
Pasadas las nueve de la noche de este domingo, sin datos oficiales todavía, pero al cabo de un paseo por los canales “nacionales” de noticias, se puede adelantar que Javier Milei asoma como gran protagonista de una elección primaria nacional que confirma la casi inédita fragmentación del mapa político argentino que se olía en el ambiente.
Solo en el 2003, con las esquirlas del estallido de 2001 todavía visibles en el aire, se dio un escenario sin polarización entre el peronismo y un solo bloque del antiperonismo.
La diferencia es que ahora la fragmentación se da con un peronismo mucho menos fragmentado y respaldado por el voto popular que en aquella puja en la que Carlos Menem y Néstor Kirchner fueron los más votados en las elecciones generales, que resultaron las únicas y definitivas porque en ese entonces no había primarias y porque el riojano prefirió no presentarse a la segunda vuelta.
Así, el interrogante respecto de lo que viene es si el escenario de tres bloques con posibilidades de ganar las generales, o por lo menos lograr los votos suficientes para protagonizar un muy probable ballotage, marcará una continuidad en el declive de la fuerza política que -en sus diversas expresiones- desde mediados del siglo pasado fue siempre protagonista principal de las pujas electorales en las que pudo participar, e incluso hasta en las que tuvo prohibido hacerlo, entre 1955 y 1973; o si el movimiento que se expresó en aquella tan contundente como mítica movilización del 17 de octubre de 1945 mostrará una vez más la resiliencia que lo sostiene hasta acá.
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