40 años de democracia: Tiempo de reflexión. 40 años signados por un tiempo nuevo, tiempo de pensar en desafíos colectivos en una época atravesada por individualismos recalcitrantes.
Se me viene a la memoria una anécdota que se dio en el marco de la preparación de estudiantes para el ingreso a la universidad. Corría el año 1983 y las políticas diseñadas desde 1976, en materia educativa, determinaron el examen de ingreso a las universidades con la consecuente reducción del número de estudiantes por carreras, el arancelamiento de algunos trámites administrativos y una política destinada a recortar el número de universidades y la cantidad de estudiantes que podrían acceder. En síntesis, un ataque al derecho a estudiar gratuitamente en la universidad pública, que había sido establecido por el gobierno de Juan Domingo Perón en 1949.
Era un sábado por la mañana y estaba junto a otros docentes, en el Instituto de calle Córdoba y Rodríguez, dando clases de física. Algunos de ellos habían sido echados de la universidad desde el accionar del terrorismo de Estado; dictadura que llevó adelante una lamentable reestructuración social, política y económica en la Argentina. Por Córdoba y hacia el Monumento a la bandera, pasaba una caravana que trasladaba a uno de los candidatos haciendo sonar sus bocinas. Iban al cierre de campaña de las elecciones presidenciales que se hacía en Rosario.
Luego de años de terrorismo de Estado, al sentir el palpitar de algo nuevo me estremecí de alegría. El aula en el que daba clase de física ese sábado por la mañana tenía balcón a la calle y las persianas estaban cerradas hacia calle Córdoba. El aula estaba en el primer piso. Detuve la clase y se me ocurrió abrir las ventanas. Invité a los estudiantes a pararse en el balcón y les dije: “Miren por favor lo que está ocurriendo. Hace muchos años que no vivimos esta sensación. Está entrando a la ciudad uno de los candidatos que viene a hacer el cierre de campaña. Yo voy a votar por primera vez y ustedes todavía no. Es una época de esperanzas. Festejemos y aplaudamos esa caravana más allá del candidato que sea”.
Muchos años más tarde, hace dos o tres (no lo recuerdo muy bien) una persona me reconoce en la parada de ómnibus de Corrientes y Pellegrini, se me acerca y me dice: “Usted seguro no se acuerda de mí”. Lo miré y recordé su cara pero no recordaba de dónde. Y siguió: “Yo estuve en el balcón en el que usted abrió las ventanas, detuvo la clase y nos dijo «Ojalá esta democracia nos dure para siempre». Siempre me acuerdo de eso”. No puedo poner en palabras lo que sentí.
Sé que la defensa de la universidad y la educación pública es algo que no debemos negociar bajo ningún punto de vista. Como docente tengo la certeza de que la educación nos permite interrogarnos y reflexionar sobre nuestras prácticas y nuestros objetivos, la educación es un derecho humano. Cada vez que nos paramos frente al estudiantado lo hacemos desde una postura epistemológica aunque no nos demos cuenta. Que este nuevo ejercicio democrático nos consolide en la defensa de la educación pública con igualdad de oportunidades y el individualismo quede de lado.
*Profesor de física, director del Instituto Politécnico (UNR)
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