“En la ciudad vivimos en forma individual, cada uno en su casa, allá tenés que salir, tenés el monte para jugar y obligaciones diarias que hacer, estar en la huerta, acompañar a las chivas, ir a buscar agua, la vida es dura pero está llena de experiencia y de deseos de pertenecer a ese lugar y de crecer”, relata el documentalista rosarino Nicolás Heredia sobre sus largas estadías en el Impenetrable chaqueño. Su cámara busca tender un puente para que puedan encontrarse las miradas citadinas y los ojos de los pueblos dolientes, criollos y originarios que habitan el lugar e impulsar una campaña de donación para construir cisternas en el marco Covid19. El miércoles 14 de octubre, a las 22, su documental El agua es vida. Historias del Impenetrable Chaqueño, se emitirá por el canal provincial, 5Rtv. También esa semana y sobre el mismo tema, se presenta su libro Raíz y Cielo, en México.
Se trata de un mediometraje que narra la importancia del agua en la vida cotidiana de sus habitantes, las dificultades históricas que tuvieron para tenerla y el cambio que significó el proyecto de cisternas que construyeron con sus manos, rescatando una técnica ancestral de acopiar agua de lluvia y que llevaron adelante con la Asociación Cultura para el Desarrollo Integral (Acdi) y la Fundación Gran Chaco. La obra está en el marco del acueducto Wichi-Pompeya-El Sauzal, en construcción.
Mientras tanto, a través de ambas organizaciones, se puso en marcha la autoconstrucción entre vecinos de cisternas de placas de 16 mil litros, para recoger agua en el período de lluvia utilizando el techo de la vivienda como recolector, para poder así pasar la época seca. Ya llevan construidas 750 cisternas y está abierta una campaña para donar: quienes quieran sumarse pueden escribir a donacionesprivadas@acdi.org.ar.
El documental trata de un recorrido por 15 parajes de tres asociaciones campesinas del interior profundo del Impenetrable, que saca a la luz los problemas de salud por no tener agua potable en los días de pandemia; y que incluye la mirada de género, ya que son las mujeres las encargadas de proveer el agua, recorriendo grandes distancias con bidones a cuesta. Y son justamente las mujeres, las voces de los relatos.
“Si no tienen las cisternas tienen que caminar 10 kilómetros para buscar agua, se levantan a las 4, antes de que salga el sol, para llegar al charco o la laguna, porque en verano esos lugares se llenan de abejas y otros animales que también buscan la humedad, con ellos tienen que competir por un agua que no es potable, llena de bacterias que causa diarreas en adultos y mortalidad infantil”, relata Heredia.
Hacer visibles y sensibilizar
El desafío del realizador era reflejar la vida cotidiana del Impenetrable para poder mostrar al mundo algo imperceptible en las postales informativas cristalizadas sobre sus pobladores y cargadas de prejuicios. Así inició sus prolongadas estadías con ellos, durante meses, intentando con palabras y silencios encontrar un lugar que le permitiera calar profundo: qué sueñan, desean, sienten, añoran, celebran; qué nos enseñan y qué les debemos. Pero no sólo fue filmar, participó en todas las actividades como uno más de la comunidad y evoca sus días y sus vínculos con gratitud y afecto.
“Hay mucha desinformación de lo que se vive allí, muestran sólo un lado, hay hambre, pobreza, falta agua, pero eso en Rosario también lo tenemos y el Impenetrable aparece como rebalsado de esa connotación, pero al estar ahí descubrís que hay un gran sueño, son pequeños bastiones culturales resistiendo como parte importante de la historia de Latinoamérica”, explica.
“Hay que ayudar por un lado pero también hay que mantenerse un poco al margen como para no contaminarlos mucho de lo que vivimos en las ciudades”, dice; y la advertencia recuerda las miradas poscoloniales como la del historiador Mario Rufer, sobre las marcas coloniales que reproducimos con racismo, exclusión e identidades truncas. Por eso buscó la voz propia para sus relatos y la voz de las mujeres contando historias individuales pero engarzadas en la vida colectiva. “Relatan cómo llegan a ser tejedoras con fibras de chaguar a través de sus madres y abuelas, mostrando el peso de la mujer en ese sistema social. Ellas le ponían más importancia a la historia sobre cómo les transmitieron ese saber, que a las piezas terminadas, que son increíbles y que tienen los mil años de historia que se vienen repitiendo”, comenta. Y añade que justamente la historia que acompaña a las artesanas, estructura el documental.
Raíz y cielo
Pero el documental no es el primer registro del tema. En 2019, lo antecede el libro de fotografías y relatos Raíz y Cielo, que refleja seis meses de vivencias en el lugar. “En este libro le doy ojos al Impenetrable, con retratos de criollos e indígenas, mujeres, hombres y niños; y se presentó por primera vez en Atenas (Grecia), a través de la Cancillería, cuyo agregado cultural había visto en Italia la muestra de mi primer libro, Peregrinos y quería hacer una muestra en Grecia”, relató. También participó en un ciclo sobre Civilizaciones Antiguas, en Hong Kong y ahora se presentará en la Feria del Libro Internacional de Antropología e Historia, en México.
El libro Peregrinos, documenta la procesión de la Virgen de Copacabana, un interesante sincretismo en Tilcara, que plasmó después de tres años de participar de las celebraciones de la virgen negra con el manto replicando montañas. La obra se presentó en seis ciudades de Europa. En Francia, y con ayuda de dos becas, trabajó con los refugiados de Somalia, Nigeria y Siria, en el asentamiento de la ciudad de Calais, Francia, para la ong Help Refugees.
¿Cuál es la devolución de los libros en Europa? “Les gusta mucho poder ver una Argentina profunda, con representaciones muy fuertes de las raíces, de comunidades que no son visualizadas más allá del difundido formato Buenos Aries-Tango”, enfatiza.
Fuente: El Eslabón
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