Desde hace tres años y medio, integrantes de un centro comunitario de la zona sur llevan a cabo una idea original aunque riesgosa: organizan antes de cada Central-Newell’s un partido barrial con las mismas divisas. El objetivo es demostrar que la rivalidad “se puede convertir en una fiesta en familia”. Llevan ocho encuentros consecutivos y aseguran que “nunca hubo problemas”. Sin embargo, este sábado, el noble motivo casi queda frustrado por una trifulca. “Son inadaptados que no tienen nada que ver con esta fiesta”, dijo uno de los organizadores. Al partido no asiste ninguna fuerza de seguridad. Después, volvió la calma y el partido comenzó como en el Gigante o en el Coloso, con tensión y sensación de que en cualquier momento se desataba una guerra. Pero terminó bien.

En el centro comunitario Santa Manuelita, ubicado en Garibaldi y Chacabuco, dan una copa de leche a los pibes y organizan grupos de batucadas. Miguel Ángel es uno de sus referentes y cuenta que la idea de armar un partido barrial antes de cada clásico surgió por un simple desafío con su cuñado Juan Pablo. Armaron dos equipos con gente del mismo barrio e invitaron a los pibes a llevar banderas y a reproducir el clima festivo para demostrar “que la fiesta del fútbol se puede llevar a cabo en paz, sin violencia”.
Andrés, es el encargado de la batucada O Samba do Samba y resalta que tienen actividades en el centro comunitario durante todo el año y que antes de los clásicos, se arman dos grupos distintos para que representen a Central y Newell’s.

No tan distinto

El lugar del partido es la cancha del Club Garibaldi, ubicada en Chacabuco y Uriburu, donde se juega fútbol amateur, y la hora prevista las 15.30.
El bullicio, las bengalas de colores, las banderas desplegadas, dan un marco inusual a la tarde barrial. Hay familias enteras en los dos bandos.

Los jugadores de Newell`s con camisetas rojinegras pero de distintas marcas y épocas, igual que los de Central, ya están en la cancha haciendo movimientos pre-competitivos.
Hugo, el árbitro, un veterano que fue jugador de futbol y árbitro, conversa con los capitanes. “Yo les digo que jueguen limpio que no tenemos que arruinar esta fiesta”, destaca el hombre. Se pone el silbato en la boca y corre hacia uno de los arcos que tiene un travesaño un poco ladeado y una red amarillenta con algunos agujeros.

Es que la barra de Central no está fuera de los límites del terreno de juego. Explota una bomba de estruendo. Mientras tanto, llegan más hinchas. A un costado de la cancha, la barra de Newell`s agita banderas entre ráfagas de petardos.

Algo sucede entre la hinchada canalla, hay golpes de puño y alguien empuña un arma. La gente empieza a correr. Algunos que habían dejado sus bicicletas y ciclomotores al costado de la cancha, se montan a sus vehículos y salen de vuelo.

Una madre, a los gritos, lleva a sus hijos que se resisten: “Vamos, vamos a casa; lo único que falta que acá empiecen a los tiros”, dice mientras los pibes rezongan.

Los organizadores desesperados intentan poner orden. El árbitro corre al centro de la cancha. Entre el caos, Miguel Ángel, hace señas y dice: “Ya está, ya está, no pasa nada, son un grupo de inadaptados que no tienen nada que ver con esta fiesta”. Los jugadores dejan de calentar y están parados esperando una definición.

La tensión de un clásico

Uno de los jugadores de Newell´s, mientras tanto, comenta: “Nunca faltan los que están medio en pedo que arman lío, pero más allá de algunos quilombitos es una fiesta en paz, esa es la idea, esperemos que nadie nos arruine el partido”.

“Los que jugamos somos todos del barrio, muchos parientes, así que no hay ninguna historia. Jugamos desde los 20 años para arriba, la mayor parte somos laburantes en alguna fábrica o changarines aunque también hay muchos sin trabajo”, relata el joven.

“Algunos ni vamos a la cancha por falta de guita o porque tenemos que laburar. Yo, mañana, al partido lo veo por la tele, si lo pasan, o lo escucho por la radio. Muchos en esta zona eran de la barra del Pimpi y ahora no van más, se terminaron la entradas y los choripanes”, dice con ironía.

De repente, aparece el técnico y les grita que se muevan, que no se enfríen y vuelven al peloteo. Los de Central también. Pasan los minutos y todavía la barra canalla no se ubica del todo detrás del arco.

Algunos de los espectadores que se habían alejado miran desde lejos y al ver cierta calma, se acercan tímidamente al costado de la cancha. Miguel Ángel vuelve a agitar sus brazos y corre entre los jugadores al grito de: ¡“Vamos, vamos, vamos a empezar!”.

Juego de pasiones

Hugo, el árbitro, se entusiasma, pide la pelota y la pone en un imaginario centro del círculo del medio campo. El partido, al fin, está por iniciarse y se levanta el griterío. Suena el silbato y arranca el clásico. Los jugadores sienten la presión y van a cada pelota como si fuera la última. Los técnicos dan indicaciones como fuera de sí mismos.

Un desborde profundo del puntero derecho rojinegro es interceptado por un defensor que no puede llegar a tiempo, y lo derriba fuera del área grande. Hugo, con su cara de abuelo bueno, pita, señala y cobra la falta. “¡Viejo de mierda qué cobrás, te vamos a matar”!, brama un espectador con un porrón de cerveza en la mano.

Centro sobre el área; el despeje va a parar a un balcón con ropa tendida de una casa que está detrás de un arco. Hay pequeño parate, y gritos. Una mujer se asoma entre las sábanas del balcón y devuelve la pelota.

Contraataque rápido centralista, buena pared entre dos delanteros y mejor definición por abajo del cuerpo del arquero. 1 a 0. Montaña humana de festejo entre los jugadores. Reclamos y broncas de los hinchas leprosos.

El pitazo final

La contienda terminó. Ganó Central 3 a 1 y se celebra como un campeonato. Los de Newell’s también gritan y saltan. Los jugadores canallas se abrazan con los leprosos. A pesar del clima de tensión que se vivió durante toda la tarde, el cierre es tranquilo. La gente se comienza a retirar.

Andrés, uno de los integrantes del centro comunitario, suspira muy profundo y remata: “No fue fácil, pero al final todo terminó bien, que es lo que queríamos”.

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