista de culto para más de una generación de argentinos. Diego Capusotto reflexiona sobre los entretelones de su trabajo y también se mete con la actualidad nacional.
“Llamame en media hora y hablamos tranquilos”, dijo por teléfono Diego Capusotto cuando el eslabón logró comunicarse con él. Durante esos treinta minutos de espera que fue amenizada mirando y riéndose en youtube con las puteadas de Violencia Rivas ‒uno de los personajes emblemáticos del programa Peter Capusotto y sus Videos‒ continuaban surgiendo más dudas y preguntas sobre cómo entrevistar a uno de los humoristas más destacados, sino el mejor, de los últimos veinte años en el plano nacional. “Ahora tengo tiempo”, indicó el actor cuando volvió a atender el teléfono y ya su voz se notaba más distendida y sin ningún tipo de tapujos accedió a dialogar con este semanario.

―Dicen que lo mejor es lograr reírse de uno mismos ¿A los argentinos en general nos cuesta reírnos de nosotros mismos?
―Me parece que hay una movilidad graciosa en el argentino. El argentino suele poner motes, reírse del otro y de su propia desgracia que es como la base del humor también. Saber que uno no puede llegar hasta donde quisiera y entonces se ríe un poco de eso y se ríe también de la angustia y de la idea de que la muerte finalmente nos va a derrotar. Eso acá es típico en mucha gente.
También sucede que hay algunos sectores que directamente no tienen humor o ponen algún tipo de distancia sobre algunas cuestiones que los roza o los atraviesa o los interpela ideológicamente. Lo que sí hay es una especie de puritanismo berreta y entonces habrá gente a la que no le gustará que alguien se pueda mofar de la autoridad o de las instituciones. Pero en los lugares donde me he movido veo que la gente necesita también por otro lado descargar con un lenguaje humorístico su propia angustia y además hacerlo como un modo de juego. Lo que me parece es que no a todos les puede gustar lo que particularmente hacemos con Pedro Saborido, eso es casi una obviedad para mí. Después si hay algunos sectores que desde el punto de vista moral no les gusta lo que hacemos, bueno… mejor para nosotros.
―¿Te parece que el humor funciona como un antídoto contra lo que no nos gusta de la realidad?
Sí, un poco sirve para hacer una separación. Uno con el humor hace una afrenta a todo lo que le molesta, le duele, porque tiene como una connotación y una carga de burla que generalmente es para enfrentar a lo que nos interpela de mala manera. Entonces frente a cierta soberbia en el orden de lo educacional, uno se planta a veces desde un lenguaje humorístico para poner distancia y para marcar también su propia territorialidad.
―¿Cómo te parece que el país se va a llevar con el humor en los próximos cuatro años después de las elecciones?
―En algunos casos el humor es directamente proporcional a lo que va pasando en el país y te atraviesa aunque vos no quieras. No hay manera de tomar distancia de lo político porque como alguien dijo alguna vez, si no te ocupas de la política la política se ocupará de vos. En los próximos cuatro años yo no tengo la menor idea qué puede pasar, salvo que gane Macri, ahí sí que es factible que sepa lo que pueda pasar.
Sin embargo, no me parece que uno tenga que utilizar como herramienta al humor en referencia a la situación política. Por eso el humor lo utilizo como modo de defensa, de ataque, de juego y de las propias circunstancias e interpretaciones que se hace de la realidad en general. No solamente en el orden de lo político sino en el orden de lo privado, en el orden de una persona frente a la inmensidad del universo y sobre las relaciones humanas que no siempre tiene que ver con lo político. También intento tener una mirada con cierto matiz poético para poder atravesar más allá que un signo de la realidad y permitirme un viaje más intenso de los sentidos que no es análogo de un cuadro político o una determinada situación en referencia a eso.
Divina TV fürher
―Hace nueve años que de manera ininterrumpida vienen haciendo Peter Capusotto y sus videos con Pedro Saborido, ¿en todo ese tiempo cómo fue evolucionando el trabajo y la producción de personajes?
―El programa siempre lo hemos manejado nosotros y no ha intervenido –en este caso– una mirada de alguna autoridad del canal que intentó modificarle el concepto. Entonces al programa lo fuimos armando y haciéndolo crecer y obviamente ha variado de cuando empezamos, que fue como una especie de ensayo y de investigación, a tener una cierta forma que a esta altura uno intenta cuidar un poco, o desarrollar un poco más los personajes. Por otro lado se abrió un poco esta cuestión de hablar sobre la cultura rock y fuimos también para otros lugares que no necesariamente están relacionados a eso. Nuestra intencionalidad y hago una analogía con un grupo de rock, es tratar de seguir haciendo buenos discos con un cierto cuidado a la cantidad de emisiones del programa para que no venga el hachazo del hastío. Entonces, nos tomamos un tiempo prudencial para decir bueno… el año que viene cumplimos diez años, festejemos que el programa lo merece y después veamos qué continúa.
Me parece que la clave de seguir haciéndolo es porque hacemos poca cantidad de programas, entonces de alguna manera lo extrañamos. Yo he trabajado en otros programas que he amado mucho y me enorgullece haber sido parte de los mismos; pero hacer treinta programas al año es un registro que evidentemente agota. Necesitás tomar distancia de eso porque en realidad lo que te estás ganando es otra cosa, que no es el placer el programa sino la obligación de hacerlo. Y así va mermando un poco la voluntad de hacerlo, de seguir jugando con la misma intensidad que al principio. Y con este programa no nos pasa porque hacemos pocas emisiones o porque no se nos ocurrió otra cosa para reemplazarlo. Y porque todavía tenemos ganas de seguir haciéndolo.
―¿Cómo ves la televisión actual?
―No sé, para mí es una gran feria donde yo elijo lo que tengo ganas de ver. Después la mirada que tienen los demás sobre la televisión y sobre la idea de ser un espectador inmóvil y pensar que la televisión es quien arma el escenario de la realidad, me gustaría que se modifique. Otros necesitarán de la televisión como emisor de una idea y de un posible escenario de la realidad que para mí no existe. Yo no espero de la televisión eso y menos de los comunicadores, de algunos puede ser, pero de otros no, y tengo una relación bastante intensa con la televisión en el sentido de que toda mi vida vi televisión. A veces estoy aburrido y me tiro en la cama y miro un rato y si veo alguna imbecilidad, sé que es una imbecilidad y entonces hago como decía Baudelaire: «atravesamos juntos los vientos de la imbecilidad durante un rato».
El tema es despabilarse de eso y escapar, pero me parece que en la televisión hay cosas interesantes y otras que son irrelevantes. Después cada programa tiene su estructura, evidentemente, supongo que si hay alguien que durante dos semanas habla de Xipolitakis, será porque el programa exige que hables de Xipolitakis y los tipos hablan de ese tema sabiendo que es irrelevante pero tienen que hacerlo porque es parte del concepto y de la estructura del programa. Ahora, yo no me voy a hacer cargo si hay mucha gente que tiene ganas de hablar de Xipolitakis; será problema de ellos y no mío. En ese caso elijo ver otra cosa, algo que pueda conmoverme porque puedo estar haciendo un zapping durante media hora pero con la intención de instalarme en algún lugar que pueda ser conmovedor para mí.
Pantalla gigante
En 1997 Diego Capusutto se metió en el mundo del cine con una actuación en un corto emblématico (Tiempo de descuento), que versaba sobre un secuestro en un partido vital para Racing, el equipo que sigue con fanatismo desde que nació. A partir de ahí el derrotero por la pantalla ha sido muy extenso con algunas películas taquilleras como lo fue Soy tu aventura, realizada en 2003 por el director Néstor Montalbano.
Este 2015 lo encuentra actuando en la película “Kryptonita”, de Nicanor Loreti y basada en la novela de Leonardo Oyola, que plantea qué hubiera pasado si Superman caía en Isidro Casanova. Diego Capusutto interpreta a interpreta a Corona, un villano bizarro pasado por el filtro del conurbano bonaerense.
―¿Cómo fue la experiencia de participar en esta nueva película?
―En Kryptonita a mí lo que me interesó hacer es el personaje, más allá de que yo tenía una relación con el director por haber visto la película Diablo, que a mí me había parecido una búsqueda interesante. También me interesó trabajar en un registro un poco diferente al del programa de televisión en el sentido de ponerme a las órdenes del director y de un grupo de gente, actuar un personaje, investigar en un texto y una situación. Por otro lado entrar en el ejercicio de la actuación tiene que ver con que uno es actor en la medida que actúa. Y como el programa es un registro que ya conozco a veces disparar un poco de ahí para involucrarme en otra manera de hacer y sobre todo trabajar con ese personaje en particular, que es un personaje secundario que irrumpe en la película. Me gustó haber participado de eso.
―¿Cómo ves la actualidad del cine nacional?
―Del cine nacional vi algunas cosas que me gustan y otras no. No tengo una idea formada sobre el cine nacional como si fuese un gran título a discutir. Me da la sensación de que la gente también dentro del cine hace lo que puede, porque generalmente en el cine nacional hay dos o tres figuras que convocan y los demás tienen que remar. Pero tengo la sensación de que hay mucha gente que tiene algún tipo de búsqueda y hace cosas y se expresa. Es como la música también; hay bandas que uno ya conoce y hay un montón de bandas periféricas que hacen cosas que algunas me gustan y otras no, pero todo esto que digo siempre es a título personal.
Señas particulares
En el final de la charla, Diego Capusutto también se refirió a sobre sus preferencias cuando no está trabajando, su pasión por Racing, los encuentros con amigos, su amor por la música y también sobre las cosas que le molestan.
―¿Qué hacés cuando no estás trabajando?
―Me gusta mucho detenerme en el tiempo y entrar en estado de la nada misma. Eso me gusta, creer que estoy flotando. También me gusta mucho estar con amigos y también me gustan los buenos encuentros, las buenas risas, beber algo y escuchar mucha música que para mí es algo imprescindible. De algunos encuentros uno puede aburrirse y tomar distancia pero no así de la música cuya presencia en mi vida es muy importante. Eso me da una especie de alegría, de vitalidad y de pasar con cierta intensidad por la vida.
―¿Seguís yendo al Cilindro de Avellaneda a ver a Racing?
―No estoy yendo a la cancha pero desde ya, a Racing lo sigo siempre emotivamente como corresponde. Y sobre todo después de un último año en que Racing empezó como a formatearse en un club serio y competitivo que era lo que uno siempre quería y aspiraba. Que vuelva a ser lo que siempre fue y hace tiempo dejó de ser y que en el último año está empezando a ser. Sería bueno que se mantenga en el tiempo porque las otras veces que salimos campeones como la Supercopa o en el 2001 a los dos años estábamos otra vez como en la senda del estoicismo que yo ya no quiero más.
―¿Qué cosas o situaciones te molestan de la actualidad?
―No me gustan los escenarios ficcionales dichos por alguien que tiene como la autoridad de la palabra, o que están relacionados al poder comunicacional y que generan escenarios que son dañinos. No me gustan los empleados del poder real, prefiero al monstruo que acecha y no a sus empleados. Últimamente me causan mucho fastidio; porque tienen eso de apropiarse de mala manera de la vida. Y además porque sabemos que en donde más a lo mejor nos desflecamos es en el lenguaje que generalmente siempre tiene una parte de falsedad.