La marcha en repudio al golpe fue de las más numerosas de los últimos años y estuvo marcada por la participación de miles de jóvenes que sumaron sus voces contra la impunidad y dieron color y entusiasmo al acto.

Hubo reclamo unánime contra la jueza federal Laura Cosidoy quien hiciera pública su amistad con Galtieri. También se evidenciaron algunas divergencias políticas de fondo entre el amplio abanico de manifestantes, y hubo escaramuzas entre kirchneristas y la Corriente Clasista y Combativa (CCC). La izquierda del PO y el PTS hicieron rancho aparte con un acto en la plaza 25 de Mayo.

Una marcha multitudinaria en conmemoración de un nuevo aniversario del golpe de Estado de 1976, quizás una de las más masivas de los últimos años, recorrió durante la tarde de este martes las calles de Rosario y concluyó en el Monumento Nacional a la Bandera, en donde se realizó un acto central. A las principales consignas por verdad y justicia se sumó esta vez un repudio generalizado a la jueza federal Laura Cosidoy quien hace semanas atrás, después de más de tres décadas, hizo pública su relación de “amistad” con nada menos que Leopoldo Fortunato Galtieri, por aquellos años jefe del IIº Cuerpo de Ejército. Lo que ya había producido réplicas y distintos cuestionamientos.

También se evidenciaron con un poco más de recelo, los distanciamientos políticos actuales entre tantas agrupaciones de un arco amplio que prácticamente comprende a todo el campo popular de la militancia social y política. Pero el impacto más notable de la nueva marcha fue la gran participación de jóvenes.

El aniversario coincidió con la edad de Cristo, 33 años. Y como el Nazareno condenado por el poder Imperial, los desaparecidos argentinos resucitaron una vez más en la memoria de los vivos, que no olvidan a aquellos personeros de la muerte que usaron el Estado para planificar el terror por más que algunos apenas tengan alrededor de 20 abriles.
 

La marcha parece multiplicarse en cada nueva edición y las estimaciones de los organizadores sobre la convocatoria de ayer eran de un número de entre 20 y 25 mil personas.

Pasaron entre tantas cosas en más de tres décadas, gobiernos, juicios a las juntas, leyes del perdón, indultos, reaperturas de causas y aniversarios de números redondos. El tiempo no para. Pero los militantes de las organizaciones de derechos humanos, de núcleos políticos, estudiantiles y sindicales, también rejuvenecen en miles de nuevos compañeros que se suman a la causa. Y ayer, le insuflan color y entusiasmo al acto.

La convocatoria arrancó después de las 17,30 en la plaza San Martín, desde donde, a alrededor de las 18,30 partió la marcha hacia el Monumento. Como primer paso, en El Pozo, el centro clandestino de detención de la ex jefatura policial, en Dorrego entre Santa Fe y San Lorenzo, se descubrió una placa en homenaje a los organismos de derechos humanos que participaron de la transformación de ese lugar tétrico en un espacio para la memoria.

Después, encabezada por la Madres de la plaza 25 de mayo, la caravana tomó por San Lorenzo pero a diferencia de otras ocasiones se desvió por Corrientes para dar la vuelta por Entre Ríos y parar frente a la sede de la Justicia Federal.

Allí, se pidió celeridad a las causas por delitos de lesa humanidad y se hizo un repudio a la jueza Cosidoy por sus declaraciones públicas sobre su relación con el ex dictador Galtieri.

Las columnas de manifestantes llenaban las calles céntricas semidesiertas por el feriado al compás de bombos, petardos y bombas de estruendos, cánticos y bailes murgueros.

El siempre diverso arco político se evidenció una vez más, aunque en esta oportunidad hubo algunas separaciones espaciadas en bloques de algunas fuerzas políticas, cuyas divergencias se profundizaron en la actual coyuntura. En ese marco, incluso se registraron algunos escaramuzas  a primeras horas de la tarde en los alrededores de la plaza San Martín, entre militantes kirchneristas y de la Corriente Clasista y Combativa (CCC).

En la gran marcha hubo un primer bloque encabezado por Madres a los que seguían agrupaciones afines al gobierno nacional; incluso en una de ellas estuvo como casi todos los años el propio diputado kirchnerista Agustín Rossi. Un poco más atrás, en cuadras repletas que se extendían hacia el horizonte, avanzaban, ente tantas, algunas organizaciones disidentes y de izquierda, el Partido Socialista y su brazo universitario el MNR. Separadas por una cuadra, iban por su lado la CCC y el MST; y muy distanciados de ellos, la Federación de Tierra y Vivienda (FTV) y el Partido Comunista.

Pero un capítulo aparte fue el de una de las columnas de más de una cuadra con banderas rojas que se cortó sola e ingresó por calle San Luis a la plaza 25 de mayo. Se trataba de organizaciones de la izquierda más radical como el Partido Obrero, el Partido de los Trabajadores Socialista PTS y Convergencia Socialista que incluso realizaron un acto propio en la plaza, apoyados por la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.

Según expresaron, se separaron del resto “oficialista” por considerar que la impunidad de los represores es responsabilidad del gobierno tanto nacional como provincial, que financian a los mismos empresarios que promovieron el golpe de 1976.
 

El texto anterior se publica en la edición del 25 de marzo de El Ciudadano

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