“De Catalina hay muy pocas fuentes, incluso algunas van a decir que esto es un mito. Podemos suponer, por el tipo de familia en la que vivía, que ella sabía dónde estaba participando. No sé si opinaba, pero sí estaba al tanto de que eso que estaba cosiendo no era un vestido”, dice la historiadora Paula Caldo, docente de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) e investigadora adjunta del Conicet. Es especialista en historia con perspectiva de género y, como tal, una de las convocadas por Canal Encuentro para narrar la historia de María Catalina Echevarría, la mujer que cosió la bandera que Manuel Belgrano izó por primera vez en Rosario, el 27 de febrero de 1812.
La serie de Encuentro se llama Catalina, la mujer de la bandera y se lanza este domingo 20 de junio, a las 21, y continúa los viernes también a las 21 y por la misma señal. Fue dirigida por Romina Tamburello y realizada por la productora local Pez Cine. El productor es Santiago King y coguionista Federico Actis. Son cuatro capítulos que invitan a conocer más sobre esta mujer y su época, pero también para dar una vuelta a la historia política nacional y pensarla con una mirada de género. Además de Caldo, participan las historiadoras y los historiadores Gabriela Couselo, Alicia Megías, Elsa Caula, Ignacio Lardizábal, Ignacio Martínez y Gabriela Fernández Díaz.
Paula Caldo destaca del trabajo de la productora local -entre otros aspectos- la “genialidad estética para construir esa figura que ha dejado muy poquitas fuentes”, la música original y el recurso de las animaciones que juegan con el pasado y el presente. Además de la posibilidad de mostrar la transformación historiográfica que incorpora otro tipo de fuentes, de pensar a las mujeres en la historia y “para dar existencia a sujetos que de otra manera no podríamos ni siquiera nombrar”.
“Me gusta la historia de esta mujer porque marca la historia con cosas de mujeres, no se tuvo que disfrazar de nada para coser la bandera. Es la mujer de la época actuando en la política”, dice sobre Catalina la historiadora de la UNR.

—¿Cuál fue tu participación en la serie de Canal Encuentro?
Fui convocada a hablar de cuestiones más generales vinculadas a la vida de las mujeres en el siglo XIX. Participé trabajando algunas notas sobre cómo la historia recupera a las mujeres, cómo podemos pensar el 20 de junio a partir de Catalina y de este gesto femenino. Lo que también significa correrse de las mujeres sobre las que hay más referencias, que son las heroínas, las que fueron a la guerra, esas que se vistieron de varones o que estuvieron en el frente de batalla, para hablar de todas estas otras, como Catalina, que estuvieron en la trastienda y no aparecen. No estoy hablando de una esencia (de la mujer) sino de lo que era la expectativa de época para lo que era la función femenina a principios del siglo XIX. Y que era casarse y tener hijos. No había mucho más. Algunas peleaban la escritura, algunas iban a la guerra, pero la mayoría de las mujeres hacían lo que Catalina, y desde un lugar totalmente sumiso. Porque la educación se transmite entre mujeres, porque las mujeres no íbamos a la escuela, recién pudimos ir abiertamente a finales del siglo XIX. En ese momento la educación era la de las madres. Cuando una piensa la historia de la educación de los varones siempre habla de instituciones, pero cuando pensamos la de las mujeres hay que hablar de la cocina, de la sala de costura y la sala de costura en las mejores familias, en las demás era cuando a la noche la mamá se juntaba a coser con esa cantidad de hijas que tenían, a arreglar la ropa de la familia, y ahí había unos diálogos y una transmisión de saberes que te situaba en ese lugar. Las mujeres no somos ni una esencia ni un singular, hay muchos modos de habitar eso que llamamos las mujeres. En esa época, las Catalinas eran las que cosían, las que estaban en la trastienda haciendo estas labores. Me resulta muy atractivo pensar una serie que hable de la bandera acentuando la figura de una mujer. Y de una mujer que está haciendo las cosas que las mujeres hacían en ese momento. La lección a futuro que nos queda de esto es decir cuántos años de sumisión y cuánto trabajo construido y fundamentado por la misma práctica de las mujeres sobre un rol que nos cuesta tanto mover. Estoy segura que todas tenemos alguna madre o abuela que nos está diciendo “quedate en tu casa” o “no salgas”, estas historias que tienen años de mujeres ocupando lugares de mujeres. Ese lugar estereotipado. Esto es lo que representa Catalina: una mujer que cose, que sabe coser y que participa en la leyenda nacional con su saber.
—¿Era consciente Catalina del significado que tenía esa bandera que estaba cosiendo?
De Catalina hay muy pocas fuentes, incluso algunas van a decir que esto es un mito. Lo que nosotras podemos suponer, por el tipo de familia en la que vivía, es que ella escuchaba estas cosas, sabía dónde estaba participando; no sé si opinaba, pero sí estaba al tanto de que eso que estaba haciendo no era un vestido. Por eso quizás también convocó a sus amigas y por eso quizás estaba presente en el momento en que la bandera se izó. La catedral lo refleja, si una mira hacia arriba en la catedral la ve a Catalina con un paño en sus manos. Tuve que imaginar a Catalina en Rosario, a principio del siglo XIX, en esas poquitas huellas que ha dejado. Rosario era una aldea, un caserío construido en torno a un templo, con unas 700 personas, la mayoría de las casas era un rancherío sobre las barrancas y las pocas residencias más habitables serían las de Catalina y su familia, y dos o tres más. Una se pregunta entonces cómo viviría, en ese espacio tan pequeño, una mujer de una de las familias más acomodadas, en términos culturales, porque su hermano era abogado y amigo de Belgrano, porque sus padres adoptivos tenían un comercio importante y porque quizás tenía acceso a telas y objetos, de esos que se asocian a lo femenino, que quizás las demás mujeres no tenían. Se casa muy tarde para la época. Si las fechas cierran, tenía 28 años cuando se casó, cuando en esa época se casaban a los 14 o 15 años. La historia, las fuentes, nos devuelven eso: el fin era casarse y tener hijos, y aprovechar la fertilidad.

—“Olvidada por el relato tradicional y rescatada por la tradición oral de una ciudad”. Así presentan a Catalina en la difusión de la serie. ¿Qué más recupera la tradición oral de las mujeres de la época?
La tradición oral lo que rescata es el gesto de Catalina relacionado con el paño. Aquí aparece el problema de cómo las mujeres entramos a la historia, y que es cuando nos relacionamos con las cosas de varones, porque a la historia la cuentan los varones. Las historiadoras de las mujeres me dirían: “Estás diciendo verdades que están totalmente asumidas por quienes trabajamos historias de mujeres”. Pero hacia afuera esto sí es necesario seguir repitiéndolo. La historia política nacional es una historia de los varones, y las mujeres formábamos parte de la vida privada de los varones. Catalina es mencionada porque tocó la bandera, de lo contrario no sería mencionada, no sería parte de la historia. Hay algunos relatos más que vienen a cuenta de que no la cosió sola, que la bandera no tenía tres franjas sino dos. Otros sobre que ella hace algo así como sacar las telas del comercio de su padre adoptivo, también aparecen unas esclavas. Ahora hay como un sustrato que nos queda: las mujeres cosían. La costura era un saber de las mujeres en general y más allá del sector social que fuese. Esto de ver a la dama sentada cosiendo era así. Quizás por la relación que tiene la ropa con la intimidad, quizá por el gesto de cuidar y de abrigo que tiene el tema de la ropa, por la cercanía con el cuerpo.
—¿Cómo era la relación de Catalina con Belgrano?
La relación con Belgrano viene mediada por la relación con su hermano. Es la idea que a mí me quedó de las pocas fuentes y rastros que quedaron. Nunca vi una carta de Belgrano, un texto escrito directo, son relatos que surgen a posteriori. Sí sabemos que su hermano tenía una profesión y que Belgrano estuvo en su casa. Allí estaban las mujeres que sabían coser y colaboraron con ese símbolo. Esa tradición de las mujeres construyendo los símbolos nacionales también la encontramos a lo largo de la historia. Esto es prueba de que había un saber doméstico que en cierto sentido se convierte en el constructor del símbolo de la patria. Y es cuando una dice cuánto de lo político impacta en lo doméstico. No sé si Catalina lo tomó (coser la bandera) como un elemento de lucha, pero, como sea, con ese gesto dejó una marca de qué era lo que a las mujeres se nos permitía hacer en una época.

—¿Cómo debería entrar la vida de Catalina en la escuela?
Es empezar a pensar que los saberes femeninos también ocupan un lugar y no son inferiores, que también son parte de la historia. Que la historia jerarquiza, porque lo importante es lo que hizo Belgrano, no la mujer que cosió la bandera. Es decir, hacer preguntas y pensar por qué un sujeto sí y otro no. Por lo general, en el jardín de infantes se dice que Belgrano fue el creador de la bandera. Pero ¿cómo si también hay unas mujeres que se juntaron a coserla? ¿Habrá hablado con ellas? No es que en las escuelas no se sepa de la historia de Catalina, porque es una marca que cada tanto aparece, la diferencia es ponerla como protagonista. Hay unos antropólogos que dicen que hay sujetos en la historia que son antibiografiables, y que para poder hablar de ellos hay que hablar de los procesos históricos que llevan a borrarlos de la historia. Eso me parece genial ¿Por qué estas mujeres que éramos un montón y que estábamos haciendo cosas no quedamos marcadas en la historia y sí quedaron los varones? Ahí tenemos que pensar qué hizo la historia para que eso fuera así: hay una asimetría en los saberes, las cosas de varones ocupaban el lugar de la escritura, las de mujeres no.

—¿Qué otros datos biográficos de Catalina te parecen relevantes compartir?
Los que encontré, de los que puedo dar cuenta y que no son muchos. Por ejemplo, no he encontrado referencias de que ella haya tenido hijos, y a lo mejor tuvo. Por la edad que tenía, por cómo se nombra a su marido Manuel Vidal, por cómo se nombra a la familia del marido, por cómo se nombra a su preocupación porque su casa de matrimonio esté cerca de la casa de sus padres adoptivos, me dice que si hubiese tenido hijos se hubiese dicho en esos relatos. Era “grande” cuando se casó, eso la hace atípica. No he visto cartas ni diario íntimo de Catalina, pero no era común que la mujer llegara a esa edad sin casarse. Los padres de Catalina son inmigrantes vascos, llegan a este pequeño poblado y mueren. Ella queda sola con su hermano, y por eso tiene esa relación tan particular con él. Quien la va a criar, y esto es muy interesante y por eso creo que ella escribía, es la familia de Pedro Tuella, quien fue como el primer historiador de Rosario, que hace un censo y era un comerciante importante en la ciudad. Ella recibió una educación propia de una familia con un poder adquisitivo de lo más alto. Crece en esa familia. Nace aparentemente en 1788, otros dicen en 1782. Y muere en 1866, vivió casi 84 años. No encontré la fecha de su viudez, pero sí que se retira a la vida religiosa (profesa como hermana secular) en San Lorenzo y es ahí donde muere. Esta mujer fue protagonista de una Rosario que era una aldea. El gesto más extraordinario que hizo fue participar de las labores de punto de la bandera.
¡Sumate y ampliá el arco informativo! Por 500 pesos por mes recibí todos los días info destacada de Redacción Rosario por correo electrónico, y los sábados, en tu casa, el semanario El Eslabón. Para suscribirte, contactanos por Whatsapp.