Una idea que circula sobre la nunca consolidada escena rosarina —y que ya fue tocada tangencialmente en esta columna (?)— es que la libertad creativa que hay en la música local independiente está directamente ligada a la falta de posibilidades para subsistir económicamente de los proyectos que la componen. En castellano: como no hay chance de que gane un sope con la guitarrita, hago lo que se me canta y si no le gusta a nadie, ya fue. Este postulado fue evidente durante los últimos días de diciembre de 2019 y enero de 2020: a pesar de que el marketing musical desaconseja “lanzar» (siempre me hizo reír el uso de esta palabra en este contexto) cualquier producto artístico por esta fechas, ya que “la gente está en otra, los medios también y no entrás en las listas de mejores del año”, este período estuvo pleno de discos nuevos, singles, videos y una cantidad interesante de shows en vivo. Recibí por mensaje privado la queja más que pertinente de gestorxs culturales y periodistes al respecto, pero parece que las reglas no les importan a les jipis rosarines.

Entre estos lanzamientos fuera de época llegó Segundo Sánchez que —como su nombre lo indica— es el segundo disco de Sánchez, a casi nueve años del primero. Cuando escribo “fuera de época” es porque el concepto es extensivo a todo el proyecto liderado por Bruno Sidoni. En tiempos en que los géneros parecen servir solamente para mal catalogar artistas en Spotify, no van a encontrar ninguna fusión ni disgresión en este pueblo, es power pop puro y duro.

Acá viene la parte en que me toca decir a qué me hace acordar el disco de Sánchez. A veces prefiero evitar esto y poner una metáfora o algo así, pero como la referencia que encuentro me gusta mucho la mando sin anestesia: salvando el presupuesto y las distancias, en 1991 Matthew Sweet grabó con un seleccionado tremendo de músicos un LP que se llama Girlfriend y es una obra maestra. De tarea les pido que lo escuchen, presten especial atención a las guitarras y googleen el nombre de los tipos que las ejecutan.

Volviendo a nuestra realidad, las canciones de Sidoni y su renovado grupo (sólo queda de la formación anterior el mago silencioso del ritmo, Fede Toscano) son literalmente refrescantes. Como los tres o cuatro días fríos del verano rosarino, se disfrutan con las ventanas abiertas, el vientito que te despega de las sábanas y la sensación palpable del humor mejorando. Si tengo que elegir lo mejor de Segundo Sánchez me quedo con los finales de los temas: siempre un chichecito, un cambio de ritmo, un arreglito piola para ir cerrando. En definitiva, este disco es de esas cosas que agradecés que pasen en los meses en que supuestamente no deberían pasar.

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