

Como jugar a contraluz con un caleidoscopio puede leerse Es imposible pero podría mentirte, la nouvelle de Beatriz Vignoli, en la que los sentidos proliferan ad infinitum como respuesta a un silencio de muerte. Una historia del amor y del desamor donde no existe la Justicia pero sí una presunta culpable: la mujer que desea, y que, en su condición deseante hace su apelación, o mejor dicho, una ofrenda como las flores de Ofelia: un relato signado por el humor desenfadado, la parodia y las intermitencias de la poesía. La autora presenta en su tercer obra de ficción, una narrativa irreverente en la que subyace la crítica a una época que vela por la legalidad del amor, que lo criminaliza. Una escritura que reivindica a la mujer adulta como sujeto de deseo y que insiste obstinadamente en ponderar al amor como una posibilidad, a pesar de todo y del silencio.
La escritora, periodista y traductora Beatriz Vignoli cuenta que la idea de Es imposible pero podría mentirte surgió a partir de una ruptura seguida de “un silencio siniestro”, y de la existencia de algunos textos y ensayos autónomos que fueron publicados en las contratapas de Rosario/12 durante el 2011. Pero fue Marcelo Scalona,director de la colección Ciudad y Orilla de Homo Sapiens, quien le propuso reunir ese material y hacer con “esa escritura del desastre”, el libro que estará presentando el miércoles 31 de octubre a las 19.30, en el auditorio Rodolfo Shcoler de la editorial, Sarmiento 829.
Es preciso atenerse a una escritura no lineal, desprenderse como sugirió Roland Barthes de “todo intento de querer asir”, porque esta es una escritura en fuga, a “la manera en que los surrealistas caminaban la ciudad, la caminaban leyéndola” dice Beatriz para explicar el “azar objetivo” que funciona a la perfección como dispositivo para el armado de su nouvelle.
Es imposible pero… es una suerte de cartografía del deseo que traza recorridos, encuentros azarosos y persecuciones detectivescas en Atopía, la ciudad -no lugar- donde «el abismo no nos detiene” y en la que suceden todas las ficciones de Vignoli. Las líneas de colectivo, las calles por las que la poeta camina junto a sus amigos, cómplices y testigos -de un supuesto crimen que se está cometiendo permanentemente- así como los bares y los sótanos de los bares a los que alude, encierran a este no lugar como un microcosmos dentro de la ciudad de Rosario, y que al mismo tiempo la desborda y va más allá.
“El libro se iba a llamar Constelaciones por Walter Benjamin. Es un concepto medio surrealista, de la figura que es construida nada más que por la mirada del espectador. Es pura interpretación. Es un rizoma que se dispara para todos lados y donde el sentido nunca está cerrado porque la idea es proponer una escritura en la que lo que está puesto en el papel no sean signos, sino significantes y que el significado quede en suspenso.” Algo así como el método psicoanalítico que Beatriz se apura en constatar que en el libro opera sólo con una función puramente estética.
Finalmente la nouvelle recibió su nombre definitivo de “una frase que pude robarle a este otro ausente, y que define a la ficción misma, como me dijo el actor, escritor y docente de teatro, José Cordeiro, una vez que por azar lo encontré en la farmacia del barrio”.
Desde la no dedicatoria del libro, el epígrafe de Daniel Paul Schreber, para justificar acaso, a través del autor de Memorias de un enfermo de nervios, que la heroína de la nouvelle tampoco está loca; pasando por el prólogo a cargo de su «abogado defensor» ombusdman, el único personaje de la novela que coincide sin disimulos con la persona real de Nicolás Manzi, en fin, todos los elementos, incluso hasta el arte de tapa (obra de María Luz Seghezzo) tejen la unidad de la obra que subyace en esta vorágine de semiosis ilimitada.
“Mi apuesta más consciente y más lúdica fue la de jugar con distintos géneros de la literatura menor. Sobre todo con el melodrama, y con el policial negro, o mejor dicho, hacer un pastiche de todo esto a modo de parodia y homenaje”. Uno de los intertextos paródicos es el que hace alusión a La Condena de Kafka pero en “una versión porno soft rock del cuento” en la que “el padre después de decirle que se cogió a la novia lo condena a ser abogado, pero el tipo desafortunadamente escucha ahogado y entonces va y se tira al arroyo”, comenta la autora sobre un pasaje de la obra.
Por otra parte, en la nouvelle, la prosa poética aparece algunas veces como elemento autónomo, pero las disgresiones poemáticas se filtran por todo el relato dándole un ritmo apropiado, armónico, como si además Beatriz estuviera cantando una canción, la Canción desesperada pero rockeándola.
“Mi tono es cómico, alegre, como la comedia isabelina, barroca. En lugar de quedarme en lo trágico de ese vacío, en lugar de preguntarme si el otro está o no está, me pongo yo a construirlo, mediante la sustitución metonímica. En este libro estoy combatiendo todo el tiempo contra la noción freudiana de pérdida: Perdiste y entonces tenés que hacer el dueeeeeelo, por la peeeeeerdida y entonces digo, ¿por qué la pérdida? Cerrá la canilla, o llamá a un plomero, qué se yo”.
En este sentido, Beatriz señala que en el epílogo del libro propone de una vez acabar con los finales y con la idea de las pequeñas muertes: “La posición que encontré ante el final es lo que Lacan llama la laminilla, la negación de la mortalidad, o sea que para Lacan sería re enfermo. Yo planteo que la única muerte es La Muerte y nada más. No tengo empacho en reconocerme mortal, en eso me identifico mucho con el barroco, entonces no estoy poniendo velos todo el tiempo y matando otra cosa para olvidar que voy a morir, algo que en esta época hacemos todo el tiempo, y que incluso Lacan hasta lo propone: sugiere que esas pequeñas muertes que uno va viviendo a lo largo de la vida y a las cuales sobrevive son las que permiten velar el horror de la propia muerte. A mí no me horroriza, o sí, pero me la banco. Lo que no me banco es el silencio del que pone en acto la muerte, poner en acto una muerte que no es tal, actuarla, encarnarla, ese silencio es siniestro”.
De alguna manera, la autora sintetiza que en el libro “la pregunta que insiste es la pregunta por el deseo del otro. Es como en la película The wall: «Is there anybody out there?», ¿Hay alguien ahí afuera? y sí, siempre hay alguien. Pero lo interesante es que en esa búsqueda aparece el propio deseo, cuando la protagonista le muestra su deseo a los otros hombres, a mis testigos de Giovanni.”
Así como todos los enunciados son autobiográficos, Vignoli infiere que para la invención de la ficción es necesario encontrar estilísticamente la voz, en este caso “una voz como enloquecida, como un pájaro sin nido que va dando vueltas y vueltas en el aire como dice Fito. Se trata de crear un dispositivo de enunciación que me permite hacer enunciados en boca de un yo, que cuando vos leés es otro, y no se sabe quién es, como tampoco se sabe quién es ese otro”, ni los demás personajes.
La ofrenda. “Cuando traduje Hamlet de William Shakespeare hace poco, me identifiqué mucho con el personaje de Ofelia que pierde a su padre, es rechazada por el hombre, su hermano está en el exilio y ella se derrumba. Termina tirándose al río, pero antes de eso regala flores y hierbas curativas para toda la corte y las va nombrando una por una. Es muy bella esa escena pero muy triste. En cambio yo me rebelo contra el ritual oscuro de callar. Decidí no darle el gusto a ese silencio tan saturnino, tan plutoniano, tan inapelable, entonces mientras me queden flores, es decir, mientras haya palabras, habrá vida. Por eso el libro no se termina”.
La legalidad del amor
Una de las aristas más interesantes, para no hablar de tópicos en una escritura huidiza, donde nada está para ser fijado en un lugar, es la puesta en crisis de las nuevas formas bajo las cuales aparece el amor en los tiempos que corren «donde está de moda que se termine», el sentido crítico y profundamente político que atraviesa toda la obra. “En este libro hay una critica a la época, más de punta aún que la que hice en Molinari baila, y por eso no deja de ser un texto político porque ésta es una época en la cual las pasiones, los sentimientos, los vínculos, las relaciones humanas perdurables, el depender del otro, que no te dé lo mismo estar solo o con una determinada persona que no puede ser otra, todo eso está, en el peor de los casos criminalizado, y en el mejor de los casos medicalizado o patologizado”, reflexiona Vignoli.
“Queda en evidencia con la repercusión que tuvo un video de Youtube en que una chica actúa el personaje de la novia loca, la acosadora. Un personaje que está muy instalado hoy en el imaginario masculino de los jóvenes varones: la acosadora. Ya no se piensa más en la mujer enamorada, antes el hombre se emocionaba si una mujer le decía «ay, te amo» y ahora salen corriendo porque creen que es una enferma mental que quiere devorarlo”.
Este libro, como expresa Vignoli es un modo de “redimir a la mujer enamorada, decir de la mujer enamorada que no está loca, ni es una delincuente” -y continúa con su alegato- “Este libro está a favor del amor, y a favor del deseo de la mujer que ya pasa de una cierta edad, porque en nuestra cultura está instalada la figura de la mujer como objeto del deseo del hombre, no como sujeto del deseo, ahora se le permite un poquito, pero si es joven y bella, si no, no. Y el humor del libro radica también en esta cuestión, sobre todo en alusiones a la masturbación femenina o al consumo de pornografía por parte de mujeres, que son muy cómicas. Imaginate minas viendo videos de tipos que se meten trajeados en una bañera y que van rompiendo sus ropas bajo el agua”.