
El empeño por esconder y/o manipular datos y hechos que desgastan la imagen de la gestión presidencial incluye excesos que motivan contrapuntos y hasta confesiones de parte descarnadas entre los libervoceros oficialistas. “La gente no es boluda” así que “no nos hagamos los boludos”, reprendió Alejandro Fantino a Luis Majul y su columnista Agustina Girón, por insistir en endilgar a Cristina y el kirchnerismo el escándalo de corrupción del senador expulsado Edgardo Kueider, en lugar de asumir que se trata de un “un sapo” que ojalá “la gente que vota a Javier” esté dispuesta a tragarse. Tal vez la misma sensación de tener que engullirse un batracio sienta el propio Javier tras su reciente mensaje por cadena nacional, en el que brilló por su ausencia el “viva la libertad, carajo”, ese siempre encendido grito gestual del final de sus discursos, que simboliza el perfil de aguerrido paladín de la antipolítica que tanto contribuyó a su meteórico ascenso político electoral.
También cuesta creer que al Javo le haya resultado sencillo y placentero sumar a su menú discursivo bocadillos más propios de la dieta woke que tanto denostaba últimamente pero vale emular para seguir al tope de las preferencias del electorado. A eso saben las novedosas expresiones presidenciales de “agradecimiento” al “hombre común” y los reconocimientos al “esfuerzo” y “sacrificio” que le tocan.
Hasta acá, las pocas lengüetadas cariñosas que salían de boca del León eran sólo para la otra clase de “hombre” –el “especial” sería–, en el que cuesta avizorar esfuerzo y sacrificio alguno, salvo el de ser blanco de adjetivos descalificativos largamente merecidos desde el sentido común, como garca o chupasangre.
Según el sentido especial imperante en Mileilandia, el “que labura noche y día como un buey” podrá merecer a esta altura a lo sumo algún “gracias” de vez en cuando, pero deberá esforzarse y sacrificarse mucho más aún si pretende ascender a la categoría de héroe que sí merece el que vive de los otros, al que en lugar de reclamarle algo habrá que seguir seduciendo para que derrame aunque sea algunas gotas del mar de riqueza y poder que no deja de acumular.
Ante tanto río revuelto, llama la atención que haya tanto pescador que priorice tirar el anzuelo en aguas de corrientes internas languidecientes y sin siquiera mojarritas para ofrecer al “hombre común” al que ahora Milei dedica palmaditas.
La innegable lucidez de Cristina a la hora de señalar la profundidad del daño que provoca la gestión libertaria, no se vislumbra claramente en su naciente gestión al frente del Partido Justicialista, en la que las declamaciones de unidad no condicen con las expresiones concretas de división. Las ausencias de referentes de igual o más peso que los presentes, signó el acto de asunción. Semejante postal riega el pasto que alimenta las más fieras de las especies del gorilismo y pone piedras en el camino del movimiento nacional y popular hacia el nuevo desafío de refundación de la Argentina que, más tarde o más temprano, le tocará asumir nuevamente.
La disputa sería saludable si sus ejes tuvieran que ver con los grandes trazos del rumbo a seguir. La necesidad de consolidar la acción opositora y acordar los grandes trazos de unidad que requiere la reconstrucción son mandatos de los que no reniegan ni Cristina, ni Kicillof, ni Quintela, ni los comunes que tienen claro que la que más les cuesta es la que defiende el Mileinato, pero están cada vez más hartos de todas las castas.
Publicado en el semanario El Eslabón del 14/12/24
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