
“Rasguña las piedras”… Suena al nombre de una película de terror, pero es una canción que refleja una oscura y dolorosa etapa argentina que comienza el 24 de marzo de 1976 con el general J.R Videla y sus militares al mando…
“Detrás de las paredes que ayer te han levantado te ruego que respires todavía”… Así era el clamor de las personas secuestradas, arrebatadas de sus hogares, encarceladas en oscuros y húmedos calabozos, y torturadas algunas hasta la muerte. Y todo…. ¿por qué? Porque tenían diferentes ideales, por su postura política, por animarse a luchar por un país diferente, que en ese momento se encontraba en crisis educativa y laboral.
“Apoyo mis espaldas y espero que me abraces atravesando el muro de mis días”… Solos, con frío, desconociendo donde estaban, escuchando los gritos aterradores de los demás, con miedo a no saber cuándo terminaría esta pesadilla. Sintiendo el dolor del otro, buscando en el otro también un amigo, imaginando que eran abrazados por sus seres queridos, que anhelaban volver a ver.
“Y si estoy cansado de gritarte es que sólo quiero despertarte. Y por fin veo tus ojos que lloran desde el fondo y empiezo a amarte con toda mi piel”… Despertarle, saber que el otro de la celda de al lado aún seguía con vida, era una señal de esperanza, saber que había sobrevivido a las torturas y violaciones, aún si no lo conocías era vital escucharlo hablar. Porque en el dolor de uno, estaba el dolor de todos, el ver que el otro estaba vivo, que lo traían a su celda con vida, era un motor para seguir luchando.
“Y escarbo hasta abrazarte y me sangran las manos pero qué libres vamos a crecer”… Los injustamente secuestrados buscaban la libertad, encontrar en su vecino de dolores un auxilio, una forma de salir y ser libres. Libertad que también sería buscada por Madres y Abuelas, por mujeres que hasta el día de hoy interceden fervientemente para recuperar aunque sea el cuerpo de los que faltan, dispuestas a vaciar el mar si así fuera necesario. Con valentía, sin importar ni su propia vida, buscando no solo a sus hijos e hijas sino buscando a los hijos de otras mujeres. Ya nada les importaba, les habían arrebatado todo.
Hoy nos unimos como argentinos, nos unimos para luchar a favor de la memoria, que no se olvide lo sucedido. Hoy clamamos con voz en cuello: ¡Nunca Más! Por aquellos que fueron forzosamente callados, que su memoria permanezca vigente. Repudiamos lo sucedido, el cobarde accionar de los victimarios. Clamemos, clamemos por ellos… Porque si callamos, hasta las piedras hablarán.
(*)Samuel tiene 16 años, es estudiante de 4to año de la Técnica Nº 459 de Pérez.