Para Recalde, la Corte falló con

La CTA celebra, la CGT discrepa y relativiza, el gobierno minimiza, Clarín siembra tempestades. Así se perfilan las reacciones al fallo de la Corte respecto de la libertad sindical. En todos los casos las actitudes son lógicas: la CTA ve una puerta abierta a su reclamo de personería gremial, la CGT ve peligrar el esquema de “unidad monolítica” que enarboló desde su nacimiento, el gobierno quiere evitar un conflicto en el frente sindical y Clarín quiere engordarlo: basta ver su título de portada de este miércoles: “Duro golpe de la Corte al poder de la CGT”. Desde la CTA Hugo Yasky dijo que ahora irán con el “as de espada” a pedir la personería de la central que nació en la época en que buena parte de la dirigencia de la CGT, con una conducción distinta a la actual, se sumaba al festín privatizador y flexibilizador con entusiasmo o por omisión.

Desde la CGT, en tanto, relativizaron las implicancias del fallo y lo cuestionaron. “No me parece tan grave”, dijo el taxista Omar Viviani, al tiempo que interpretó que “en aquellos lugares donde no hay presencia sindical, posiblemente se presente un trabajador para ser delegado”.

Y Héctor Recalde, diputado nacional y asesor legal de la central liderada por Hugo Moyano, planteó que “el fallo de la Corte se ha sobredimensionado” y que “no afecta el sistema de personería gremial”. A la vez, dijo que discrepa con “el concepto de la Corte”, al que consideró “liberal”. También sostuvo que “el riesgo del fallo es para los trabajadores” y que otro de los riesgos que se corre “es el aumento de los conflictos”.

Aunque se cuidó de cuestionarlo conceptualmente, el ministro de Trabajo Carlos Tomada se pronunció en la misma sintonía de minimización de los alcances del fallo que expusieron los dirigentes cegetistas: “El fallo refiere a dos sindicatos y afecta sólo al sector público”, consideró Tomada. Y agregó: “Se trata de un caso particular y específico y no se puede extrapolar a ninguna otra situación”, añadió.

Más allá de repercusiones y efectos en el mapa actual, el fallo reinstala un debate profundo en el ámbito sindical argentino, que dispara cuestiones que habrá que saldar con mucha capacidad de discusión y con espíritu abierto para evitar niveles de fractura que sólo redundarían en más ganancia de los pescadores de renta y explotadores de los trabajadores.

El esquema de “unidad monolítica” del movimiento obrero nació al compás de los revolucionarios cambios en las relaciones laborales que se dieron en la Argentina de la mano del peronismo entre mediados de los años 40 y 50.

En ese marco, la CGT fue correa de transmisión de políticas de bienestar desarrolladas desde el Estado y se constituyó en sostén y pata principal del proyecto político de reivindicación de los trabajadores. Después, llegaron los tiempos de un Estado ajeno y enemigo de los intereses de los trabajadores y allí fue que surgieron nuevos espacios sindicales, como la CGT de los Argentinos que maduró y accionó en los 60 y los 70, en plena resistencia a la proscripción de la identidad política de los trabajadores; y la CTA, que surgió en los 90 apuntando a ampliar la organización gremial a las legiones de desocupados para sumarlas a la pelea contra el neoliberalismo salvaje.

¿Y ahora? Desde la llegada de Néstor Kirchner al poder hasta acá: ¿El Estado sigue siendo el instrumentador de las políticas neoliberales o es otra vez el impulsor o al menos el aliado del cambio de situación de los trabajadores signado por la generación de empleo y la emblemática vuelta de las paritarias para ir mejorando los salarios?

¿Estamos ante un Estado al servicio de los grupos económicos concentrados y los dictados de las potencias occidentales o ante un Estado al menos en disputa, con fuerte incidencia de quienes bregan por una mayor democratización vía redistribución de la riqueza y con una política internacional de integración latinoamericana?

¿Cuál es el rol de las organizaciones sindicales en esta etapa? ¿Asistir al actual proceso pos neoliberalismo sólo cuidando la quintita y pensando en agrandarla o intervenir activamente en la histórica pelea por el reparto de la torta metiéndose de lleno en la disputa política para consolidar la acumulación de poder de los sectores nacionales y populares?

“Justo ahora la libertad sindical…”, reflexionó un militante sindical que supo trajinar la construcción de la CTA en los años de combate permanente al esquema neoliberal que arrancó con la dictadura y tuvo sus picos de ignominia con el menemismo y la Alianza.

Justo ahora que había habido señales de los referentes de la CGT y la CTA de marcos de unidad necesaria para contrarrestar nuevos embates patronales amparados por “la crisis”.

Justo ahora que trabajadores de una y otra central habían coincidido en la defensa del gobierno democrático y del derecho del Estado a intervenir en la economía cuando el conflicto por las retenciones móviles.

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