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Como en un partido de truco en el que se disputa quién es el poseedor de la carta más alta pero también vale mentir, las dos primeras jornadas del juicio oral por narcotráfico en el que están imputados Ignacio Actis Caporale –presunto líder de una banda– y el ex comisario de Drogas, Alejandro Druetta, enfrentó a los protagonistas en la tarea de convencer al tribunal de que es el otro el que tuvo el ancho de espadas, la baraja que manda, y que él sólo es un insignificante cuatro de copas.

Conocido como Nacho u Ojito, Actis Caporale (32) llegó a juicio procesado como líder de una banda que hasta 2012 comerciaba narcóticos en el centro de Rosario.

Su caso fue conocido en septiembre de ese año cuando un operativo de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) allanó su domicilio, el de su padre y el de sus presuntos cómplices, de donde secuestraron 3,1 kilos de cocaína, MDMA, 4 kilos y medio de marihuana, troqueles de LSD, 238 pastillas de éxtasis.

Fueron arrestados el padre de Ojito, Jorge Actis Caporale, el proveedor porteño Joaquín Herraiz Goizueta, Leandro Cano, Daniel Illanes, Dante Pierani, Carlos Colombini, Román Palmedi y Pablo Kresta como presuntos integrantes de la banda. Esta semana comenzaron a ser juzgados.

El juicio se demoró porque Ojito no cayó en los procedimientos de 2012. Volvía de unas vacaciones en Colombia con su novia de entonces y al arribar a una escala en Lima, desde Santa Fe le avisaron que abandonara el vuelo. Lo hizo y reingresó al país por vía terrestre.

El miércoles declaró que el que le avisó fue el policía Juan Ángel Delmastro, Tiburón, condenado por complicidad en el juicio de 2018 a Los Monos, y también acusado en el proceso oral que comenzó esta semana.

Druetta y Ojito se conocían desde 2007, cuando el entonces policía de la Brigada de Drogas de Rosario lo detuvo con estupefacientes en la plaza Pringles. Actis era un adolescente de clase media, instruido, que vendía LSD en fiestas electrónicas, con un perfil lejano al estereotipo del narco. Hasta 2012 no se supo más de él.

En diciembre de 2016 fue capturado por la PSA, que nunca le perdió los pasos, cuando estaba a punto de largar una carrera en el autódromo de Buenos Aires bajo el seudónimo de Alex Aqua. Desde entonces está detenido.

En agosto de 2018, Speedy Druetta, fue procesado por confabulación con la banda de Actis Caporale, al descubrirse dos escuchas en las que presuntamente ambos dialogaban.

Pero tras la caída de Ojito, la cosa cambió. Pidió acogerse a la figura del imputado arrepentido y testimonió en tres oportunidades en contra de Druetta. “El jefe era Alejandro Druetta, era él quien entregaba la droga y decía muchas veces a quien se la tenían que vender. También pedía que le entreguen a gente que les compraba, para él después detenerlos y con esos procedimientos ir ascendiendo en su carrera policial”, declaró.

Existen al menos cinco causas en las que las personas detenidas con drogas denunciaron que Druetta los “embagayó”. Es decir, les plantó los estupefacientes secuestrados. Según Actis Caporale, el policía hizo muchos más de esos operativos, pero para “pedirle plata y sacarles la droga” a los vendedores.

Entonces sobrevino otro procesamiento para el policía, esta vez junto a Delmastro como jefes u organizadores del tráfico de drogas con fines de comercialización. No es lo mismo ser cómplice que capo. Ese expediente se acumuló al de Ojito.

Lo que en términos poco amable se ventila en el juicio que se inició esta semana es el intríngulis del caso: ¿Quién era el jefe?

Ojito al Speedy

Al declarar el miércoles ante el Tribunal Oral Federal 3 de Rosario, Actis Caporale señaló a Druetta y Delmastro como sus “jefes”, y dijo que eran quienes les proveían la droga.

El fiscal Federico Reynares Solari le pasaba escuchas en las que presuntos policías le advertían sobre operativos antinarcóticos y él respondía sobre esos datos: “Me los pasaban mis jefes”.

Ojito relató que él vendía drogas junto a sus otros cómplices, reconoció su voz en varias escuchas en las que dialogaba con policías, a quienes les pedía información o colaboración ante la caída de algún vendedor.

Llamativamente, al ser preguntado por el fiscal sobre sus interlocutores, en forma invariable respondió “desconozco” o “no me acuerdo”, refiriendo al paso del tiempo. Las conversaciones son de 2012, antes de la caída de la banda.

Paralelamente, Actis Caporale brindó precisos detalles de los procedimientos que le entregó a Druetta, quien buscaba “positivos” para exhibir ante sus jefes y ascender en su carrera policial.

También declaró que cuando Druetta fue enviado a la brigada operativa de Villa Constitución lo utilizó como proveedor de drogas para dos búnker que administraba el policía.

La cuestión no es menor. Si Druetta era el jefe de la banda, Ojito no, y la condena que pudiera caberle sería menor

Speedy a los Ojos

Al declarar el jueves, Druetta se mostró como una víctima de la política y el periodismo. Recordó que su detención se produjo el 13 de junio y el 15 eran las elecciones provinciales, y apuntó a la entonces ministra de Seguridad nacional, Patricia Bullrich, de “hacer política” con su arresto.

“Esta gente me transformó en un monstruo, el periodismo me destrozó. Lo que quiero dejar en claro es que esta gente está fabulando”, dijo el policía.

“(Cano, que también testimonió como arrepentido) declaró que la droga era mía, que yo se la daba a ellos, pero después dijo que iba a Villa Constitución y que yo les pagaba esa droga”, puntualizó Druetta sobre una presunta contradicción.

Agregó que “esta es una banda de delincuentes que se reconocen como delincuentes al declarar. Tienen bienes. Vehículos que han robado por lo que se escucha en los mismos audios de la audiencia”.

Dijo que él los detuvo y eso “causa resentimiento”. “El relato armado es tan grande que les está costando mantenerlo”, abundó, para preguntarse: “¿Dónde está mi usufructo con el narcotráfico? Yo no tengo ni vivienda propia”. Con algunas cartas sobre la mesa, la partida continuará.

Fuente: El Eslabón

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