Wilbur Ross, secretario de Comercio de los EEUU, fue recibido este viernes por el Presidente, quien pretendió usar el encuentro para la campaña, pero se encontró con reclamos en torno de las reformas previsional y laboral.

Mauricio Macri esperaba poder exhibir su encuentro con el alto funcionario yanqui como un salto de calidad en la negociaciones comerciales con Washington, y así anotarse un poroto en plena campaña.

Sin embargo, de la reunión no surgieron anuncios en ese sentido, sino más bien enérgicas exigencias de aprobación de las mencionadas reformas, que Cambiemos viene prometiendo pero está lejos de poder cumplir, habida cuenta del rechazo que generan en el movimiento obrero organizado y en la mayor parte de la oposición política.

El funcionario de Trump es un millonario de 81 años nacido en Nueva Jersey, y no es de andar con rodeos cuando se trata de negociar. Al fin y al cabo su fortuna se la debe a su pasado como banquero e inversor buitre, conocido por pagar migajas para quedarse con compañías siderúrgicas, textiles y con empresas de telecomunicaciones, además de actuar en países emergentes como inversor golondrina. Su patrimonio no baja de los 2.500 millones de dólares, según publicó en febrero de 2017 la revista Forbes.

Macri, en su fuero íntimo, debe haber pensado que la visita del secretario estadounidense le permitiría mostrar avances en las conversaciones para alcanzar un acuerdo de libre comercio con EEUU, algo que quedó demostrado no está entre las prioridades del viajero.

Sí parece tener precisas instrucciones de presionar al Gobierno argentino para que pase a la ofensiva y saque como sea las reformas laboral y previsional, en sintonìa con el reclamo de los grandes grupos econòmicos locales y extranjeros.

Según publicó Clarín, “Ross se mostró enfáticamente interesado en saber cuándo se estima que el Congreso argentino vaya a aprobar las reformas laborales y previsionales que piden los empresarios locales y extranjeros. Un panorama que sólo se aclarará después de los comicios de octubre”. Si el diario de Héctor Magnetto no puede ocultarlo, el énfasis debe haber sido más que intenso.

Macri no fue el primero en reunirse con Ross –encuentro que se desarrolló en Olivos–, porque antes el yanqui encabezó un cónclave con empresarios de la American Chamber (AmCham); con el canciller Jorge Faurie; con su par Dante Sica; con el secretario de Energía Gustavo Lopetegui, y con CEOs de compañías petroleras.

En la AmCham, en lugar del almuerzo que los empresarios querían compartir con Ross, la agenda obligó que se transformara en un desayuno de trabajo, ocasión en la que el funcionario les preguntó por qué aún no se habían llevado a cabo las reformas que los obsesionan a ese círculo de poderosos. Según Clarín, los CEOs “le explicaron sobre la minoría que tiene Cambiemos en el Congreso y sobre la férrea negativa de la oposición y los sindicatos. La respuesta de Ross fue elogiar a Brasil, que según él viene dando largos pasos en las reformas que piden los privados, aunque Jair Bolsonaro aún no ha podido completar esos cambios de los que se hablan”.

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