En el Frente de Todos se expresaron dos visiones de las Paso y los proyectos políticos futuros del peronismo santafesino. Mirada nacional vs modelo local. Del pato rengo a la teoría del clavo.
Las desavenencias al interior del Frente de Todos (FdT)en Santa Fe, que tomaron forma en la oficialización de dos listas de precandidatos para las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (Paso) de septiembre, son la expresión de dos modos de concebir el turno electoral y, más profundamente, la construcción de un proyecto político. Mientras el gobernador Omar Perotti apuesta a alambrar la provincia emulando de alguna manera a su par cordobés, Juan Schiaretti, el ministro de Defensa Agustín Rossi dirige sus esfuerzos a nacionalizar la contienda en la que, está convencido, se va a plebiscitar la gestión del presidente Alberto Fernández. La disputa anticipa, o forma parte de, la discusión sobre la suerte del peronismo santafesino para 2023 cuando se elija gobernador, en un distrito cuya Constitución no permite la reelección consecutiva. Las dos nóminas, en definitiva, representan la escenificación de esa pelea por dirimir la supremacía sectorial en el peronismo, que volvió al poder en Santa Fe tras 12 años de gestiones del Frente Progresista como consecuencia, paradójicamente, de la unidad de sus fracciones.
Es decir que, lo que se pone en juego, es si el PJ santafesino será una expresión provincial enfocada en una mirada local o, en cambio, se integrará con sus singularidades como parte de un proyecto nacional.
Si bien el nombre elegido por Perotti para designar a su espacio propio en el justicialismo, “Hacemos Santa Fe”, remite indefectiblemente al armado del “cordobesismo” que ahora lidera Schiaretti y que ideó el fallecido José Manuel De la Sota, la pretensión de alambrar la provincia encuentra un antecedente local en una decisión idéntica adoptada por el –también fallecido- Carlos Reutemann, cuando se enfrentó al kirchnerismo. Ese proceso terminó con el ex corredor de autos como senador del macrismo.
Fractura expuesta
Si bien ambos sectores en pugna aseguran que procuraron la unidad a la hora del cierre de listas –con el deseo y la acción concreta de la Casa Rosada a través del jefe de Gabinete, Santiago Cafiero- las posiciones terminaron siendo irreductibles. Cada uno posee una narrativa sobre lo sucedido, lo cuenta a su modo y es difícil establecer con precisión por qué no se arribó a un acuerdo, si alguno fue más inflexible que otro, si a tal o cual le faltó disposición para concretar la unidad.
Las Paso están para eso, no hay razones para dramatizarlas. De hecho, las principales fuerzas políticas de la provincia van a internas, en el caso de Juntos por el Cambio con cuatro listas.
De todos modos, la disputa interna del peronismo evidenció la fractura expuesta entre dos miradas sobre la característica que tendrá –o que cada uno quiere darle- a las elecciones legislativas de medio término y acerca del futuro de la fuerza política.
La cuestión terminó de empiojarse con la decisión de Alberto Fernández de pedir las renuncias de los ministros que participan de la contienda electoral, impulsada tal vez por la determinación del gobernador bonaerense, Axel Kicillof, de hacer dimitir a su ministro de Salud, Daniel Gollán, quien buscará una banca en Diputados.
Rossi aceptó esa imposición y, como contrapartida, pidió que Perotti –que es precandidato a senador suplente de la lista que encabeza Marcelo Lewandowski- lo imite con, al menos, un pedido de licencia. Un verdadero intríngulis ya que la precandidata a senadora detrás del ministro de Defensa es la actual vicegobernadora, Alejandra Rodenas.
Al final, no
En el entorno de Rossi afirman que el “Chivo” mostró una generosa flexibilidad en la búsqueda de una lista única. Él mismo contó que bajó su precandidatura a senador –que tenía el aval de Alberto Fernández- para dejarle esa categoría a Perotti y liderar la lista de diputados.
Ese acuerdo fue rechazado. Entonces propuso que fuera Rodenas la primera candidata a diputada, pero obtuvo otro no. Finalmente se intentó negociar que una persona de ese espacio en el que confluyen La Corriente, el NES y el Movimiento Evita –pero que no fueran ni Rossi ni la vicegobernadora- encabezara la lista a la Cámara baja. Tampoco.
Bajo la idea-fuerza de un Rossi “piantavotos”, Perotti ofrecía un lugar a sus contendientes internos entre los “expectables” de la lista de Diputados. Los que podrían entrar a la Cámara. Fue muy tacaño, no hubo acuerdo.
“Me dijeron que no, que era inconveniente que yo estuviera en la boleta. Duele, pero no me enojé, y entonces propuse a Alejandra Rodenas para que encabece la boleta y me dijeron que no. Entonces, es difícil. Hice los esfuerzos porque me lo pidió el presidente”, explicó en una entrevista con el diario La Capital.
Originalmente, el gobernador pretendía que la lista de senadores la encabezara Roberto Mirabella, que ocupa ese cargo tras la renuncia suya a la Cámara alta para asumir en el Ejecutivo provincial. Proponía un hombre de su extrema confianza.
Cuentan que en las charlas previas, Perotti aceptaba que Mirabella “no mide”. ¿Por qué entonces proponía un candidato poco competitivo? Para evitar, dicen en el entorno del mandatario, los padecimientos del “pato rengo”. Sin reelección y con una compulsa de medio término que no pudiera dominar, licuaría su poder cuando aún le quedan dos años de gobierno.
En medio, el Gobierno nacional aportó lo suyo. Cafiero, en nombre de Alberto, intentó “bajar” la lista de Rossi cuando vio la dificultad de un acuerdo. Nadie le dio esa orden al ministro de Defensa, cuya organicidad con el proyecto del Frente de Todos no requiere comprobaciones.
Una narrativa difícil de corroborar cuenta que Cristina Fernández de Kirchner elogió durante un encuentro con Rossi la figura de María de los Ángeles Sacnun por su desempeño en el Senado y la del propio Chivo en la cartera de Defensa.
Un mensaje que, entienden quienes hilvanan ese relato, estaba dirigido a que repensara su decisión de jugar en la interna del Frente de Todos santafesino.
Cuesta darle veracidad, porque CFK ya “bajó” de una contienda electoral a Rossi nombrándolo ministro de Defensa en su segunda gestión para evitar que fuera candidato a diputado, lo que el designado consideró con sorna como la aplicación de la “teoría del clavo”, aquella que dice que cuando una chaveta molesta se la saca por arriba.
Finalmente, la cristinista Sacnun terminó como segunda precandidata a senadora de la lista de Perotti, que lidera el bielsista Lewandoski.
Peronismos
“El peronismo necesita este debate político que vamos a dar en estas seis semanas, que sean los adherentes del Frente de Todos quienes elijan qué modelo quieren para la provincia de Santa Fe. El gobernador está tentado por el modelo cordobés que yo no comparto. No creo que haya sido casualidad el «Hacemos Santa Fe»”, dijo Rossi.
El renunciante ministro de Defensa está convencido que sin su irrupción –acompañada de otros sectores internos- en el escenario electoral del peronismo, Perotti procuraba instalar la hegemonía de su fracción como la de “todo” el justicialismo.
El gobernador mantiene un doble juego con la Casa Rosada. Acompaña algunas políticas, pide asistencia financiera, agradece esos aportes y se diferencia cuando le cuadra como en el caso Vicentin –donde aportó la “salida Santa Fe” que al final, como la expropiación ideada por el presidente, tampoco prosperó- o como sucedió con su rechazo a la determinación de cerrar temporalmente la exportación de carnes.
Explica esos criterios no con posicionamientos políticos irreductibles o dogmáticos sino en la singularidad del diverso sistema productivo santafesino. Su relación con el kirchnerismo ha sido fluctuante. Desde Cambiemos lo vieron en algún momento como un dirigente al que podían “acercar” a sus tiendas.
Sin embargo, Perotti nunca sacó los pies del plato del peronismo, el amplio movimiento del que expresa una visión. Ostensiblemente más conservadora que la del kirchnerismo, pero tal vez de mayor anclaje electoral en el distrito. Eso se pondrá a prueba el 12 de septiembre.
El cierre de listas, entonces, no hizo más que exponer en la coyuntura ese dilema interno, que no es otra cosa que una disputa en procura de hacer prevalecer una u otra mirada sobre el destino –siempre en tensión- del partido mayoritario de la Argentina. Los peronismos realmente existentes.
Nac
El proyecto que representa Rossi en esa encrucijada apuesta, en este turno electoral, a nacionalizar las Paso. Sumar apoyo legislativo al gobierno de Alberto y Cristina, dotarlo de diputados y senadores que acompañen, desde su mirada santafesina, a un modelo nacional.
Como hizo el senador Armando Traferri cuando le aprobó en un acuerdo con Miguel Lifchitz el primer presupuesto que Perotti debía ejecutar, pero con otros métodos, Rossi le marca además la cancha al gobernador. Le recuerda, con su lista, que representa a un sector del peronismo, no a su variopinta totalidad.
“El eje político que estaba en discusión en la provincia de Santa Fe era evitar que nos roben el peronismo y se lo lleven a otro lado, reeditando un añejo proyecto reutemista”, dijo sin remilgos.
Desde su cuenta de Twitter, apostrofó: “El proyecto hegemónico del gobernador Omar Perotti recibe por nuestra decisión, de armar la lista de Santa Fe De Pie, un freno al intento de hegemonizar al peronismo de la provincia de Santa Fe”.
Rossi cuestionó, además, la estrategia electoral de su coyuntural contendiente interno.
“Que el gobernador vaya como senador suplente demuestra la falta de diseño y de amplitud. El peronismo santafesino tiene una diversidad de referentes y dirigentes. No se puede realizar una estrategia que sea solamente «lo pongo porque es mi hombre de confianza»”.
Prov
En ese juego de diferenciaciones, tras el tortuoso cierre de listas Perotti se mostró como la cara “civilizada” del Frente de Todos. “No voy a dedicar ni un minuto a contestar agravios”, dijo, y así esquivó, también, el debate político que le proponen sus contendientes.
El gobernador demarcó sus límites. Dijo que su precandidatura como senador suplente tiene por objetivo “acompañar un proyecto santafesino”, remarcando con el uso del gentilicio que sus contendientes obedecen a otro proyecto, donde lo distrital tendría menos peso.
Por eso Perotti llamó a su espacio interno en el FdT, recientemente creado, “Hacemos Santa Fe”, que pretende resaltar por un lado la gestión –el “hacer”, más despreocupado de un cómo- y a la vez fronterizar la territorialidad. Una suerte de “santafesinismo” que, como se dijo, encuentra ecos en una acción similar de Reutemann y similitudes con la experiencia de poder cordobesa inaugurada por De la Sota.
De todos modos, conviene no confundir el amague con la gambeta. Perotti no enfrenta a la Casa Rosada, de la que es aliado, con condiciones, sin dogmatismos.
Al día siguiente de que Rossi subrayara el carácter supuestamente localista que el gobernador quiere darle a las elecciones, la Gobernación distribuyó un parte de prensa titulado “se están ejecutando inversiones nacionales por más de $65.000 millones en obra pública para Santa Fe”.
Luego, el mandatario realizó un acto en la capital provincial con el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, Roberto Salvarezza, para recibir 24 horas después al titular de Educación, Nicolás Trotta.
No está dispuesto a dejarse etiquetar como un presunto “anti-K”. Tanto que las listas que armó contaron con el acuerdo de Cristina, quien dispuso a Sacnun en senadores y a la camporista Magalí Mastaler en diputados. Casi una respuesta a la pregunta de Rossi: “Cuando haya que defender a Cristina en Santa Fe, el único que va a estar seré yo. ¿O alguien cree que Perotti la va a defender?”.
Una cosa es la defensa política, otra el siempre más lábil armado de listas. Como fuera, hay que esperar el resultado de las elecciones. Los triunfos siempre cooperan para suavizar las asperezas.
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