
José Luis Lanao, campeón juvenil con Maradona en Japón, reivindica el costado ideológico del Diez y su acompañamiento a las causas nobles: “Suelen aparecer muy pocos personajes de ese calibre en el fútbol internacional que se posicionan de esa manera”.
Para los manuales de historia del fútbol argentino, el 20 de octubre de 1976 es una fecha patria. Marcó un antes y un después, como en la historia de nuestro país ocurrió con días como el 25 de mayo de 1810, o el 9 de julio de 1816, o el 17 de octubre de 1945. Lo que José Luis Lanao –periodista y ex jugador de Vélez y Huracán, entre otros, además de ser campeón juvenil con la Selección Argentina en Japón 1979– trae en esta charla con El Eslabón es que aquella jornada memorable en la que Diego Armando Maradona ofreció sus gambetas por primera vez en la máxima categoría de nuestro fútbol se pudo haber producido cinco semanas antes. Por culpa de un partido en inferiores, que tuvo a ambos como protagonistas –Lanao porque hizo dos goles y Maradona porque fue expulsado– nos perdimos cinco semanas de Diego. Aunque eso no es nada si se compara con el año que llevamos sin su presencia entre los mortales.
Tarde pero seguro
La Séptima de Argentinos Juniors tenía una parada brava ante Vélez en la lucha por el campeonato de esa categoría. Tan brava que para hacerle frente el entrenador echó mano a su mejor hombre, Diego Maradona, que por aquel entonces ya entrenaba con la Primera y su debut era sólo una cuestión de días. Pero la cosa no salió como se esperaba. “Ese era un partido importante, porque el que ganaba se ponía en semifinales. Nosotros íbamos punteros e invictos”, recuerda José Luis Lanao, que jugaba para el Fortín. “Esa historia fue la que condicionó un poco el debut de Diego en Primera División”, agrega. Y aunque se ruborice al decirlo, aquella tarde la figura fue él, con dos goles, y no el Pelusa, que terminó expulsado y postergando su debut: “Ganamos 4 a 1, pero hubo una situación al finalizar el partido en la que Diego se dirige al árbitro con algún insulto, y éste lo expulsa, cuando ya había terminado el partido. Le dieron 5 fechas de suspensión, por lo cual su debut en Primera División, que iba a ser a la semana siguiente, se tuvo que postergar cinco semanas después, cuando enfrentaron a Talleres de Córdoba”. Y la historia de ahí en adelante, ya es conocida.
Ese jovencito José Luis, con cabellera enrulada similar a la del Pelusa, asegura que “de su paso por divisiones inferiores tengo muy presente a Diego, porque ya era conocido por hacer jueguitos en los entretiempos de los partidos de Primera, pero todavía no era lo que fue más adelante, así que no tengo imágenes muy precisas de ese partido” que terminó con victoria velezana. “Muchas veces he intentado recordarlo –admite– y he hablado con Horacio Pagani que en ese momento era periodista de Clarín e hizo una nota con esa anécdota”. Es que su memoria se quedó con sus dos conquistas, y no con su futuro compañero de equipo en el Sub 20. “Recuerdo el partido, porque aparte yo hice dos goles, pero no recuerdo mucho la actuación de Diego”, lamenta.
Este hombre –que en el país defendió las camisetas de Vélez, Huracán y Unión, y que luego partió a España para jugar en el Salamanca y en el Logroñés, donde un virus le puso fin a su carrera a mitad de camino– integró el plantel del recordado seleccionado juvenil que levantó la Copa del Mundo de su categoría en Tokio 1979. “Fue una experiencia increíble porque, entre otras cosas, Japón en ese momento se destacaba por la tecnología, estaban los trenes de alta velocidad que en aquel momento era algo impensable en el resto del mundo”. Pero claro, no todo eran inventos ni aparatos de avanzada: “Se combinó eso con la parte futbolística. Nosotros estuvimos muy concentrados en el campeonato porque era muy importante para el cuerpo técnico, que fue el mismo que venía de ganar el Mundial en Argentina el año anterior. Y además, muchos jugadores de ese equipo podían estar en el Mundial del 82”.

Ese cuerpo técnico al que se refiere Lanao era comandado por César Luis Menotti, el mismo que había tomado la decisión de dejar afuera a Maradona de la lista definitiva para la Copa organizada por la nefasta dictadura cívico militar. “Alguna vez lo hablé con Menotti, que me dejó entrever que de alguna manera lo quería proteger a Diego, que ya veía la proyección de futuro que iba a tener, y tal vez en ese momento del Mundial 78, con la Selección Mayor podía llegar a trastocar ese desarrollo. Me da la impresión que Menotti intentó protegerlo y por eso le pide que se incorpore al mundial juvenil”.
El ex atacante reconoce que “si bien no asume del todo quedar afuera del 78, Diego se identifica plenamente con el fútbol de Menotti, con lo que representaba el Flaco en ese momento, y por eso se incorpora”. Aquel fue el certamen en que muchos se levantaban a la madrugada para verlos jugar: “Ahí hace un fútbol extraordinario y empodera a un equipo que está en la retina de muchos argentinos”.
No fue la mano de D10S
Ese grupo de pibes que conquistó Japón y las almas madrugadoras que se levantaban a verlos jugar al fútbol, fue recibido en la Casa Rosada por el dictador Jorge Rafael Videla, el 10 de septiembre de 1979. El saludo de los futbolistas al genocida quedó retratada en un bello texto que José Luis Lanao escribió para el diario porteño Página|12. “Aquella «mano» no fue la metáfora de un genocidio, fue el genocidio; y se convirtió en un sueño recurrente de emociones encontradas: la de un equipo inolvidable, sublime y eterno por un lado; y la certeza inequívoca de haber sido el instrumento útil del silencio mediático de una masacre”, se lee en La mano, que en otro tramo agrega: “Aquel apretón de manos duró tan solo unos segundos. Unos segundos eternos, eternos de barbarie y desolación”.
De todas maneras, el autor de ese relato y suplente de Ramón Díaz en ese torneo señala que “el grupo no era muy politizado en ese momento” y que “Diego, de hecho, se incorpora o se interioriza en el tema político, de derechos humanos y de justicia social un poco más adelante, por lo que no recuerdo grandes conversaciones en ese momento sobre la situación del país. Es más, con Menotti, que ya venía de una cultura y un proceso ideológico más intenso y más profundo, tampoco recuerdo conversaciones de ese tipo”.
Las charlas en ese aspecto con el más grande de todos los tiempos vinieron más adelante, según recuerda el entrevistado: “Sí tuve la oportunidad de hablar cuando él se incorpora al Sevilla, en España. En ese momento yo ya estaba ejerciendo de periodista y tuve diálogos con él sobre la instrumentalización que hizo la dictadura con respecto al festejo del Mundial Juvenil, porque en ese momento se encontraba la Comisión de Derechos Humanos de la OEA en el país, atendiendo a las denuncias por la gente desaparecida, y el Gobierno evidentemente vio la oportunidad de instrumentalizar el triunfo del Juvenil para que saliera la gente a la calle, con algún festejo y con una frase que se hizo famosa, esa que rezaba «los argentinos somos derechos y humanos»”.
Todo Diego es político
José Luis Lanao conoció a Diego Maradona cuando aún era el Pelusa. “Significa mucho dentro de lo futbolístico, de haberlo conocido tan joven a los 19 años, una mirada totalmente diferente porque al Maradona posterior lo conocí mucho menos”. Y lo describe: “Era una persona cercana, muy sencilla, muy humilde, se incorporó enseguida en el grupo (del Sub 20), en el que la mayoría de nosostros aún no había debutado en Primera y él venía con ese peso de lo que ya significaba en el fútbol argentino”.
Tras remarcar que “desde la parte humana tengo el mejor recuerdo”, agrega: “Sobre todo por lo que significó desde el punto de vista ideológico: suelen aparecer muy pocos personajes de este calibre en el fútbol internacional que se posicionan de esa manera. Más allá de que haya cosas que uno no pueda aceptar sobre él, de su vida, de algunas mochilas que tuvo que cargar, es un personaje inolvidable y a defender en todo momento”.
Por eso lamenta que “este final poco agradable” de Maradona, “tan abrupto y tan desconcertante para nosotros, esté de alguna manera oscurecido por estos conflictos” entre familiares y cercanos. Y sienta postura: “Tengo una imagen de Claudia y de las niñas muy positiva. Espero que las partes lleguen a un acuerdo definitivo para que se cierre esa cicatriz si es que todavía está abierta”.
Le cortaron las piernas
El año 1986 será recordado por los futboleros argentinos como el del título mundial en México, el Gol del Siglo y la Mano de Dios. Pero para José Luis Lanao también significó el final de su carrera, con apenas 26 años. Un virus se le metió en el cuerpo y le paralizó desde la cintura hacia abajo. El especialista que lo atendió le dijo que tenía dos noticias, una buena y otra mala. La primera era que podría volver a caminar. La segunda, que nunca más podría jugar al fútbol profesional. La metáfora que Diego usaría 8 años más tarde (cuando quedó afuera del Mundial de Estados Unidos 94 por el doping), a Lanao aquella vez se le hizo casi literal. “Fue un golpe muy duro para mí”, lamenta quien por entonces había fichado para el Logroñés de España. “Había una posibilidad de que esa parálisis que se me había producido me permita volver a caminar. Más allá del golpe fuerte de tener que dejar el fútbol, prácticamente en su totalidad (porque no he podido volver a jugar un partido, no puedo correr, todavía tengo una lesión que no me permite ni siquiera trotar, sino simplemente caminar), también estaba la posibilidad de quedarme en sillas de ruedas”. Finalmente pudo –y puede– caminar por su cuenta, y además se hizo periodista: “Eso a la vez fue también la posibilidad de incorporarme al periodismo, que era algo que me gustaba, por el género y por la lectura”.
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